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Román: «La gente se sorprende cuando me ve sonreír en el patio de cuadrillas»

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    Imagen de archivo de Román

Tiempo de lectura 8 min.

20 de julio de 2017. 20:09h

Comentada
Jesús Rubio Madrid. 20/7/2017

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Contra las indicaciones de los doctores, Román lo tiene claro: «Voy a torear este domingo en Valencia». Un toro de «cebada» le propinó un fuerte pitonazo en el pecho que le volteó de manera espeluznante al entrar a matar a su primero en Pamplona. Una oreja que premió al valor. Desmesurado en ocasiones. Como el que derrochó al salir a matar a su segundo en la capital navarra ante la negativa también de los galenos por el fuerte traumatismo que presentaba. «La tarde no podía acabar ahí. Tenía que seguir. Y así lo hice. No me arrepiento», contesta. Cortó una oreja en las pasadas Fallas. Su tierra lo espera con ganas. Y los de «Cuadri». Será en la última del abono de la Feria de Julio, junto a Rafaelillo y Alberto Gómez.

- ¿Cómo se encuentra tras el percance?

- Fui al médico hace unos días porque estuve con bastantes vómitos y vértigos. Me recetó unas pastillas y ya me encuentro bastante mejor.

- ¿No le ha recomendado reposo?

- Según el médico debería estar entre 20 y 25 días de reposo. Pero... voy a torear. He tomado la decisión y me vestiré de luces el domingo.

- ¿Es tan necesario en su situación llegar a esos extremos de volver a la cara del toro tan pronto?

- Necesario no es, pero el cuerpo te lo pide.

- En Pamplona también se negó a ser ingresado para matar a su segundo.

- Allí sí que es verdad que no podía torear. No debía. Pero, somos toreros y hay veces que hay que hacer un esfuerzo sobrenatural y hacer frente a todo. Pamplona se lo merecía.

- ¿Qué balance hace de su paso por la Feria del Toro?

- Creo que ha sido positivo. Obviamente uno quiere más. No se conforma con poco. Aunque el haber cortado una oreja a un «cebada» no es nada fácil, pero la puerta grande se quedó a un paso. Quizá, si me hubiese funcionado el descabello en el sexto la hubiera abierto.

- ¿Y de la temporada en general? ¿Está satisfecho?

- Me han faltado muchas orejas que cortar, pero estoy contento por como está saliendo la primera parte de esta temporada. La espada se me ha atravesado. Me ha fallado muchas tardes y he perdido muchos trofeos.

- ¿Estamos viendo al Román que quiere ofrecernos?

- Totalmente. Yo siempre he buscado crecer como torero y ese crecimiento se está notando. Al final es lo realmente importante, que se vea esa evolución tarde tras tarde por el público. Yo noto que la gente no se cansa de verme. Me ve y tiene ganas de volver.

- Valencia, toros de Cuadri, su tierra... ¿Cómo afronta el compromiso de este domingo?

- Con mucha ilusión de torear en mi plaza, y ojalá salga todo bien.

- Nada que ver con la corrida de Victoriano del Río que toreó en Fallas y cortó una oreja.

- Son corridas diferentes. Los toros de Cuadri son muy exigentes y todo lo que se les haga tiene un enorme mérito. Igual que el anunciarme con esta corrida. Y si además tengo un triunfo todavía mejor.

- Ha toreado en Valencia, Zaragoza, Madrid y Pamplona. Todas de primera categoría. ¿Solo va a estar presente en el circuito mayor?

- Es de donde me están llamando para que toree. El 90% de esta temporada lo estoy haciendo en esas plazas. En otras de menor categoría o no me han llamado o no hemos llegado a un acuerdo. Pero estoy feliz de poder torear en las capitales porque es donde uno quiere estar principalmente. El problema de las plazas de segunda o tercera categoría es que se confeccionan ferias tan cortas que sólo tienen cabida los toreros de arriba. Es muy difícil meter cabeza en ellas.

- Difícil conseguir un sitio en el toreo.

- Muy difícil. Esta profesión nunca ha sido fácil. Y por eso también es tan bonita, por la dificultad y dureza que conlleva.

- Realmente, cuando empezó, ¿era consciente de esa dureza?

