Esteban González Pons: «Mi tía Enriqueta es mucho de Mortadelo y Puigdemont»

Tiene una chupa de cuero como la de Sánchez, pero no se la pone porque ha engordado. Dice que que por fin maduró, aunque se resistió a ello, que el amor a la inglesa «siempre fue el más romántico» y cree que un juez experto en divorcios sería el mejor árbitro para el Brexit

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C.S. Macías Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

30 de agosto de 2017. 02:05h

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Desde que vive en Bruselas su «Nunca jamás» es España. Cree en la ley del péndulo, su tesoro son sus hijos, «lo único que de verdad tengo», y se siente como una pica en Flandes.

–Cuando dialoga con su otro yo en el espejo, ¿de qué hablan?

–Antes, hace años, hablábamos de chicas. Hace menos tiempo, me impresionó lo calvo que se estaba quedando. Ahora, lo miro y en mis ojos descubro los de mi padre.

–¿Y qué le dicen los ojos de su padre?

–Que por fin he madurado pese a que me resistí a ello.

–¿Europa debería contratar a un abogado matrimonialista para el Brexit?

–Quizá, más que un abogado matrimonialista, lo que Europa y Gran Bretaña necesitan es un conciliador. Ir a uno de esos centros donde las parejas que no se entienden son atendidas para que no discutan. El Brexit se parece tanto a un divorcio, que es seguro que un juez matrimonial que lleve divorcios sería el mejor árbitro.

–¿Y quién se queda con la patria potestad?

–Bueno, se van a dividir. Algunos de los ciudadanos se quedan en el continente y otros en Gran Bretaña. Lo ideal sería, para los ciudadanos que van a estar en el otro terreno, una custodia compartida.

–¿La UE descarta de su dieta el suculento desayuno inglés?

–Bueno, ellos también van a tener que renunciar a la cocina francesa, al sol español y a la cerveza alemana. Aquí de lo que se trata es de divorciarnos sin hacernos daño. El Brexit es un divorcio raro porque al mismo tiempo se negocia la separación y la relación que la pareja tendrá en el futuro, con la seguridad de que su pareja abierta deberá ser su ex.

–¿Y cómo es vivir un amor a la inglesa?

–El amor a la inglesa siempre fue el más romántico. Se lo dice un lector al que le apasiona Jane Austen.

–¿Sería necesario acudir al mago Merlín del Rey Arturo?

­­–El Rey Arturo siempre está ahí y Merlín también. Es un error que el siglo XXI queramos vivir sin la magia del VII. Hemos avanzado en muchas cosas y nos hemos olvidado de la magia, y eso se acaba pagando.

–¿Ha llegado a hablar en alguna ocasión con las hadas?

–No, por desgracia, no. Yo con ellas sí, ellas conmigo no.

­–¿Y qué les pide?

–Que existan, por favor. Y a continuación les planteo mis deseos. No se cumplen, nunca me responden. Estoy convencido de que las hadas no existen, aunque sé que cada vez que lo digo muere una.

–¿Su tía Enriqueta qué diría de Puigdemont? ¿Le confudiría con los Pokémon?

–Mí tía Enriqueta es mucho de Mortadelo y Puigdemont. Estoy convencido de que si hoy viviera no entendería que una mitad de la familia quisiera dejar de ser de ella. Si se nace González se es González por siempre. Y si se nace europeo no se puede dejar de serlo por más que Puigdemont quiera.

–El nuevo PSOE ha pasado de su camisa blanca a la chaqueta de cuero de la suerte. ¿Usted también tiene una?

–La que tengo me viene tan pequeña que me la pongo muy pocas veces. Siempre la miro y digo: debería ponerme esta chupa de cuero para parecerme a Pedro Sánchez, que es el actual modelo de belleza política. Pero ni me parezco ni me queda bien. Me está pequeña, he engordado.

–¿A usted qué le parece Frankestein?

–Me gusta mucho la literatura romántica y Frankenstein es una de las obras románticas por excelencia. El sueño de la razón produce monstruos y él es el más grande de todos.

–¿Por qué ahora todos quieren hacer política con él?

­–Porque es fácil. Frankenstein en el fondo no es más que un pastiche. Y la política de hoy es política pastiche. Estamos en el collage de la política y nos falta mucha seriedad a la hora de hacer política. Es más fácil construir un Frankenstein que afrontar los problemas por lo que son. Es más fácil debatir sobre cosas irrealizables que plantarle cara al paro.

–¿Quién sería mejor político: Superman, Drácula, Eduardo Manostijeras, Los Mosqueteros...?

–Los mosqueteros, sin ninguna duda. Son amigos, se guardan fidelidad, se respetan y se meten en las aventuras mirando la puerta de entrada y sin pensarse si existe la de salida. Un político debe meterse en los problemas mirando la puerta de entrada y sin preocuparse por si hay otra de salida. El que nada y se guarda la ropa es un político que suele ganar repetidas elecciones, pero que no sirve para nada a la sociedad.

–¿Y usted quién sería de Los Mosqueteros, Aramis, el poeta?

