Multas de 15.000 euros para los alimentos que no limiten sus grasas trans

La Comisión Europea las acortará a partir de 2021 por su relación con los problemas del corazón y prohibirá vender productos que tengan más del 2%

La Comisión Europea las acortará a partir de 2021 por su relación con los problemas del corazón y prohibirá vender productos que tengan más del 2%

Enrique es un fraude. Tiene cerca de 40 años, está soltero por convicción y conduce un programa de televisión como «experto en nutrición». Cada noche, se muestra como el vivo ejemplo de lo que se puede conseguir gracias a las pastillas Kiloaway, con las que presume de haber bajado de 105 a 67 kilos. En realidad, se comprometió por contrato a mantener este último peso durante los tres años siguientes, pero no fue capaz de cumplirlo. Engordó y cayeron las ventas. A medida que crecía su angustia, comía más. Y más. La pizza, el helado, el chocolate y las empanadillas se transformaban en culpa, deseo, miedo e ilusión constantemente. Así, hasta que un día se encontró con otras cuatro personas en un terapia de grupo para tratar su sobrepeso. Lo que entonces no sabía el personaje que interpretaba Antonio de la Torre en «Gordos», dirigida por Daniel Sánchez Arévalo, es que el método milagroso que le vendieron a modo de teletienda no tenía en cuenta un factor clave en cualquier dieta: las grasas trans que, entre otras cosas, aumentaban su riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, obesidad, diabetes y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, esos mismos alimentos que entonces satisfacían sus ansias a golpe de calorías, hoy tendrán que cambiar su composición para transformarse en otros un poquito más saludables: el 15 de mayo entró en vigor la normativa europea que limita la presencia de lípidos hidrogenados a un máximo de dos gramos por cada 100 de grasa. Algo que tanto para Enrique como para el resto de españoles tendrá un impacto positivo para su organismo.

La Organización Mundial de la Salud estima que, cada año, la ingesta de grasas trans causa más de 500.000 muertes por enfermedades cardiovasculares. Éstas consisten en aceites vegetales a los que se añade hidrógeno a presión para conseguir que no sean tan líquidos y tengan una textura más moldeable. Se introdujeron por primera vez en el suministro de alimentos a mediados del siglo XX como sustitutos de la mantequilla, ya que son baratos, duraderos, fáciles de manejar y, además, añaden textura y sabor a diferentes productos alimenticios. El objetivo principal de este proceso es alargar la fecha de caducidad del producto, pero está demostrado que las grasas trans resultantes son más peligrosas para la salud que las saturadas de origen animal. «Son las más nocivas, pues contribuyen al aumento del colesterol malo (LDL) en sangre, a la formación de ateroma y al incremento de los triglicéridos», explica Mónica Pérez, presidenta de la Asociación de Extremadura de Dietistas y Nutricionistas perteneciente al Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas. Esto también ocurre con las saturadas, pero en menor medida y con un consumo más alto. De ahí esta limitación, que llega a la Unión Europea cuatro años después de que se estableciese en Estados Unidos.

El Reglamento 2019/649, que fija un periodo transitorio de dos años para llevar a cabo este fin, hace referencia a «grasas industriales» porque son las que se añaden en el proceso de producción, donde se quiere incidir para evitar que se elaboren productos con este tipo de lípidos o cuanto menos minimizar su cantidad.

«Tenemos que pensar que éstas se agregarían a las que ya de por sí estarían originalmente en los alimentos, por lo que incrementarían la cantidad que acabamos ingiriendo», subraya Alicia Aguilar, profesora de los estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña. No obstante, algunos productos, como la carne de rumiantes o sus derivados, las contienen de forma natural y, por tanto, no están afectados por la nueva regulación. El objetivo de ésta es que aquellas pequeñas empresas que aún no han rebajado su porcentaje de grasas trans, hagan un último esfuerzo para acometerlo. De hecho, la Comisión Europea tiene constancia de que, en los últimos años, algunos Estados miembros ya han dado pasos para acatar el problema, pero quiere armonizar cada una de las leyes para asegurarse de su efectividad en todo el continente. Para ello, utiliza como ejemplo el caso danés, país pionero en restringir su uso, donde tras introducirse límites más estrictos se evitó la muerte de 700 personas al año.

También cita a la ciudad de Nueva York. Pese a las protestas iniciales de la industria cuando se adoptó la prohibición, sus habitantes acudieron un 7,8% menos al hospital entre 2007 y 2013 por ataques cardiacos. «La mayoría de países depende de la industria alimentaria para reducir voluntariamente su contenido. En el caso del nuestro, las grasas trans no siempre aparecen en el etiquetado nutricional, dado que lo normal es especificar la cantidad de grasas totales y saturadas», avisa Elisanda Climent, médico adjunto de Endocrinología del Hospital del Mar de Barcelona. Si bien es cierto que España se acaba de sumar al límite, un estudio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria desveló que la gran mayoría de los productos están bajo el umbral del 2% que fija la Unión Europea. Y, aún más, estima que los niveles seguirán bajando hasta su práctica desaparición. Pero, ¿qué ocurriría si no se rebajase la cantidad hasta este porcentaje? «Se abriría una procedimiento de inspección y, en caso de confirmase, se impondría una sanción administrativa», sostiene José María Ferrer, jefe del departamento de Derecho Alimentaria de Ainia. Esta cuestión tiene caracter regional, por lo que si no existe una regulación en la comunidad autónoma correspondiente, se aplicará la normativa estatal.

El Real Decreto 1945/1983 considera como infracción grave «las defraudaciones en la naturaleza, composición, calidad, riqueza, peso [...], así como todo acto voluntario de naturaleza similar que suponga una transgresión o incumplimiento en la legislación vigente». Así lo regula el artículo 4.3.2. en relación con el 7 y el 10, donde se fija una multa comprendida entre 601,02 y 15.025,30 euros para aquellos que lo incumplan. «Además, es importante que no sólo se limite su presencia en estos productos, sino que también se comunique al consumidor para que pueda hacer una elección más saludable de los alimentos que va a ingerir». Como en el caso de Enrique.