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Variopinta oposición

Tiempo de lectura 2 min.

18 de octubre de 2016. 02:27h

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Abel Hernández 18/10/2016

La legislatura, si al final se pone en marcha con la investidura de Mariano Rajoy, se presenta complicada. Lo previsible es que sea además breve. En general se piensa que, como mucho, tendrá carrete para un par de años. Al PP le habría convenido repetir las elecciones en diciembre. Habría arrasado, según todos los sondeos, sacando casi veinte puntos de ventaja al siguiente competidor, previsiblemente Podemos. Pero en este caso parece que va a primar el interés general sobre el partidista. Es una prueba de decencia política y sentido de la responsabilidad, y conviene subrayarlo ante tanta crítica desaforada y atolondrada contra la derecha democrática. La izquierda habría aprovechado la ocasión para llevarse el gato al agua en diciembre. Con menos de 140 diputados seguros a favor, el nuevo Gobierno va a estar en precario y será sometido a un marcaje implacable. Se sucederán las comisiones de investigación, arreciarán las críticas en las sesiones plenarias y la variopinta oposición tratará de modificar las grandes reformas de la pasada legislatura: educativa, laboral y de seguridad ciudadana, sobre todo. Tratarán de darle a todo la vuelta. O sea, la oposición tratará de gobernar desde el Parlamento.

Esto, de entrada, sea cual sea el resultado del forcejeo en cada punto, obligará al Gobierno a gobernar de otra manera: procurando dialogar, aprovechando la geometría variable del hemiciclo y pactando con unos y con otros cada medida, con humildad. Rajoy confía en que en las grandes cuestiones de Estado –posición ante Europa, cuestión catalana, lucha contra el terrorismo...– contará con el apoyo, todo lo matizado que se quiera, del PSOE y de Ciudadanos. En lo demás, la larga lista de medidas pactadas con C’s puede ser una buena base para esta nueva etapa de gobierno, mucho más abierta. Pero desde el mismo día de la investidura asistiremos a una crítica despiadada de todos contra el PP para recuperar posiciones ante sus respectivos electorados. Y, en el caso de las izquierdas, para demostrar quién lleva la batuta en la oposición. Es verdad que ni Podemos ni el PSOE están para tirar cohetes; pero por eso mismo serán menos condescendientes. Algunos ya sueñan con la moción de censura. No podrá ser antes de un año, y Rajoy, si se siente acosado y maniatado, puede adelantarse, disolver las Cortes y apelar de nuevo al electorado. Esta es su arma secreta. Sabe que la gente valora la seriedad y el sentido de la responsabilidad y castiga la frivolidad política.

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