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John Wayne Airport

Tiempo de lectura 2 min.

19 de mayo de 2017. 21:04h

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César Vidal 19/5/2017

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A escasa distancia de San Diego, en medio del Orange County, hay un aeropuerto de nombre bien peculiar porque está dedicado al actor John Wayne. Que Wayne sigue fascinando a los norteamericanos que lo ven como un paradigma de su cultura no admite la menor duda. De hecho, se publican revistas monográficas sobre él a la vez que se comercializan con su imagen tazas, rifles y pistolas. Es para celebrar ese recuerdo porque hoy no podría filmarse la mayoría del cine de Wayne. Una legión de feminazis impediría que se rodara «El hombre tranquilo» a pesar de ser una obra maestra porque consideraría que defiende la violencia machista. «Centauros del desierto» resultaría intolerable porque un héroe no puede ser racista y mucho menos cruzar Texas en busca de una mujer. «Arenas de Iwo Jima» o «Boinas verdes» serían contempladas como manifestaciones insoportables del imperialismo yanqui. «El Álamo» – a pesar de sus líneas memorables sobre la libertad, la república y la valentía de los mexicanos– sería vilipendiado como una señal innegable de que Estados Unidos piensa intervenir en la Venezuela que el chavismo ha arruinado en todos los sentidos. Por supuesto, la trilogía de la caballería sería vista con profundo desprecio por ensalzar los valores militares de una sociedad. Todo ello por no hablar de «El hombre que mató a Liberty Valance», de «Valor de ley», de «El gran Jack» o de «Río Bravo», todas ellas insoportables manifestaciones del heteropatriarcado. Pero ¿cómo se pudieron dirigir películas en que las mujeres eran buenas, dulces, sacrificadas y heroicas en lugar de ir repartiendo mamporros y discursos feministas? ¿Cómo pudo ser que no apareciera ningún gay en ellas o siquiera un musulmán extendiendo su cultura por Europa? Sin duda, la filmografía de John Wayne sería totalmente imposible a día de hoy. Pero eso pondría de manifiesto una realidad que él mismo anunció hace mucho, mucho tiempo, la de que el cine había pasado de ser una parte de la solución del problema a convertirse en parte esencial del problema. ¡Pobre Wayne! Si viviera hoy, no tendría trabajo y además sería acosado por la policía del pensamiento que pulula por cualquier barrio de nuestra sociedad para lincharlo en Twitter o Facebook en cuanto que pareciera que se desmandaba de la inquisición de la ideología de género. Dan ganas, desde luego, de montarse a caballo y marcharse al oeste.

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