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La tecnología seca los ojos

El síndrome de ojo seco se ha convertido en una de las causas más frecuentes de consulta oftalmológica. Sus efectos son picores, escozores y una visión borrosa.

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Raúl Salgado. 

Tiempo de lectura 4 min.

30 de diciembre de 2017. 01:13h

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Raúl Salgado.  30/12/2017

Carlota tiene 37 años. Se levanta, cada mañana, a las 7:30 horas. Tras lavarse la cara y prepararse el café enciende su tablet, desde la que lee las principales noticias del día. Después de acicalarse para ir a trabajar coge el metro, donde va leyendo en el ebook durante unos 40 minutos. Llega a la oficina en torno a las 9 horas y enciende el ordenador, del que no se despega hasta las 18:30 horas, excepto la hora y media de la comida en la que suele contestar a todos los whatsapp y consultar las notificaciones de Facebook. El camino de vuelta a casa también lo hace absorta en la pantalla, sin levantar la mirada.

Desde hace unos meses sufre picores, escozores y molestias en los ojos. Por ello, decidió acudir al oftalmólogo, quien le dijo que tenía los ojos secos, una patología que se ha convertido en una de las causas más frecuentes de consulta oftalmológica y representa una creciente preocupación de salud pública por el impacto que produce el progresivo aumento del uso de pantallas en el rendimiento de trabajadores y alumnos.

Aunque la difícil caracterización de este síndrome impide determinar con exactitud su incidencia, se estima que puede afectar a entre un 11% y un 33% de la población, incrementándose con la edad y siendo más frecuente en mujeres. Guillermo Gosalbez, del departamento Médico de Laboratorios Quinton, explica que esta cifra puede superar el 40% cuando se trata de población mayor de 70 años, por sus características epidemiológicas. Y añade que dado el malestar que genera, «el síndrome de ojo seco se puede considerar como un grave problema de salud, pudiendo reducir considerablemente la calidad de vida».

No es que los smartphones, tablets y ordenadores sequen los ojos, sino que la actividad visual relacionada con el uso de pantallas produce una alteración en la dinámica de la lágrima y, por ende, aparecen síntomas de sequedad ocular y cansancio visual. Begoña Ortiz de Zárate, especialista en Superficie Ocular y responsable de la Unidad de Diagnóstico de Innova Ocular IOA Madrid sostiene que esto se debe, fundamentalmente, a una disminución en la frecuencia del parpadeo cuando miramos una pantalla, lo que aumenta la evaporación de la lágrima y facilita la aparición de áreas de desecación y desprotección de la superficie de la córnea y la conjuntiva.

Las consecuencias más importantes, especifica Ortiz de Zárate, son los picores, el escozor, la sensación de lagrimeo, el enrojecimiento ocular y la percepción de arenilla o cuerpo extraño. Y, por otra parte, la repercusión en la calidad visual, produciendo visión inestable y borrosa.

Tratamiento

El tratamiento de esta enfermedad no ofrece grandes expectativas, ya que los diferentes factores que motivan su aparición, lo que se conoce como etiología, no tienen un tratamiento satisfactorio en la mayoría de los casos. Sin embargo, Gosalbez revela que existen cinco alternativas para intervenir y manejar el síndrome.

La primera es el tratamiento etiológico, es decir, el tratamiento de la causa u origen de la enfermedad. En muchas ocasiones, el origen del ojo seco es un síndrome de Sjögren primario, una enfermedad sistémica que se caracteriza por la destrucción de las glándulas exocrinas, responsables de secretar algunas sustancias que van dirigidas a una parte del organismo, como las glándulas lacrimales que producen la lágrima.

No obstante, la aparición del ojo seco también puede ser la consecuencia de un síndrome de Sjögren secundario a otra enfermedad, o ser originada por procesos infecciosos, déficits neurológicos, déficits nutricionales, edad avanzada e incluso por un efecto secundario derivado del uso de algunos fármacos. En cualquier caso, el experto de Laboratorios Quinton detalla que la primera opción terapéutica siempre consiste en intervenir en la raíz del problema y que cuando esto no funciona existen otras posibilidades utilizadas para reducir el impacto de los síntomas.

Para ello se utilizan sustitutos de lágrima, como algunas soluciones artificiales o naturales –como el agua de mar isotónica microfiltrada en frío– que disminuyen el impacto provocado por la falta de lágrimas. Asimismo, otras estrategias terapéuticas van dirigidas a la conservación de las lágrimas producidas de forma natural o a estimular su producción mediante sustancias con mecanismos farmacológicos.

Finalmente, puntualiza, existen estrategias focalizadas en el control de algunas características del ambiente, como por ejemplo implementando la moderación en el uso de la calefacción y el aire acondicionado, evitando los lugares cargados de humo y reduciendo el uso de aparatos con pantallas que puedan agravar el cuadro clínico.

PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

La enfermedad de los ojos secos podría convertirse en un problema de salud pública. De hecho, su incidencia aumenta con el envejecimiento de la población y los consecuentes cambios de hábito de vida. Ortiz de Zárate remarca que el incremento progresivo de la prevalencia de ojo seco junto con el aumento también progresivo del uso durante horas de ordenadores ha disparado la aparición de síntomas relacionados con su utilización, lo que está teniendo serias consecuencias en la calidad de vida de los trabajadores, con una disminución del rendimiento laboral y de su productividad, entrando en una espiral que puede acabar en cuadros de ansiedad y depresión.

La especialista de Innova Ocular IOA Madrid asegura que hay que educar al paciente en el conocimiento de que ésta es una patología crónica, multifactorial, que no se cura, pero que se puede controlar, y que para ello es fundamental contar con su colaboración, constancia y comprensión del problema. «No existe la gota mágica», sentencia.

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