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Trump busca recuperar la iniciativa con una reforma fiscal

Tras el fracaso sanitario, intenta avanzar en su agenda para seducir al partido y a las bases

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Julio Valdeón Nueva York.

Tiempo de lectura 4 min.

31 de agosto de 2017. 04:53h

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Julio Valdeón Nueva York. 31/8/2017

Donald Trump viajó a Misuri para explicar su reforma fiscal delante de las cámaras. El presidente habló para el país desde la sede de Loren Cook, empresa con más de 75 años especializada en equipos de ventilación y muy vinculada al Partido Republicado estatal.

Tal y como había anticipado un funcionario de la Casa Blanca, Trump glosaría no tanto los principales trazos de su reforma como los argumentos que la justificarían. Porque, sí, el presidente insiste en la importancia de rebajar la presión a las empresas, así como en el objetivo de incentivar la contratación, pero hasta ahora nunca había dicho cómo hacerlo. Tras escucharle, sigue sin aclararlo. Eso sí, no faltaron los llamamientos dramáticos. Las frases cinceladas con el rotulador populista. «Estamos ante una oportunidad única», dijo, «una que aparece una vez en cada generación, para ofrecer una verdadera reforma tributaria a los estadounidenses que trabajan duro todos los días. Y estoy totalmente comprometido a trabajar con el Congreso».

Uno de los pocos detalles que trascendieron fue que aspira a reducir del 35% al 15% los impuestos a las grandes empresas. Su política consistiría en recuperar las tasas de crecimiento de los años cincuenta con las directrices económicas del reaganismo, que redujo a cenizas las tasas, mientras acomete los retos de la economía globalizada. Para Trump está muy claro que la apabullante reducción de los impuestos que propone multiplicará la creación de riqueza y, de paso, la generación de empleo.

Expertos como Joseph E. Stiglitz, Nobel de Economía, alertan sobre la dificultad de que la rebaja de impuestos a las grandes corporaciones beneficie al tejido económico. Entrevistado por el «New York Times», Stiglitz explicó que «no hay pruebas de que el recorte de las tasas estimule las inversiones. El crecimiento es bajo porque el crecimiento de la fuerza de trabajo es lento, y seguirá ralentizándose por las restricciones a la inmigración. No estamos invirtiendo en educación e investigación, y eso explica la baja productividad. No tiene ningún sentido creer que la bajada de impuestos impulsará el crecimiento». Envalentonado por su propia retórica, el presidente invocó los intereses nacionales por encima de las trifulcas partidistas. A fin de cuentas, ¿hay algo mejor «que permitir a los estadounidenses ganar más y crear un escenario que estimule el crecimiento real del empleo y los salarios en el país que tanto amamos?».

En realidad el mitin responde a las necesidades publicitarias de una Casa Blanca en horas bajas. Trump llegó a la presidencia tras prometer una revolución, y más de ocho meses más tarde no ha logrado sacar adelante ninguna de sus grandes propuestas. Especialmente doloroso fue el batacazo de su contrareforma al «Obamacare», empantanada por la imposibilidad de aglutinar a los congresistas y senadores de un partido dividido entre los fieles al presidente y los protectores del viejo republicanismo. Todo esto con la vista puesta en las elecciones de 2018, que renovarán buena parte de las cámaras, y que podrían suponer un durísimo revés para sus intereses. Controlan la Casa Blanca, el Senado y el Congreso y, sin embargo, parece incapaz de sacar adelante su agenda. De ahí las palabras de Trump. Y la esperanza de que tras los discursos lleguen reformas.

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