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Malvados

Tiempo de lectura 2 min.

31 de agosto de 2017. 04:03h

Comentada
Rosetta Forner 31/8/2017

El maltrato existe. Las apariencias, a veces, engañan. Que una pareja parezca modélica y sea un infierno, es más bastante habitual de lo que creemos. Hay hombres que pegan e incluso asesinan a sus parejas. Quizá algunos asuman que son maltratadores y sanen su disfuncionalidad. Empero, hasta que lo hagan, puede pasar tanto tiempo que ella acabe antes criando malvas. Por eso he escrito libros para liberar a la mujer de los efectos de la «diadema floja» (auto desempoderamiento femenino) –el que más vidas «ha salvado» es «La reina que dio calabazas...» (RBA)– y enseñarla a cuidar de sí misma. ¿Qué les pasa a esas mujeres que no se largan de una relación en la que son maltratadas? ¿Acaso le dan más importancia al seguir en pareja que en cuidar de sí mismas? ¿Acaso desconocen las señales de alarma? Muchas «normalizan» los malos tratos –ya sean psicológicos o físicos–. ¿Por qué? Cuando se tiene la autoestima desestructurada, las alarmas fallan, se disculpa a la pareja y el dejarle crea más desasosiego que el seguir con él.

El amor no duele, no insulta, no hiere. Del menosprecio al bofetón, o incluso al asesinato, a veces, sólo hay una mala palabra. El mejor antídoto «antimalostratos» es amarse.

La mujer, que practica el «soy lo mejor que me ha pasado», conoce y está atenta a las señales de alarma, establece los innegociables en una relación. Mujer, si te maltratan, tómate «cuarto y mitad de dignidad», denuncia y lárgate antes de que sea tarde.

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