- Nunca lo eres del todo. Conforme pasan los años aún es más difícil todavía. Eres más consciente de todo lo que te rodea.

- ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?

- Mi vida sin el toro no tendría sentido. Yo precisamente lo doy todo cada tarde. Incluso el día entero lo dedico casi a él.

- ¿Realmente vale la pena todo el sacrificio?

- Esa pregunta me la he formulado muchas veces. Y al final, siempre llegas a la conclusión de que sí. Que hay momentos muy duros, muy amargos... pero luego, cuando lo pasas bien, no te cambias por nadie.

- ¿Cómo es Román como persona?

- Muy transparente. Me considero una persona bastante normal, cotidiana. Que le gusta ir al cine, al teatro, salir de fiesta, emborracharse... Si que es verdad que tengo un objetivo en mi vida, el de llegar a lo más alto en el toreo, pero es un objetivo como el que puede tener cualquiera en su profesión. Todo requiere sacrificio y dedicación. No por ser torero soy más normal o un ser diferente.

- Es extrovertido, dicharachero, hablador, ¿podemos decir que es el torero de los nuevos tiempos, que rompe con lo tradicional?

- Tampoco me considero así. Soy amigo de otros toreros y la gran mayoría son como yo, les gusta hacer las mismas cosas que a mí. Si que es verdad que luego sale el toro y se pasa mucho miedo. La gente se sorprende cuando me ven sonreír en el patio de caballos. No me nace estar serio. Cuando disfruto, lo demuestro.

- ¿Qué tiene que pasar para que se enfade?

- Que se cometa una injusticia. Es lo que peor me sienta.

- En una sociedad donde las alternativas de ocio son innumerables y con una infinidad de carreras universitarias, ¿cómo decide ser torero?

- Desde pequeño quise serlo. O bombero. El riesgo me ha llamado siempre la atención. Cuando me operaron de apendicitis recuerdo que me dijeron: «Tú imagínate que eres un torero, que a los toreros les cogen los toros. Me vine arriba en cuestión de segundos». Y dije: «Vamos, soy toreo». Y a partir de ahí me apunté a la escuela taurina. Y hasta hoy.

- ¿Se ha sentido alguna vez incomprendido por amigos de la infancia?

- Nunca me ha pasado. Al contrario, desde el primer día me han entendido y apoyado. Nunca he sentido un rechazo por parte de la sociedad. Cuando iba al colegio todo el mundo se interesaba por mí. Al final, no deja de ser algo distinto.

- ¿Hay que estar loco para ser torero?

- Muy cuerdo no se puede estar para ponerte delante de un toro. Ese punto de locura en la vida también es bueno.

- Con fama, ganando dinero a una edad tan temprana, ¿es fácil mantener los pies en la tierra?

- No lo es. Yo desde que tomé la alternativa empecé a ganar dinero. En ese momento te ves con dinero de sobra, que no te falta nada... y a mí se me vino un poco grande. Ahora con el tiempo ves la vida de otra manera distinta.

- ¿Y en que ha invertido sus primeros ahorros?

- La primera gran inversión va a ser la de comprarme un piso en Valencia.

- ¿Cómo se lleva con las críticas?

- Las llevo bien. Cada uno puede decir de mí lo que piense y lo que crea oportuno, para eso soy torero y estoy expuesto a la opinión pública, pero siempre y cuando con respeto y sin pretender hacer daño.

- ¿Y con el miedo?

- El miedo es complicado. La muerte de Víctor Barrio, que fue la primera muerte que yo viví de un torero, me impactó bastante. Pero tienes la obligación de tratar de asimilarlo y concienciarte de que un toro te puede matar. No hay más.

- ¿Vive con miedo en su día a día?

- Hombre, en el día a día se pasa miedo. Y no sólo cuando toreo. Pero es bonito sentirlo a veces.

- ¿Es supersticioso?

- No.

- ¿Y creyente?

- Tampoco. Para todas estas cosas soy bastante pasota. No paso por la capilla.

- ¿Cómo ve el futuro de la fiesta?

- Lo veo complicado a largo plazo, porque te ponen muchas trabas para todo. Pero de esto creo que se puede salir. El principal problemas es que se está politizando mucho el toreo.

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