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Harry es el nuevo rey

El compromiso oficial del príncipe Harry con Meghan Markle ha restado protagonismo a la pareja formada por los duques de Cambridge. William y Kate, aunque gozan de gran popularidad en Reino Unido, podrían verse eclipsados por la naturalidad y espontaneidad del hijo pequeño del príncipe Carlos y la ya ex protagonista de «Suits»

  • El principe Harry y Meghan Markle.
    El principe Harry y Meghan Markle. / Ap

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02 de diciembre de 2017. 01:05h

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Rubén Villalba 1/12/2017

Con el reciente compromiso oficial del príncipe Harry con Meghan Markle ya son dos los binomios que pugnan por el protagonismo en Buckingham Palace. La prensa habla del «combate de las parejas principescas» con dos beligerantes a la cabeza. De una parte, el veterano «Williate» (del inglés William + Kate), formado por el príncipe Guillermo y su esposa, Kate Middleton, duques de Cambridge. De otra, el incipiente «Harryan» (Harry + Meghan), encabezado por Harry y Meghan. A la primera pareja la conocimos en 2002, cuando el adolescente más célebre de Reino Unido y la hija de unos empresarios de accesorios de fiesta se conocieron en la Universidad de Saint Andrews (Escocia). Nueve años después, cuando Kate ya había demostrado sus dotes para las «garden parties» y las cacerías reales, se dieron el «sí, quiero» con el beneplácito de la reina Isabel. El matrimonio ganaba en popularidad y la duquesa de Cambridge se convertía en una de las mujeres más influyentes de Reino Unido. En 2013, además, nacía Jorge, tercero en la línea de sucesión.

Críticas racistas

Por el contrario, la pareja formada por Harry, el príncipe díscolo de la familia Real británica, y Meghan Markle, no contó con buena aceptación. Cuando el benjamín de Diana de Gales parecía sentar la cabeza tras dos noviazgos fallidos (Cressida Bones y Chelsy Davy), tuvo que hacer frente a las críticas racistas hacia su nueva novia, de origen afroamericano. También a las vertidas contra su condición de divorciada (lo está del productor Trevor Engleson) que no acabaría de convencer a su suegro, el príncipe Carlos.Ahora, con el anuncio del compromiso, vuelven a cargar contra ella quienes aseguran que Markle no tiene relación con su hermanastra, que es actriz gracias a que a su padre le tocó la lotería o que la atormenta que sus escenas más subidas de tono circulen por webs pornográficas. Incluso la acusan de haber maquinado su próximo enlace con Harry ya que desde adolescente deseaba convertirse en «royal» a toda costa.

En el terreno estilístico, también existe una brecha entre ambas parejas. «Harryan» es la apuesta por la combinación de lo informal y el glamour. Él, con sus camisas de cuadros y polos de Invictus Games; ella, con sus vestidos brillantes y «looks» inspirados en «Sexo en Nueva York». Harry y Mehgan forman un binomio estilísticamente equilibrado, una encarnación del «yin y el yang» de la moda. Simbiosis que no alcanzan los duques de Cambridge, ya que mientras Kate es asesorada por la madre de Cara Delevingne y es icono de la moda británica, Guillermo pasa desapercibido con atuendos clásicos y lineales.

Idilio «prohibido»

«Harryan» también gana adeptos por su perfil de pareja, digno de un guión cinematográfico: el «bad boy» de la realeza británica se enamora de una atractiva actriz de series de Hollywood y juntos emprenden un idilio «prohibido» por el que nadie apuesta, pero por el que ellos luchan contra viento y marea. ¿A qué romance de la esfera monárquica recuerda? Ciertamente, al protagonizado por Rainiero de Mónaco y Grace Kelly (con la que ya comparan a Meghan). El caso de «Williate», menos ficcional, responde al ideal de pareja real. Él, el primogénito responsable y libre de los escándalos protagonizados por su hermano. Ella, una joven tímida y responsable, bien situada económicamente y alejada de los focos, virtudes que convencieron a la reina para compartir con Middleton sus pastas y té.

Es evidente que el futuro de los duques de Cambridge traerá pocos quebraderos de cabeza a su majestad. Y si el príncipe Carlos optara finalmente por el relevo generacional, no tardarán en reinar. Mientras, Harry y Meghan preparan su boda para mayo en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor. Se vaticina un enlace de perfil bajo, lejos de la multitudinaria boda de los duques de Cambridge y más parecida a la de Carlos y Camilla Parker. Tampoco se espera que sea un desfile de «royals», aunque los Obama y los Trudeau figurarían ya en la lista de invitados.

Hasta entonces, Buckingham tendrá tiempo de meditar su regalo de nupcias. De momento, todo apunta a que será la concesión del ducado de Sussex. Otros apuestan por el de Clarence. Una cosa está clara: la actriz no podrá ser referida oficialmente como «princesa Meghan» (por su condición de plebeya), sino como «princesa Enrique de Gales» o simplemente como duquesa. Entre partidarios y detractores, ¿quién se alzará con el protagonismo en Buckingham Palace? La batalla real está servida.

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