jueves, 23 marzo 2017
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Columnistas

Dios entre nosotros

Cuando llevan ante Jesús a la mujer sorprendida en adulterio, Jesús evita el castigo que le espera recordando a quienes se disponen a matarla los malos actos que ellos mismos han cometido (Jn 7:53-8:11). Luego, cuando levanta la vista y constata que la mujer se ha quedado sola delante de Él, le dice que se vaya, que no peque más, que Él tampoco la condena. Con esta indicación, Jesús se ha colocado al nivel de los demás participantes en la escena, al nivel del ser humano, por tanto. No tendría por qué ser así. Jesús, a diferencia de los demás, no ha cometido ninguna mala acción y está por tanto en condiciones de juzgar a la mujer. La auténtica condición de Jesús, sin embargo, se revela de otra forma: no en el juicio, sino en el hecho de no practicar la prerrogativa que es la suya para asumir...

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