–A mí me gustaría ser D’Artagnan. Pero me temo que todos tenemos el corazón roto como Athos, una fe dudosa como la de Aramis y la tendencia a engordar de Porthos, que tenía los brazos como los muslos de cualquier hombre.

–¿Qué encerraría en una cápsula del tiempo?

­ –Si pudiera, a mí, para ver cómo es el futuro. Dado que no puedo encerrarme a mí, veo que no vale la pena conservar nada, es mejor que las cosas transcurran hasta el final. El destino de todo es acabarse y nada que no sea yo mismo para mí merece evitar ese destino.

–¿Tiene algún diario como el de su bisabuelo?

–Uno, pero desgraciadamente no es como el de mi bisabuelo. En las pasadas Navidades mis tíos descubrieron el diario amoroso de mi bisabuelo en el que contaba cómo cortejó a mi bisabuela y las dudas que ella tenía. Nosotros sabemos que ella, al mismo tiempo, tenía otro novio y que al morir mi abuelo ese hombre se presentó en casa para acompañarla los últimos años. Una historia indéntica a la de «El amor en los tiempos del cólera».

–Considera que el ministro principal de Gibraltar parece español. ¿En qué lo nota?

–Picardo es español y se nota que lo es. En lo que más lo parece es en que no quiere serlo.

–Dice que las vacas miran con indiferencia el Brexit. ¿Y los monos de Gibraltar?

–Los monos de Gibraltar siempre serán europeos como las vacas irlandesas o como los zorros ingleses. Lo que puede es que dejen de estar en la UE. Pero si el mono de Gibraltar quiere ser de la UE y acogerse a un programa Erasmus sabe que el camino es a través de España, que seguirá siendo socio comunitario cuando Gran Bretaña se marche.

–¿Cuánto vale un «like» en su Instagram?

–La vida entera. Ahí es donde se juega de verdad uno su prestigio personal. Me parece perdonable lo que se haga por conseguir un like. Sé que hay que gente que incluso paga por ello.

–El suelo marciano posee un cóctel tóxico bactericida que provoca que no haya vida en Marte. ¿Eso le desilusiona?

–Bueno, es que a lo mejor lo que aún no ha descubierto la ciencia es que los marcianos somos nosotros y esa será la sorpresa histórica. Iremos a Marte y un día el ser humano va a expandirse a otros planetas y ese suelo bactericida lo que ha impedido es que no vaya nadie antes que nosotros. Pero con la raza humana no acaba ni el suelo de Marte ni nada.

–Un concejo escocés ofrece trabajo en una casa donde se producen fenómenos paranormales. Si deja Bruselas, ¿lo contempla como opción?

–Me daría miedo, pero es el tipo de reto al que me enfrentaría. No es que crea en los fantasmas, pero sí que existe un mundo lírico o poético más allá del mundo material al que nos estamos aferrando ahora mismo.

–¿Le dan miedo los drones?

– Me gustaría que me dieran miedo los dragones, pero le tengo más miedo a los drones porque la gente los conduce con demasiada alegría. El otro día uno a punto estuvo de afeitarme los cuatro pelos que me quedan en la cabeza.

–¿Qué día elegiría para el Día del móvil?

­–No, creo que sería maravilloso tener un día en el planeta en el que no tuviéramos que comunicarnos con móvil y volver a citarnos con notas, a comunicarnos con el lenguaje del abanico o decirnos los secretos a la cara. Si alguna vez pinto algo, propondré el día sin móvil y el de la recuperación de las palabras sin WhatsApp.

–¿Cuando se queda sin wifi, es más Robinson urbano o ermitaño?

­–Cuando me quedo sin wifi soy una fiera y es mejor no acercarse a mí. Es el peor castigo que le puede ocurrir a alguien porque no tienes correo, ni relación con el mundo exterior, no puedes ver películas, ni leer porque los tengo ambos en la nube. Es como si estuviera castigado en el cuarto oscuro.

–¿Qué hay en el sótano de Europa?

–Hay muchos recuerdos, algunos entrañables y otros abominables. En el sótano de Europa están encerrados los peores monstruos que la historia ha sido capaz de producir.

–¿A qué le suena esa melodía que tararean en Valencia para liderar el PP de la región?

–Las biografías no tienen marcha atrás. Yo ya pasé por la política valenciana y ahora creo que estoy cumpliendo un papel en Europa. Cuesta mucho poner una pica en Flandes. Y cuando enviamos un político a Bruselas y conseguimos después de unos años que se asiente y tenga predicamento es un error devolverlo a España. Por más que eche de menos mi país, creo que soy una pica en Flandes, que ha costado ponerme y que lo que debería hacer es intentar sacar el mayor partido posible de la posición que he podido ganar.

–¿En Bruselas se habla de amor?

–A mí Bruselas me ha cogido mayor, pero me parece una ciudad perfecta para vivir un amor internacional. De hecho, se calcula que hay un millón de niños nacidos de las parejas Erasmus. Es el homo europeus que habla de nacimiento por lo menos en dos idiomas. Así que el Erasmus se puede considerar también como un promotor de la natalidad, un programa del amor.

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