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Complutense: Excavar por amor al arte

Un grupo de arqueólogos y estudiantes dedica, sin apoyo económico, su verano a desenterrar los restos de la Guerra Civil que permanecen ocultos en el suelo de Ciudad Universitaria.

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    / Ruben Mondelo
Pablo Blanco.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de agosto de 2017. 01:01h

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Pablo Blanco.  Madrid. 13/8/2017

Entre noviembre de 1936 y febrero de 1937 miles de españoles, republicanos y franquistas, se enfrentaron en la batalla de la Ciudad Universitaria, puerta de entrada a la ciudad de Madrid. A lo largo de tres meses de combates encarnizados y casi dos años de frente estable, los ejércitos construyeron trincheras y fortificaciones, dispararon cientos de miles de balas y proyectiles y miles de hombres murieron. 81 años después del comienzo de la batalla un grupo de arqueólogos y estudiantes, españoles y extranjeros, dedica parte de su verano a localizar las trincheras y los lugares de descanso de la tropa, desempolvando así un legado que forma parte de la historia contemporánea de la capital. Pero lejos de querer ahondar en la profundidad del conflicto o sacar conclusiones demasiado formales, las excavaciones van encaminadas a conocer un poco más de la vida de esos combatientes en su día a día.

«El objetivo de nuestras excavaciones es arrojar luz sobre los combates y la vida cotidiana en el frente», explica Carlos Marín, uno de los técnicos de la excavación, situada a espaldas del Hospital Clínico. Una labor que deben realizar con escasos recursos. No tienen el apoyo económico de ninguna institución y la mayoría de los 25 trabajadores de la excavación son estudiantes que no cobran. De estos, siete son estadounidenses que financian su viaje y estancia para venir a excavar a España. Y, curiosamente, es de las aportaciones de los pupilos americanos de donde sale la mayoría del presupuesto. En total cuentan con 18.000 euros, la mayoría de los cuales se van en pagar el alojamiento.

A pesar de lo exiguo de los fondos, son suficientes para «realizar una buena labor», recalcan. Además, la Administración les ha facilitado la labor: el propietario de los terrenos, la Universidad Complutense, no les ha puesto ningún problema para excavar y la Dirección General de Patrimonio les ha facilitado los permisos. «Solo tenemos buenas palabras para ellos», sentencia el director de las excavaciones.

La zona en la que han pasado el mes de julio excavando está situada entre el Museo de América y el Clínico. Hoy en día es un agradable parque, pero durante el conflicto fratricida fue uno de los frentes más duros. «Este área es una de las más castigadas de Madrid en la guerra y el frente de Ciudad Universitaria es uno de los más cercanos porque entre las posiciones republicanas y las franquistas sólo hay 100 metros de distancia», señala Marín. Alfredo González-Ruibal, el director de la excavación, amplia las razones que les han llevado a tomar pico y pala para arrojar luz sobre la zona. «Es un sitio icónico de la guerra civil, el Clínico es la zona más profunda de la penetración de los sublevados en Madrid. Además, a los pies del hospital se produce la rendición de la ciudad y por tanto es un sitio cargado de significado y, sin embargo, muy olvidado».

Los arqueólogos huyen de polémicas partidistas y tratan de comprender cómo era la vida de los soldados de los dos bandos. Por eso, los dos veranos anteriores excavaron las trincheras republicanas de la zona de Puerta de Hierro y ahora se afanan en el asilo de Santa Cristina, una construcción que sirvió de refugio y cantina a los soldados del bando franquista que trataban de conquistar la capital republicana. El objetivo, subraya González-Ruibal, es «conocer la experiencia diaria de esta gente, cómo era su vida aquí, qué hacían y cómo ocupaban el tiempo». En definitiva, «profundizar en el lado humano del conflicto». El arqueólogo explica que, por ahora, ya saben que «bebían anís y jerez y que estaban muy bien alimentados al ser unidades de choque». También han encontrado «insignias de la Falange y elementos religiosos que nos permiten comprender y aclarar las creencias de la gente que combatió aquí». Por el momento, la labor de los excavadores no desembocará en un museo o una exposición porque, como señala Marín, «no hay ningún plan de conservación de estructuras». «Sólo las documentamos y las tapamos para sellar el estrato e impedir filtraciones», remacha el técnico, no sin antes subrayar que «Madrid es esencial para comprender la Guerra Civil».

El Gobierno de la Comunidad de Madrid, consciente de esto, tiene en marcha un Plan Regional de Fortificaciones de la Guerra Civil. Una herramienta de documentación y conservación que la importancia de las ruinas del conflicto bélico que asoló España durante tres largos años merecen. Para desarrollarlo, la Dirección General de Patrimonio, dirigida por Paloma Sobrini, reunió a una comisión de expertos en el tema –entre los que está González-Ruibal–, y a los alcaldes de los municipios con fortines del conflicto. Y es que los ayuntamientos son los encargados de elaborar un listado de las fortificaciones presentes en sus términos municipales. Una tarea que, como señaló el Director de la Oficina de Cultura de la Comunidad, Jaime de los Santos, está aún en pañales: «Actualmente hay una ausencia de un inventario serio», explica. En la sesión del pasado 19 de junio en la Asamblea de Madrid, De los Santos incidió en la necesidad de «identificar y documentar la totalidad de las fortificaciones de la Guerra Civil porque sus características arquitectónicas son muy endebles». Como adelanto de los frutos de este plan, todavía en fase de desarrollo, la ruta del Frente del Agua (un paseo de 12 kilómetros en el que hay 16 posiciones militares y que es llamado así por la pugna por hacerse con el control de los embalses del río Lozoya que abastecían a la capital) se ha incorporado al listado de Rutas Arqueológicas de la Comunidad.

Una vez esté establecido el Catálogo, el objetivo de la Comunidad es «crear un paquete turístico para que todos puedan disfrutar de esta parte de la historia».

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