Barcelona

El último rastro del primer cinturón

A la izquierda, los operarios trabajan en la última etapa de la ronda del general Mitre, mientras en Lesseps los vecinos esperan a que tapen el pozo de obra de la L9.
A la izquierda, los operarios trabajan en la última etapa de la ronda del general Mitre, mientras en Lesseps los vecinos esperan a que tapen el pozo de obra de la L9.larazon

Si un transeúnte recorre el cinturón de Barcelona, es decir, la ronda del Mig, bajo cualquiera de sus nomenclaturas, desde, pongamos, la plaza Cerdà hasta la calle Escorial, tendrá ocasión de observar el urbanismo barcelonés de los últimos cincuenta años. Desde el desarrollismo del tardofranquismo, pasando por el lavado de cara de los Juegos Olímpicos, hasta llegar al urbanismo minimalista de esta última época. A fin de cuentas, se trata de una de las principales arterias de Barcelona y ha vivido en sus entrañas la evolución de la propia ciudad. Con una excepción. El tramo comprendido entre la plaza Lesseps y Escorial no ha variado ni un ápice. Conserva el espíritu original de una avenida pensada para el coche en la que el peatón es un elemento incómodo a orillar. Esta anomalía, sin embargo, para alegría de los vecinos, está a punto de ser subsanada. En septiembre comienzan las obras

Así las cosas, para los vecinos del primer tramo del cinturón, a partir de la plaza Cerdà, los Juegos Olímpicos supusieron un cambio radical en la fisionomía de su barrio. Se soterró la ronda y se urbanizó la superficie para crear de la nada una especie de rambla. De hecho, hay quien dice que es el túnel urbano más largo de Europa. Desde la plaza de Maria Cristina hasta Lesseps, más de lo mismo. Con mayor o menor premura, los sucesivos gobiernos municipales han ido arreglando el cinturón, hasta el punto enterrar, literalmente, el puente de la calle Muntaner. Y todo con el estilo inconfundible de la Barcelona actual: aceras más anchas, poca vegetación, árboles que tardarán décadas en dar sombra y mucho cemento. Aun así, el cambio para los vecinos es notable. En la plaza Lesseps, sin embargo, la evolución urbanística se desvanece por completo y lo único que queda en este tramo, hasta la calle escorial, es uno de los últimos restos de la Barcelona de Porcioles. De cuando el cinturón era una suerte de autopista urbana con viaducto incluido. Del viaducto ya no queda ni rastro. Este tramo de la avenida, travessera de Dalt, en cambio, conserva en los laterales incluso los pasos subterráneos que en su momento se utilizaban para no entorpecer el tráfico. Un vestigio de otra época que desentona con el urbanismo habitual de la ciudad.

Durante el último lustro, la excusa para no arreglar esta calle era el metro. Bajo su subsuelo tiene que discurrir algún día la línea 9, lo que obligaría a urbanizar la zona y adaptarla, por tanto, a los tiempos que corren. Ante la evidencia de que igual pasa una década, o más, para ver la línea 9 funcionando, el gobierno de Xavier Trias ya comenzó los trámites de las obras que, por fin, comenzarán el mes que viene.

Las obras

El Ayuntamiento invertirá 12,6 millones en la modernización de la travessera de Dalt con el objetivo de convertir la vía en un espacio más amable para los peatones. Las obras, reivindicadas desde hace tiempo por los vecinos del distrito de Gràcia, durarán un año y medio. El último tramo de la ronda del Mig pendiente de renovar –la última remodelación se hizo entre Balmes y Mandri– comenzará a tomar una nueva forma a partir de este otoño. Las obras consistirán en la ampliación de las aceras (hasta 5,60 m) y la reducción de cuatro a tres carriles de circulación. También se renovará la señalización de la vía y el mobiliario urbano: se instalarán nuevos bancos, papeleras y alumbrado de lámparas LED, además de una nueva red de recogida neumática de residuos que conectará con la central situada en la plaza de Lesseps.

El objetivo es aumentar el espacio para pasear y también para el transporte público, por lo que la velocidad máxima se fijará en 50 km / h, se aumentarán los pasos de peatones, el carril bus ganará anchura (hasta 3,2 metros) y se instalará una media con árboles para separar los dos carriles de circulación. El proyecto es el resultado del trabajo conjunto realizado entre técnicos y vecinos del distrito de Gràcia desde 2013.