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«Levanta la cabeza, desgraciado, y mira a mi madre»

En la primera sesión del juicio contra Sergio Morate, acusado de los asesinatos de Marina Okarinska y Laura del Hoyo, los testigos relataron los malos tratos a los que sometía a su ex novia: «Le llegó a decir que si le dejaba contrataría a alguien y la liquidaría»

  • Sergio Morate, en el juicio por el asesinato de su ex pareja Marina Okarynska y la amiga de ésta, Laura del Hoyo/ Javier Fernández-Largo
    Sergio Morate, en el juicio por el asesinato de su ex pareja Marina Okarynska y la amiga de ésta, Laura del Hoyo/ Javier Fernández-Largo / Javier Fernández-Largo
Belén Tobalina Cuenca.

Tiempo de lectura 8 min.

24 de octubre de 2017. 00:36h

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Belén Tobalina Cuenca. 23/10/2017

Sergio Morate, acusado de asesinar a Marina Okarinska, su ex novia, y a la amiga de ésta, Laura del Hoyo, el 6 de agosto de 2015 en Cuenca, llegó ayer a la Audiencia Provincial un par de minutos antes de las 09:30. Nada más salir del furgón, una docena de personas, entre ellas varios jóvenes con camisetas en las que se leía «Pido a gritos desde el cielo que se haga justicia con el asesino», se abalanzaron hacia él a grito de: «asesino», «hijo de puta», «criminal», mientras los agentes intentaban contenerlos. Iba con un chándal, pantalón negro y sudadera con capucha gris. Aparentemente más entrado en kilos, Sergio Morate se ha mantenido durante prácticamente todo el juicio con las manos entrelazadas y gran parte del tiempo mirando al suelo.

La vista arrancaba con la solicitud de su abogado, José Javier Gómez Cavero, de que se procediera al aislamiento del jurado y de hacer el juicio a puerta cerrada, sin la presencia de medios de comunicación. Algo en lo que se manifestaron en contra el resto de partes, así como el propio jurado popular. Acto seguido, el Ministerio Fiscal solicitó para Morate la pena de 25 años de prisión por el asesinato de Marina, al tenerse en cuenta dos agravantes, de superioridad y género, y otros 23 por el crimen de Laura, así como 510.000 euros en total de indemnización. Los abogados de las familias de las jóvenes asesinadas elevaron la petición de pena a 31 años y tres meses por el asesinato de Marina y 25 por el de Laura. Además, pidieron su destierro de Cuenca durante 41 años y tres meses, así como la prohibición de cualquier tipo de comunicación con las familias durante ese mismo espacio temporal. En cambio, la Defensa solicitó la absolución total de su cliente porque, asegura, no hay pruebas.

Después fue el turno para la declaración de Morate, que se negó a declarar, acogiéndose a su derecho de no responder ninguna pregunta ni siquiera las de su abogado. A continuación, empezaron las declaraciones de los testigos. Durante la mañana de ayer y hasta casi las 16 horas, declaró la familia de Marina. Quizá la más significativa fue la de la hermana de Marina, Alina, que, sin necesidad de traductor y antes de empezar a responder a las preguntas que le iba a hacer Fiscalía, le espetó a Morate: «Levanta la cabeza desgraciado y mira a mi madre». Tras explicar que conocía a Morate porque estuvo cuatro años con su hermana, explicó que «los problemas de pareja comenzaron en febrero. Mi hermana me contaba que Sergio era muy celoso y que vigilaba su teléfono. No estaban bien. Si ella salía con amigas él le preguntaba que con quién». «Eso no era una pareja, era una pesadilla», subrayó, para acto seguido explicar que su hermana «se sentía observada, vigilada. No salían a cenar, ni al cine porque él no quería y si salía mi hermana él le controlaba cada paso». «Si mi hermana venía a mi casa Sergio la llamaba tres veces de forma reiterada, la llamaba constantemente», explicó.

