Pierre Bergé: El gran amor y algo más de Yves Saint Laurent

Pareja emblemática, estaba diseñada casi a medida. Dicen quienes les conocieron que la cabeza del «businessman» impidió que las crisis emocionales del creador, o sus problemas con el alcohol y la drogas, arrasaran con su obra

  • Yves Saint Laurent, en primer plano, y Pierre Bergé, que falleció ayer a los 86 años
    Yves Saint Laurent, en primer plano, y Pierre Bergé, que falleció ayer a los 86 años
Carlos Herranz. 

Tiempo de lectura 4 min.

09 de septiembre de 2017. 00:04h

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Decía Pierre Bergé que solo creía en la obsesión y en los obsesionados porque la creación está hecha de obsesión y de dolor. Una máxima vital que le acompañó hasta el día de su muerte, este viernes en Saint-Rémy-de-Provence, una pequeña localidad del sur de Francia cerca de Arlés a sus 86 años y tras una larga enfermedad, según ha comunicado la fundación Sidaction, de la que era presidente. La otra que presidía lleva su nombre y el de su excompañero, Yves Saint Laurent, con quien compartió medio siglo de relación y de trabajo en común. Esa obsesión que marcaba su vida impregnó todas las facetas de su poliédrica figura. Intransigente con sus ideas y duro a la hora de hacer negocios, este mecenas dotó de proyección mundial al tímido talento creador de Saint Laurent. Una pareja emblemática diseñada casi a medida. Una colaboración imprescindible entre el genio creador y la cabeza del «businessman» que permitió a YSL constituirse en una empresa sólida. Un apoyo que, según quienes conocieron a la pareja, permitió al diseñador que sus crisis emocionales no arrasaran con su obra.

La vehemencia ideológica de Bergé maridaba a la perfección con la atracción que desprendía. De esta forma logró cautivar a personalidades que él mismo admiraba, como el expresidente socialista François Mitterrand o el novelista y dramaturgo Jean Cocteau. Activo militante de la causa gay y presidente de la asociación de lucha contra el sida, Sidaction, Bergé negociaba con dureza y eficacia tanto en los negocios como a la hora de defender sus ideas de izquierdas, siempre en ámbitos rodeados de belleza y cargados de glamour. La izquierda caviar en su máxima expresión.

Bergé nació en 1930 cerca del puerto de La Rochelle, en la costa atlántica francesa, hijo único de un funcionario de Hacienda y de una institutriz. Rebelde desde joven, no llegó a terminar el bachillerato y, sin embargo, fue uno de los máximos accionistas del diario «Le Monde», paradojas del destino. Algunos de los periodistas del rotativo de referencia en Francia aún recuerdan ser el blanco de muchas de sus críticas. Como buen chico de provincias, su ambición le llevó a buscar fortuna en París, donde entró en contacto con el pintor Bernard Buffet, su primer gran amor. Años antes de conocer a Saint Laurent, Bergé ya había hecho el mismo ensayo: fue su compañero y su agente. Las ventas de los cuadros les enriquecieron y les dieron entrada en la alta sociedad. Un estatus que Bergé ya nunca abandonaría. Saint Laurent y él se conocieron en 1958, coincidiendo con el alejamiento de Buffet y tras haber coincidido, un año antes, en el entierro de Christian Dior. Ambos forman un equipo compacto que revolucionó el mundo de la moda y que expandieron más allá de la alta costura, del «prêt-à-porter» a los perfumes, hasta convertirlo en uno de los gigantes de la industria del lujo. Saint Laurent y Bergé se movían entre París, Marrakech y Normandía, donde vivían asiduamente. Pero no formalizaron su relación mediante una unión civil hasta pocos días antes del fallecimiento del diseñador. La relación no siempre fue idílica. Tres años después de su muerte, allá por 2011, Bergé no se cortó en señalar en una entrevista con el «New York Times» las «difíciles relaciones» que ambos mantuvieron a causa de los problemas con el alcohol y las drogas de YSL.

Su faceta en los medios de comunicación fue notable. Además de accionista de «Le Monde», Bergé fue el fundador de la revista gay «Têtu» y de la publicación de información internacional «Cou-
rrier International». Como activista, defendió con energía y entrega los derechos de los homosexuales, la eutanasia y se mostró escandalizado por las firmas de moda que diseñan prendas islámicas como el hijab o el burkini. «Un diseñador debe estar ahí para hacer más bellas a las mujeres, para dotarlas de libertad, no para colaborar con esta dictadura que impone ese abominable velo con el que esconden a las mujeres y que les hace vivir una vida oculta», señaló con notable y visible enfado en una de sus últimas entrevistas radiofónicas.

Bergé había financiado en los últimos años las campañas presidenciales de los últimos candidatos al Elíseo: tanto la de Segolène Royal en 2007, como la del ex presidente Hollande en 2012. El pasado enero anunció su apoyo a la candidatura de Emmanuel Macron. A su vez, planeaba inaugurar dos de los museos más completos de la historia de la moda, uno situado en París y el otro en Marrakech. Desde hace tiempo en silla de ruedas, Bergé contrajo matrimonio con el paisajista Madison Cox el pasado mes de marzo. El destino de su fortuna, evaluada en unos 180 millones de euros, es ahora la gran incógnita que deja en la tierra el férreo y obsesionado Bergé.

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