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Profesor Neira: 2.583 días de calvario

El profesor que defendió a una víctima de violencia de género murió ayer a los 62 años. En su última entrevista denunciaba: «Aguirre no ha cumplido su palabra»

  • El pasado 1 de agosto Jesús Neira concedía a LA RAZÓN la que fue su última entrevista
    El pasado 1 de agosto Jesús Neira concedía a LA RAZÓN la que fue su última entrevista
Albert Castillón.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

29 de agosto de 2015. 16:08h

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Jesús Neira no quiere coronas de flores. Dejó dicho a su familia que le daban mal fario como buen granadino. Falleció a las 11:45 del día de ayer en el mismo hospital, Puerta de Hierro, que le negó hacerse un TAC cuando sufrió la agresión de Antonio Puerta. El profesor se fue con la pena de saber que Esperanza Aguirre le había mentido. Le prometió una indemnización por la supuesta negligencia médica de la que fue víctima en tres hospitales de Madrid a cambio de que retirara su demanda penal. Así lo hizo, pero ella no cumplió su palabra. Enfermo física y psíquicamente, Jesús Neira se nos fue con 62 años cobrando una pensión de 600 euros al mes y sin poder trabajar. En su casa de Las Rozas, en Madrid, de vez en cuando cogía alguno de sus libros escritos por él, los leía y se ponía a llorar porque era incapaz de entender lo que él mismo escribió hace tan sólo unos años. Los constantes derrames cerebrales produjeron un deterioro que le han llevado a la muerte.

«Nunca pedí ser un héroe», dijo Neira. Durante los meses que estuvo en coma tras la agresión de Antonio Puerta y la posterior negligencia médica los medios de comunicación hicieron de él lo que no era, un símbolo contra el maltrato de las mujeres. La entonces presidenta de la Comunidad de Madrid se aprovechó de esa ola de heroicidad y cuando salió del coma le nombró presidente del Consejo Asesor del Observatorio regional contra la Violencia de Género. Nunca cobró por pertenecer a él, sólo unas pocas dietas por cada reunión. El observatorio nunca tuvo presupuesto, jamás pudieron hacer nada de lo que se proponía porque no tenía más efecto que el mediático: aprovecharse Esperanza Aguirre de una figura pública para su propio beneficio. Su viuda, Isabel Cepeda, asegura que Jesús tuvo una vida de perros y tras su denuncia, publicada en LA RAZÓN en su última entrevista el pasado 1 de agosto, la primera que daba Neira en cinco años, dice que nadie movió ficha, nadie reaccionó. No recibieron llamada alguna para arreglar la injusticia. «Mucha medalla, mucha historia y no cumplen con su palabra», decía el profesor hace menos de un mes a este periódico. Él era un hombre de honor. Su palabra era norma y creyó que la clase política también tenía palabra. Jesús, en su época de periodista, escritor, conferenciante y profesor universitario, fue siempre un hombre fuerte en sus convicciones y en sus ideas; verse debilitado por la enfermedad le hacía sufrir, no podía hacer todo lo que él más amaba, que era leer y escribir. En una ocasión me dijo: «He aprendido estos últimos años lo frágil que es la naturaleza humana». Nunca perdió la esperanza de mejorar su estado de salud.

Entre sus amigos cabe resaltar a Luis del Olmo, con el que trabajó de tertuliano en «Protagonistas», y a Javier Gómez de Liaño, que terminó siendo su abogado defensor en el litigio contra la Comunidad de Madrid y testigo de todos los pactos incumplidos. «La clase política utilizó en su propio interés a Jesús Neira», asegura Gómez de Liaño a este periódico.

La última vez que le vi fue a finales de julio. Quedamos en un restaurante cercano a su casa donde siempre comíamos juntos y apareció la sombra del profesor que yo conocía. Débil, abatido y sin apenas poder caminar, nos cambiamos de mesa para que el recorrido hasta la silla no fuera tan largo. Tenía dificultad hasta para usar tenedor y cuchillo por sí solo. Era absolutamente dependiente de una máquina de oxígeno, de un andador para poder moverse, ya que el nervio ciático le había paralizado la pierna derecha, y sobrevivía gracias al cariño de su esposa, que tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida el pasado viernes, cuando los médicos le informaron de que ya no existía conexión cerebral y había que quitarle la respiración asistida.

A lo largo de su vida Jesús Neira ha estado casi dos años de hospital en hospital. A los 17 años ya fue operado del corazón, a los 34 se le implantó una válvula mitral metálica y la agresión de Puerta en 2008 sólo hizo precipitar una salud precaria golpeada por las supuestas negligencias médicas cometidas entonces. Ese día Neira acudió al servicio de urgencias del Hospital Puerta de Hierro y le mandaron a casa sin hacerle un TAC, tal y como indica el protocolo de la Comunidad de Madrid. A los dos días de la agresión volvió de nuevo al citado centro debido a su mal estado y de nuevo le mandan a casa sin esa prueba, y al día siguiente se presenta en el Hospital de Móstoles, donde, de nuevo, no le hacen prueba alguna a pesar de explicar su situación coronaria y de que tomaba medicación anticoagulante. El dolor fue a más y, al quinto día de la agresión, Neira amanecía en coma. Si el primer día le hubiesen hecho un TAC, esta prueba habría detectado la presencia de hematomas cerebrales.

Sus males no le hicieron cambiar su forma de ser. Neira era un hombre tremendamente religioso, hizo un funeral por el hombre que le había agredido después de que éste falleciese de sobredosis e invitó a la familia de Antonio Puerta al funeral, aunque no asistieron. La mujer a la que él defendió de una agresión en 2008, Violeta Santander, jamás le dio las gracias. Tras pasearse por los platós de televisión defendiendo a su novio maltratador ingresó en un centro psiquiátrico hace unos años y nunca más ha vuelto a salir a la luz pública.

Mientras, la salud del profesor se iba haciendo cada vez más frágil. Jesús olvidaba los acontecimientos restantes, los derrames cerebrales dañaban su memoria, no recordaba lo que había hecho el día anterior, pero sin embargo sabía describir con sumo detalle todo lo que ocurrió en aquel año 2008 cuando se detuvo a tomar un refresco con su hijo en un hotel y observó que un hombre golpeaba con el puño a una mujer. «Hoy volvería a intervenir y a hacer lo mismo. Nunca había visto pegar una mujer. No podía permitirlo», dijo en su día.

Segun cuenta Isabel Cepeda a LA RAZÓN, el legado que le gustaría que quedara de Jesús es resolver la injusticia que se ha hecho con él. Cuando esto se publique serán los funerales a las 12:30 en el cementerio de Las Rozas y no será incinerado por expreso deseo de la familia. Reposará con un rosario en sus manos que han traído expresamente de Tierra Santa. Jesús Neira, que era un hombre inteligente y cultivaba el buen humor, le dijo a su mujer hace unos meses: «Antes de que me enterréis aseguraos de que esté muerto. Hacedme un encefalograma, que con la mala suerte que tengo sólo faltaría eso».

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