lunes, 05 diciembre 2016
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Descubriendo “Un día de lluvia en Madrid”

  • La obra, de Enrique Martínez Cubells, se expone en el Museo Carmen Thyssen de Málaga

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“Un día de lluvia en Madrid”, de Enrique Martínez Cubells. Año 1902
“Un día de lluvia en Madrid”, de Enrique Martínez Cubells. Año 1902

Para un espectador del siglo XXI, esta escena muestra un pasado lejano e incluso desconocido, un momento en que convivían en las ciudades los primeros transportes públicos y colectivos modernos con los coches de caballos heredados de los siglos anteriores y que pronto caerían en desuso. Sin embargo, para los anónimos protagonistas de este lienzo del pintor madrileño Enrique Martínez Cubells, que cruzan la Puerta del Sol de Madrid en un día lluvioso y desapacible de 1902, ésta era una imagen de lo que presagiaba el futuro, de la imparable transformación urbana de la capital, cuyos regidores ansiaban convertir en una ciudad europea y cosmopolita. Así, el conde de Romanones, alcalde de la ciudad entre 1894-1895 y 1897-1899, puso en marcha, el 3 de octubre de 1898, la primera línea de tranvías eléctricos, que unía Sol con la calle Serrano, y cuyos vagones vemos en el lienzo circulando por la Puerta de Sol.

La vida urbana bullía en el centro de esta ciudad deseosa de modernización, entre transeúntes y medios de transporte que confluyen y se entrecruzan en una escena vibrante y dinámica, cuya instantaneidad resalta el pintor al detenerse en los efectos atmosféricos: los reflejos en las superficies mojadas, la sensación de humedad y frío y la luz tenue y grisácea. Es una de las dos versiones sobre el mismo tema que pintó el artista: ésta del Museo Carmen Thyssen de Málaga y otra, la del Museo de Historia de Madrid.

En los primeros años del siglo XX, Martínez Cubells viajó por diversos países europeos y su pintura se caracterizaba entonces por una pincelada ligera y la preferencia por la luz grisácea de los nublados cielos del norte. En estos años, los temas urbanos son también sus predilectos, que aborda con un naturalismo distinto al de las luminosas escenas levantinas de Joaquín Sorolla y otros contemporáneos; incluso cuando trate temas valencianos, buscará una luz más taciturna y marcados claroscuros, frente a la explosión colorista de los llamados “sorollistas”.

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