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El difícil equilibrio del G20, que reúne liderazgos tan dispares como la anfritiona Merkel o el díscolo Erdogan, quedó perturbado por los duros enfrentamientos entre policías y radicales antiglobalización.

  • La policía recurrió de nuevo a los cañones de agua para dispersar a los manifestantes.
    La policía recurrió de nuevo a los cañones de agua para dispersar a los manifestantes. / Ap
Andrés Rojo Hamburgo.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de julio de 2017. 01:35h

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Andrés Rojo Hamburgo. 7/7/2017

La cumbre del G20 en el Hamburgo de Merkel ofreció ayer un dramático contraste con las dos anteriores entregas en la China de Xi y en la Turquía de Erdogan: las hordas de manifestantes antisistema europeos que pusieron a prueba los nervios de acero de las fuerzas del orden y que llegaron incluso a lanzar una bengala que por poco impacta contra uno de los helicópteros que continuamente sobrevuelan la ciudad portuaria. Imposible un panorama más dispar que paradisíaco destino turístico de Antalya en la Turquía de Erdogan o las fantasmagóricas calles de Hangzhu, en China, donde el Gobierno de Xi desaslojó casi completamente una ciudad de más de nueve millones de habitantes para que nada turbara las deliveraciones de los jefes de Estado y de Gobierno de las veinte primeras economías del mundo.

Pero aunque el fuego en las calles de la antigua ciudad hanseática no llegó a las refrigeradas salas del Messehallen hamburgués, las manifestaciones cumplieron en cualquier caso una sutil misión diplomática: mandar el mensaje de que la anfitriona Alemania -personificada en la afable sonrisa de la canciller Merkel permite la protesta y, en lugar de ahogarla, opta por contenerla. Suya fue durante la jornada de ayer –con las palabras y los gestos– la defensa de los valores tradicionales liberales en un mundo que ha encumbrado a los Trump, Putin y Erdogan, dirigentes que se caracterizan por estilos de gobierno de corte más autoritario. Todos los ojos estuvieron ayer fijos en el presidente estadounidense y en como e desenvolvía en un foro multinacional privilegiado como es la Cumbre de Líderes del G20. Trump –que se siente más cómodo en los encuentros bilaterales– se mostró relajado y departió afablemente con Macron, Merkel y otros líderes antes y después de la foto de familia ayer en Hamburgo.

Mientras, su esposa Melania no podía salir de su residencia por el fragor de las protestas. Y es que Hamburgo fue ayer el escaparate perfecto de en qué se ha convertido la escena internacional: mientras los líderes asistían a una cena de gala en la Elbphilarmonie –la recién estrenada sala de conciertos de la ciudad, una maravilla arquitectonica con una acústica insuperable con la que Alemania quiere proclamar su puntera industria del diseño– las calles ardían con la feroz protesta de grupos antisistema de toda europa reunidos en la ciudad portuaria.

El ministro de Justicia alemán, Heiko Mas, lamentó los incidentes de violencia que han dejado 160 agentes de las fuerzas de seguridad heridos y más de 40 manifestantes detenidos. «Las protestas pacíficas son bien recibidas. Pero estos criminales extremistas no deben estar en las calles sino en los tribunales. Los que agreden a policías e incendian coches no merecen ninguna tolerancia», dijo.

Fuentes de la policía confirmaron que se había detenido a manifestantes de extrema izquierda procedentes de Francia, Holanda y Suiza. La situación que se vivía en Hamburgo fue tal que se hizo necesario el envió de refuerzos policiales procedentes de otras ciudades de Alemani, concretamete de 200 efectivos de Badem-Württemberg, otros 200 de Mecklenburg-Vorpommern y 300 más desde Berlin. El jefe de Policía de Hamburgo explicaba que la seguridad era tan hermética en la zona de la cumbre que los violentos se disperaron por toda la ciudad, provocando una cantidad ingente de choques que ha requerido que se elevara el número de efectivos necesario en 1.000 adicionales a los 20.000 que ya estaban en la antigua ciudad hanseática. Los acttivistas antisistema forzaron su entrada en una estación de tren rompienso las puertas de hierro que la mantenien cerrada. La policía destacó en el lugar un autobús provisto de cañones de agua en la estación de Landungsbrücke. También se produjo la dentención de 22 activistas de Greenpeace que habían tratado de internarse en la zona prohibida a nado a través del río Elba.

Los manifestantes arrojaron cócteles Molotov, secciones de tubería y piedras a los efectivos de las fuerzas de seguridad. La ciudad natal de Merkel se ha convertido este fin de semana en la capital antisistema de Europa.

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