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La discusión «duró pocos minutos» y «se hizo el silencio»

La defensa del acusado pedirá la nulidad de la prueba de ADN

  • El acusado, Francisco Javier Medina, a su llegada a la Audiencia Provincial
    El acusado, Francisco Javier Medina, a su llegada a la Audiencia Provincial
L. R. A.  Huelva.

Tiempo de lectura 2 min.

14 de septiembre de 2017. 20:20h

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Uno de los vecinos de la casa de Almonte (Huelva), de nacionalidad ecuatoriana, donde aparecieron muertos una niña de ocho años y su padre el 29 de abril de 2013 aseguró que mientras estaba en la azotea de su vivienda, contigua a la misma, poco antes de las 22:00 horas del 27 de abril, cuando murieron, escuchó voces de dos hombres que «parecían del pueblo» en «una discusión que duró sobre un minuto y después se hizo el silencio». Por su parte, la defensa anunció durante el juicio que, en el momento pertinente, pedirá la nulidad de la prueba de ADN hallado en tres toallas de la vivienda, donde aparecieron los cadáveres, y que contenía restos de los residentes en la casa y del acusado, al considerar que ha podido romperse la cadena de custodia. Hasta ahora, la defensa hablaba de una posible transferencia de ADN en las toallas a causa de las relaciones sexuales entre el acusado y la esposa y madre de las víctimas.

Durante su declaración ante el tribunal del jurado en la sexta sesión del juicio en la Sección Primera de la Audiencia de Huelva, este vecino detalló que vivía en esa casa con sus padres y su hermana, pero que no conocía a las víctimas de nada, «ni de vista», ni tampoco a Marianela, mujer y madre de los fallecidos. Preguntado por los hechos de la noche del 27 de abril, indicó que sobre las 21:45 horas se encontraba en la azotea del edificio escuchando música y hablando por teléfono con una amiga cuando empezó a escuchar «ruidos» procedentes de la vivienda. «Parecía una discusión familiar y que esas personas se conocían», sin poder recordar expresiones que sí refirió cuando declaró ante el juzgado de La Palma del Condado, tipo «gilipollas, vete de aquí», «me tienes harto» y «estoy cansado». «Escuché como una discusión entre dos personas, dos hombres españoles», insistió, remitiéndose a las declaraciones en el juzgado de La Palma, donde concretó que ambos «tenían acento almonteño», cosa que ayer no recordaba por el tiempo transcurrido, ni que tampoco escuchara la voz de una niña. También escuchó golpes y que cuando éstos finalizaron «se hizo el silencio» y ya no echó más cuenta, al considerar que era «una discusión familiar dentro de una casa», indicando además que tampoco contó nada a su familia. Un amigo y compañero de trabajo de Miguel Ángel señaló que estuvo en la casa esa noche, hasta las 21:40 aproximadamente, justo antes de que terminara un partido de fútbol y que minutos antes llegó la niña. Otros compañeros del supermercado insistieron en los «celos» del acusado y en que «tenía anulada» a Marianela.

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