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Seis años de caos libio

  • LIBIA, DIVIDIDA entre varios bandos. Los dos principales, el GNA y el Ejército del general Hafter
    LIBIA, DIVIDIDA entre varios bandos. Los dos principales, el GNA y el Ejército del general Hafter

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26 de julio de 2017. 01:19h

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Si hay un error reciente en la historia de las intervenciones militares, ése es Libia. Hace seis años, cuando en febrero comenzó el levantamiento contra el sátrapa Muamar Gadafi, que llevaba gobernando Libia con mano de hierro durante 42 años, países como Francia, Reino Unido y Canadá se pusieron del lado de los denominados rebeldes opositores. Al mes siguiente, comenzó una operación militar amparada por la ONU y con el respaldo de la OTAN. Gadafi se lo advirtió: «O yo o el caos», y desde su muerte en octubre de 2011, eso es precisamente lo que ha reinado en Libia. Perdieron a un dictador, pero llegaron decenas, pues Occidente se olvidó de desarmar a los rebeldes y a las milicias y todos querían parte del pastel. Las facciones rivales comenzaron sus ofensivas (buscaban controlar los pozos de petróleo) y ante el vacío de poder de facto, grupos yihadistas como Ansar al Sharia fueron haciéndose fuertes y reclutando a jóvenes libios y de la vecina Túnez para extender sus tentáculos. Con la fundación del Estado Islámico en 2014, muchos de estos combatientes se pasaron al bando de Al Bagdadi, que aún hoy conserva un vasto territorio en la costa libia. La liberación del hijo de Gadafi, Saif al Islam, también promete desestabilización entre los nostálgicos.

«La comunidad internacional nos ha fallado. Siempre que veo a Mogherini [la jefa de la diplomacia europea], le digo que menos discursos y más pasar a la acción», reconoció a LA RAZÓN la jueza Naima Gebril, que es miembro de la Comisión Nacional para el Diálogo en Libia. «En 2011, bombardearon todo y después se fueron. No nos ayudaron a reconstruir el país, la Constitución y las instituciones. Nos sentimos abandonados. Tienen que apoyarnos y favorecer de verdad el diálogo. Si no, Libia se romperá en dos». Gebril, que a pesar del preocupante rumbo que está tomando el país y que «tiene mucho miedo» no echa de menos a Gadafi, explica que «hay que ser realistas, no se pasa de una dictadura a un Estado democrático de un día para otro. Hacen falta tiempo y mucha educación». Ayer el presidente francés Emmanuel Macron quiso enmendar los errores de sus antecesores que afectan directamente a la UE. Primero recibió a Al Serraj, que tiene el beneplácito de Occidente, pero no de todos los libios. Después al general Hafter, que domina cerca del 60% de Libia e importantes recursos petrolíferos. Hafter era miembro de la cúpula militar que aupó al poder a Gadafi y años después se convirtió en su opositor. «Gadafi ha regido Libia durante cuatro generaciones, por lo que muchos de los “minigadafis” aún guardan poder, armas y dinero. Y lo usan en su favor, no en el del pueblo», aseveró la jueza Gebril.

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