Tanto control empezó a agobiar a Marina, hasta que en febrero de 2015 decidió dejar a Morate. Es en esta época cuando Marina aprovecha y se va a Ucrania con su madre. Al regresar «tenía temor cada vez Sergio le llamaba», aseguró ayer su hermana, que explicó que Morate se fue a Ucrania a buscarla y que, aunque ella no le vio pegarla, hay personas que así se lo hicieron saber y que Marina tuvo que dejar, al menos en dos ocasiones, su trabajo porque a Sergio no le gustaba.

Explicó que incluso le vigilaba las redes sociales y que si mantenía una conversación con una amiga en ucraniano, Morate usaba el Google traductor para saber cada detalle de Marina.

Alina detalló el día que se produjeron los asesinatos, el 6 de agosto. Marina aún tenía pertenencias en el piso de Morate y ese día decidió pasar a buscarlas. No sin antes avisar a su amiga Laura por si podía acompañarla y ella accedió. Cuando llegaron al domicilio de Morate, presuntamente éste, según defienden Fiscalía y acusación, procedió a cerrar desde el interior la puerta con llave, asegurándose así de que las jóvenes no pudieran salir del inmueble. Una vez cerrada la puerta, el acusado propinó a Marina de forma inesperada un fuerte golpe en la cabeza, y quedó semiinconsciente y sin posibilidad alguna de defensa. Morate aprovechó presuntamente para colocarle una brida de plástico alrededor del cuello hasta acabar con su vida. Después fue hacia Laura, que intentó, en vano, salir del piso. El acusado le propinó un fuerte puñetazo en el pómulo y la agarró del cuello hasta que la asfixió. Ambas muertes se produjeron entre las 17:30 y las 18:00 horas. Después el presunto asesio trasladó los cuerpos al municipio próximo de Palomera, lugar que conocía bien, y los semienterró cubriéndolos con cal.

La madre de Marina, Olga, explicó que el día de los hechos fue a casa de Morate y coincidió con su madre. «Me abrazó llorando», dijo. «No sé por qué me abrazaba. La madre de Sergio estaba muy nerviosa, no habló, me abrazó y sólo lloraba».

Cuando le tocó el turno al hermano del presunto asesino, Óscar Morate, vía telefónica, se negó a responder a las preguntas, tampoco a las del abogado de la Defensa, siguiendo la misma estrategia que Sergio.

A continuación fue el turno de María, madre de Laura, que explicó que su hija le dijo que se iba cinco minutos «a tomar algo con Marina». El abogado de la defensa no le hizo preguntas, lo que se repitió con todos los familiares de Laura. Al concluir, la madre de la joven asesinada, dijo que «quería pedir un favor. Si me dan un minuto para ponerme delante y verle la cara (a Morate)». Otro duro momento fue cuando una de las hermanas de Laura, Sonia, testificó y hasta en cuatro ocasiones dijo el nombre de Sergio Morate Garcés con voz fuerte. Al acabar su testimonio, como ya lo hiciera su madre, le espetó antes de sentarse «asesino, qué valor...».

Caundo le tocó el turno a Bárbara, la amiga de Marina, declaró haberla grabado meses antes de su muerte porque temía por su vida. «Marina se sentía controlada por Sergio, la perseguía hasta cuando venía a mi casa. Volvía siempre con Sergio porque en una discusión él la agarró del cuello y le dio una patada en los huevos y desde entonces siempre le decía que si tenía cáncer de testículos era por aquel golpe. Además a ella le daba pena por la madre de Sergio». Y añadió que las amenazas eran constantes: «La llegó a decir que si la dejaba contrataría a alguien, algún rumano o quien sea, pagaría dinero y la liquidaba».

Quien fuera la jefa de Marina en el restaurante en el que trabaja en el Casco Histórico de Cuenca, María Luisa, también dio fe en el juicio de los malos tratos constantes que sufría su empleada. Su relato fue uno de los más escalofriantes de la jornada, pues aseguró que Marina redactó «un documento» para que éste «no se fuera de rositas» si le pasaba algo. «Lo que más me sorprendió es que una persona de 22 años tenga que hacer un testamento por si le pasaba algo», testificó.

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