jueves, 29 junio 2017
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Religión

Un histórico encuentro a pequeña escala

  • Un sacerdote católico y otro ortodoxo ruso conversan, reunidos por LA RAZÓN, sobre la cita entre el Papa y el Patriarca en La Habana

Manuel Barrios y Andrey Kodorchkin, ayer, en la sede de la Conferencia Episcopal Española
Manuel Barrios y Andrey Kodorchkin, ayer, en la sede de la Conferencia Episcopal Española

Hoy es un día histórico. A las 20 horas de nuestro país, el Papa Francisco aterrizará en La Habana –pequeña escala antes de su visita apostólica a México– para reunirse con el patriarca ortodoxo ruso Kirill, en un encuentro sin precedentes que puede ser, nada más y nada menos, que el primer paso para que ambas confesiones alcancen una unidad rota por el Cisma de 1054. Allí, en el Nuevo Mundo, lejos de la Europa que se partió hace un millar de años, se producirá un abrazo que sellará su compromiso con los cristianos perseguidos y con la paz. Un gesto al que añadirán la firma de una declaración conjunta.

En España, estos gestos y colaboración que ahora propician los líderes de estas confesiones cristianas llevan produciéndose años. Así lo confirman Manuel Barrios, director del Secretariado de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, y Andrey Kordochkin, arciprestre de la parroquia ortodoxa rusa Santa María Magdalena de Madrid, que ayer reunió LA RAZÓN en Madrid para abordar la importancia del encuentro entre Francisco y Kirill. En la sede de Conferencia Episcopal, donde nos citamos, empieza un encuentro como el que tendrá lugar hoy en La Habana. Más pequeño, pero encuentro al fin y al cabo.

Manuel y Andrey tienen la ventaja de que ya se conocen; llevan colaborando juntos cuatro años. Coinciden en que la reunión entre Kirill y Francisco es un «primer contacto» y «un paso muy importante», aunque entre católicos y ortodoxos todavía hay problemas que resolver. Kordochkin insiste en ello al referirse al documento que firmarán a la conclusión de su encuentro: «La declaración no va a ser una forma de cerrar la reunión. Con ella se abre una página nueva en las relaciones entre ambas confesiones, pues no va a ser un mero evento protocolario. De hecho, espero que los frutos sean abundantes». Por su parte, Manuel Barrios cree que el texto que compartirán Francisco y Kirill propondrá un camino «para superar las diferencias, hará referencia a temas teológicos y a la situación del mundo, con especial énfasis en la cuestión de la persecución a los cristianos y al laicismo beligerante que intenta excluir a la religión».

Aunque colateralmente, el encuentro también tendrá un componente geopolítico. En la conversación, Barrios cita la guerra en Siria, el conflicto ucraniano o el deshielo en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, e insiste en el drama de los cristianos perseguidos. Andrey Kordochkin cree que es importante que se haya elegido La Habana como el lugar para el encuentro, pues está lejos de la Europa que tiene «el peso de la Historia», mientras que Cuba «es una hoja limpia». «Reunirse en el nuevo mundo es recordar, también, que cuando hablamos de cultura cristiana no estamos hablando exclusivamente de cultura europea», añade.

Las relaciones entre la Iglesia católica y la ortodoxa en España son buenas, aunque los dos sacerdotes reconocen resistencias en sus propias filas. «Intentamos mantener relaciones fluidas, ayudarnos y conversar cuando necesitemos alguna cosa», explica Barrios. Kordochkin confirma esta buena sintonía y pone de relieve los esfuerzos que realiza para que las relaciones sean óptimas. «Las dificultades entre las personas se producen básicamente por falta de contacto, de confianza y transparencia. Por eso, desde que estoy en España siempre me he presentado a los obispos católicos y a los sacerdotes. De hecho, los primeros que visitaron la nuestro templo de Madrid fueron curas católicos».

La conversación concluye con la posibilidad de que un Papa viaje a Moscú y un Patriarca ruso a Roma. Mientras caminamos hacia la puerta, católico y ortodoxo siguen charlando. En la puerta se despiden y se citan para comer. Es la normalidad del día a día.

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