jueves, 20 julio 2017
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Temple de el Fandi con un gran Jandilla

  • Al granadino y a Padilla se les niega el trofeo solicitado por el público.

El Fandi con el quinto toro de la tarde, ayer, en la Maestranza de Sevilla
El Fandi con el quinto toro de la tarde, ayer, en la Maestranza de Sevilla

Sevilla. Décima de abono. Se lidiaron toros de Jandilla y dos de Vegahermosa, 2º y 4º. 1º, rajado pero de buen juego; 2º, manejable y a menos; 3º, de media arrancada y deslucido; 4º, noble y de buen juego; 5º, de honda y entregada arrancada, buen toro; 6º, punto tardo, de calidad pero a menos. Tres cuartos de entrada.

Juan José Padilla, de azul marino y oro, estocada trasera, descabello (vuelta al ruedo); estocada caída (vuelta al ruedo).

El Fandi, de azul marino y oro, buena estocada (saludos); estocada caída (vuelta al ruedo)

Manuel Escribano, de azul y oro, estocada punto caída (silencio); estocada (saludos).

Parte médico de El Fandi: Herida en la rodilla derecha de 6 cms. Pronóstico menos grave.

A portagayola se fue de nuevo Manuel Escribano. Antes aún de que cruzara la arena, la mente ya divisaba esos pies incontrolados de movimiento en los segundos previos que debe ser lo más cercano a una eternidad ahí abajo. Sufrimiento del bueno.

El silencio en esos instantes se respira, te hunde, te deshace, hasta que sale el toro y toma la línea recta del capote: ¡salvados! A seis manos protagonizaron el tercio de banderillas. Los tres toreros, Fandi, Padilla y Manuel. El espectáculo estaba asegurado y las carreras para cortarse el toro entre uno y otro también. Ya había ocurrido en el toro anterior, fue El Fandi el que sacó a sus dos compañeros a parear y nos quedamos algo contrariados. Padilla, que abrió plaza, invitó sólo a Escribano (suponemos que por el histórico de El Fandi que no suele compartir) y el granadino echó el resto después con barra libre de banderillas. Quedaron saldadas las cuentas. Escribano brindó al público y ahí, en el centro del ruedo, comenzó la faena con un pase cambiado por la espalda al que el Jandilla acudió veloz. Duraron poco las emociones. Media arrancada tuvo el toro, punto por dentro, sin querer viajar del todo y sin transmitir lo que en verdad pasaba. El sevillano buscó las vueltas por ambos pitones y entró a matar. Por suerte, sin las vueltas y revueltas de las que nos habíamos hartados en los toros anteriores en ese intento de torear en redondo. O algo así. A portagayola se fue también Padilla en el cuarto. Arrestos para irse para allá, más larga cambiada. Tres sumó y el remate rodilla en tierra también y de pronto, la Sevilla silenciosa de la que una está enamorada, se convertía en jolgorio. Entró al quite Fandi por lopecinas y replicó Padilla con un par de faroles. Hizo las paces con Fandi sacándole a parear, ya ellos dos solos, en este cuarto. Cerraban el círculo de la multitud. Noble a rabiar fue el toro, sin humillar demasiado pero sin plantear grandes enigmas y con la codicia de volver al engaño para seguir. Buen toro. Padilla sumó un buen puñado de pases, por ambos lados, ligados y a mil. Y con una estocada baja remató aquello. Era como un torbellino todo lo que ocurría en el ruedo. La estocada se le fue abajo pero le pidieron la oreja; la presidenta no cedió y hubo bronca. La primera. Está bien mantener la categoría de la plaza siempre y cuando sea igual cada tarde y hay muchas orejas que no recordaremos jamás. Y, sobre todo, la primera es del público. Padilla se las había visto con un primero rajado. Tuvo la virtud Padilla de retenerlo en la muleta y el toro correspondía con buenas arrancadas. A partir de ahí, muchos pases, poco latir. Eso sí, el público, el que vino ayer a la plaza, que cada día respira Sevilla de una manera, le adora.

Fandi toreó bonito a la verónica al cuarto. Muy suave y con mucho temple. Había sido lo más reposado de la tarde de largo. Y quedaba más. Quiso empezar faena de rodillas y el toro no le permitió fallos, le cogió y le hirió en la rodilla derecha. A partir de ahí, vimos al torero serio y centrado con las arrancadas de un toro que descolgaba una barbaridad la cara y repetía con mucha profundidad. Gran toro. Fandi, en su estilo, quiso embarcar al animal con más reposo y anduvo más medido. Solvente y serio, pero extraordinario el toro... La estocada fue abajo y el trofeo se lo negaron de arriba. Estaba el público caliente, a él pertenecía conceder la oreja. Mucho más liviana fue la faena de Fandi al segundo, muy manejable y a menos.

Escribano se fue otra vez a la puerta de toriles para cerrar la tarde. El toro tenía mucha calidad pero fue tardo, muy tardo, y a menos. En nada acabó la historia. Tarde difícil de digerir. En los matices vive el toreo. Y muere. La corrida de Jandilla tuvo muchas cosas buenas.

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