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Pasotismo

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01 de diciembre de 2016. 22:10h

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Para hablar de su nueva política educativa, el ministro del ramo ha insistido en que con él ha llegado el momento de que deje de haber una ley educativa cada vez que hay nuevo gobierno. Se ha lanzado incluso a hablar –mal, como siempre– de la historia constitucional de nuestro país. En cuanto a lo primero, valdría la pena no olvidar que aparte del breve período de la LOMCE, en los cuarenta años de democracia no ha habido más leyes educativas que las promulgadas por la izquierda. En cuanto al otro lugar común, el de los cambios constitucionales, tampoco estaría de más recordar la Constitución de 1876, que duró hasta 1923, o la de 1845, que duró más de veinte años.

No era necesario nada de esto para explicar y justificar la retirada de la ley Wert. Que esta tenía muchos fallos es evidente. Que presentaba también grandes virtudes, tampoco es de dudar. Estaban sobre todo en el capítulo de la evaluación, el acceso a la FP, en el peso del Bachillerato, en las competencias de los cargos directivos, en particular del director, por ejemplo.

Y nadie se ha engañado nunca acerca de la raíz ideológica y política de la oposición frontal a la LOMCE. Era una ley que abría la puerta a una enseñanza de calidad, con el acento puesto en el esfuerzo. Algo que la izquierda, que lidera en esto la opinión pública y el sector educativo público, no va a consentir. Por encima de cualquier cosa, lo importante sigue siendo el título.

La nueva situación política, sin mayoría absoluta de ningún partido, requería por tanto que se cambiara la norma. Partimos otra vez de cero, después de que la oposición paralizara la LOMCE sin esperar a un nuevo pacto educativo. Lo de menos, en este punto, es la calidad de la educación. Lo de más, la batalla ideológica. En el peor de los casos, se va a seguir profundizando en un sistema que lleva a cualquier familia que pueda hacerlo a optar por la enseñanza concertada o, en su caso, la privada. ¿Que así aumenta y se consolida la desigualdad? Bah, lo que importa es la nueva política. Y evitar confrontaciones estériles, claro. (En esto, el Ministro y el gobierno hacen bien. No se puede luchar contra el pasotismo acoplado a la militancia.)

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