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Mario Monti: «Francia debe volver a ser Francia en la construcción europea»

En una entrevista con LA RAZÓN, el tecnócrata italiano advierte de que «la gran conquista política de la Historia, la UE, puede desaparecer si no hay un buen liderazgo».

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14 de mayo de 2017. 02:47h

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El ex primer ministro italiano Mario Monti (Varese, 1943) está convencido de que la Unión Europea tendrá futuro, siempre que todos se impliquen realmente en ella. Tras la victoria de Emmanuel Macron en las presidenciales francesas, Monti cree que su elección dará esperanza a todo el viejo continente gracias al compromiso que Francia tendrá en la construcción europea. En una entrevista con LA RAZÓN, defiende que los populismos representan un grave peligro, pero tiene que haber una fuerte dosis de autocrítica en los partidos tradicionales. Asegura que Francia, Italia, España y Alemania tendrán que trabajar juntos para relanzar una Unión Europea que «siempre ha ido a dos velocidades».

–¿Qué consecuencias tendrá para Europa la elección de Emmanuel Macron en Francia?

–Su elección beneficiará mucho a todos, a Francia y a Europa, porqué habrá alguien que desea empujar la Unión hacia adelante, y no destruirla. Por otro lado, creo que sería positivo porque en los últimos años, la UE ha acusado mucho la debilidad de Francia, que ha permitido que Alemania asumiera un rol, un peso y una importancia mayor de lo que a lo mejor la propia Alemania habría querido. Así pues, una Francia que vuelva a ser Francia, en la construcción europea, le beneficia a todos. Nunca he sido favorable a una alianza entre Francia, Italia y España contra Alemania, Sur contra Norte. Hay que trabajar juntos.

–¿En qué momento se encuentra hoy la UE? ¿Más cerca de la desintegración o de una refundación?

–Mis preocupaciones de fondo proceden de un problema general. Para mí, el verdadero problema radica en si nuestros sistemas políticos nacionales serán todavía capaces de sostener el proceso de integración internacional. Después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en Europa, hemos tenido una época virtuosa marcada por un proceso de democratización en aquellos países que no eran democráticos, algo que España conoce muy bien, al igual que Portugal y Grecia y, más tarde, los países del Este. Así pues, cualquier país democrático aspiraba a pertenecer a la Unión Europea. Sin embargo, dentro y fuera del viejo continente, las nuevas tendencias de las políticas nacionales, marcadas por la brevedad, la ultrasimplificación y los 140 caracteres de un «tuit» están cambiando esta tendencia. En un mundo a corto plazo, las valoraciones a largo plazo son muy difíciles. Y en este clima, la integración internacional, creadora de paz y progreso fuera y dentro de Europa, es difícil de explicar.

–¿Qué amenaza supone el populismo para el futuro de la UE?

–Es un peligro grave. Considero que hay dos tipologías de populismo, que convergen entre ellos mismos. Por un lado, el populismo «desde abajo», el que representan los movimientos políticos nacionalistas que se han desarrollado en los últimos años en casi todos los países. Por el otro, el populismo «desde arriba», que a menudo los Gobiernos ejercen para ser competitivos desde el punto de vista del consenso frente a los propios partidos populistas, siguiendo así sus mismos esquemas. ¿Un ejemplo? La forma en la que a veces hablan de Europa, achacándole todas las culpas y quitándole todo el mérito.

–Los populistas no ganaron en Austria, Países Bajos y Francia, pero han obtenido sus mejores resultados. ¿Qué deberían hacer los partidos tradicionales para recuperar el espacio?

–Tienen que hacer una gran autocrítica. Porque ha habido enormes lagunas acerca de cómo las políticas nacionales y europeas han afrontado determinados temas. Por ejemplo, el equilibrio entre integración económica y fiscal para afrontar las desigualdades en un contexto de creciente globalización. Un ejemplo exitoso, por ejemplo, ha sido la lucha contra los paraísos fiscales en el seno del G20 tras 2008. Hay que prestar atención al concepto de distribución, empleando más integración y coordinación de las políticas económicas.

–¿Qué rumbo tomará Reino Unido al completar el Brexit? ¿Cómo reaccionará la UE?

–Creo que ambos pagaremos un alto coste político, económico y social; donde las consecuencias serán más negativas para Reino Unido que para la UE. Lo cual puede ser un elemento de moderación para aquellos que utilizan la UE con fines de política interna, como hizo David Cameron, que terminó quemándose. Sin embargo, muchos temían un contagio tras el «Brexit», aunque creo que esto no ha ocurrido. Las elecciones en España, Austria y Holanda, por ejemplo, lo han confirmado. De hecho, quien ha interpretado la victoria del «No» en el referéndum constitucional italiano del pasado diciembre en clave anti europeísta, para mí, se equivoca. Sin embargo, en los sondeos de buena parte de los países de la UE, excepto en Italia, ha aumentado el deseo de quedarse en la Unión Europea y en el euro. Así pues, la ola del Brexit no ha tenido efecto. Ha prevalecido el efecto «anticuerpo», respecto al «contagio».

–¿Cree que la Unión Europea, tras el Brexit y la resistencia de los países del Este, se esté reconfigurando bajo un núcleo fuerte con Alemania, Francia, Italia y España; que pretende defender una mayor integración flexible?

–Europa, como bien sabemos, siempre ha funcionado con dos velocidades. Todas las veces se presenta como novedad, pero tanto Schengen como el euro son ejemplos de ello. En un contexto con una UE con numerosos países, y con preferencias muy heterogéneas, creo que es importante que algunos sigan hacia adelante siempre que no bloqueen el camino a los demás. No creo que haya una diferencia entre Estados fundadores y los demás. Pensemos en el papel de España como país en primera línea del europeísmo. Personalmente, yo tenía esperanzas, por ejemplo, en que otro gran país, Polonia, se sumara al grupo de Alemania, Francia, Italia y España. Sin embargo, vemos como este país tiene sus dudas.

–A propósito del Este, ¿cómo lograr la integración europea si la Europa Centro-Oriental dice no a la política de refugiados, apelando a la soberanía nacional, pero que a la vez se beneficia de los fondos de cohesión?

–Es un verdadero problema. No me refiero a las repúblicas bálticas, sino a la Europa Centro-Oriental, y no se puede seguir en fase de bloqueo debido a estos países. Cuando en el pasado se hablaba de la Europa a dos velocidades, Italia y España, temían siempre las consecuencias en detrimento del sur del continente. Ahora, sin embargo, está cada vez más claro que la mirada va hacia otra parte. Desde luego, no nos esperábamos que unos países que empujaban por entrar lo antes posible en la Unión Europea terminaran hoy por tratar Bruselas como si fuera Moscú.

–Hablemos de Italia. ¿Cree que el fracaso en el referéndum de diciembre ha frenado el impulso reformista?

–El ex primer ministro Matteo Renzi, en su primera fase, tuvo un fuerte y apreciado impulso reformista, sobre todo en el aspecto económico. Pero, para mí, ha cometido un profundo error estratégico político: dar prioridad a una reforma constitucional que, en mi opinión, no era tan importante. Sin embargo, el «No» en el referéndum constitucional no ha frenado el impulso de las reformas económicas. El problema radica en que se ha invertido mucho tiempo en crear consensos a favor del referéndum, cuando muchos italianos, favorables a las reformas de Renzi, votaron en contra aun siendo favorables a la UE.

–Aclaremos un punto: ¿Italia es europeísta?

–Tiempo atrás era uno de los países más europeístas, en parte por razón en parte por fe. Ahora esta tendencia es la contraria, debido en buena parte a las dificultades tras la crisis económica. Una crisis cuyo origen se asigna a las políticas europeas cuando, en mi opinión, radica en los errores provocados, durante décadas, por las políticas económicas nacionales bajo aquel concepto ya mencionado del populismo «desde arriba».

–El Movimiento 5 Estrellas apunta a ser la primera fuerza política en Italia. ¿Qué consecuencias puede tener?

–No lo sé, es difícil dibujar una previsión. Habrá que observar si se confirman como una clase dirigente responsable y competente. Por ahora, hay razones que invitan a tener ciertas dudas.

–Tras la llegada de Trump, parece que Alemania podría ser favorable a la idea de una defensa y seguridad común europea. ¿Qué opinión le merece? ¿Cree que podría esto proteger más del terrorismo?

–Tiene que haber una seria aceleración en materia tanto de seguridad interna como de política exterior y de defensa común. El «factor Trump», que se suma al «factor Putin», al «factor Erdogan» y a la actualidad del terrorismo. Nos encontramos en unos tiempos maduros para que la Unión Europea haga más y de forma más coordinada. Lo cual tiene efectos en términos presupuestarios.

–Hablemos del factor humano. ¿Dónde encontrar el futuro liderazgo, sólido, en el seno de la Unión Europea?

–Se suele decir que hay que tener paciencia, y que es necesario que en Europa llegue otro Mitterrand o Kohl para que ésta tenga un nuevo impulso. Yo creo que el problema no se centra tanto en las personas, porque hoy con dificultad serían elegidos; sino en las características de los sistemas políticos nacionales. Por otro lado, es sumamente necesario que los ciudadanos nos demos cuenta de que la Unión Europea, un día, podría fragmentarse o incluso dejar de existir si hay 27 líderes que, en el Consejo Europeo, siguen simplemente su propio interés político, personal, y luego nacional. Por otro lado, a veces el factor humano permite logros contradictorios. Helmut Kohl, quien defendía que el euro serviría para que la Alemania reunificada compartiera la misma moneda del resto de países de la UE, perdió las elecciones de 1998 y sin embargo pasó a la Historia. Necesitamos políticos de gran visión futura. Si no, la mayor conquista política de la Historia humana, la Unión Europea, podría desaparecer.

–¿Qué orden mundial se confirmará en los próximos años?

–Desde luego imprevisible. Antes, la previsibilidad en las políticas nacionales se consideraba un valor y eran las autoridades bancarias las que querían desatar sorpresa en los mercados. Hoy, ante fenómenos extraños como Trump, observo un deterioro de la gobernanza coordinada de la globalización y del progreso. Y en todo esto, sería grave que la Unión Europea se hundiera.

–¿Seguirá siendo la UE un ejemplo de valores liberales, democráticos y de bienestar?

–Nosotros, los principales inventores del gobierno multilateral de la globalización, lo llevamos en el ADN. Pensemos sólo en la lucha contra el cambio climático que ahora Estados Unidos quiere abandonar. Una Europa fuerte, dependiente de la voluntad de los ciudadanos y de sus Gobiernos, es hoy más que necesaria, como defensora de los valores de nuestra civilización.

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