Regreso a Palmira

Rusia si se lo ha tomado en serio. Entiéndanme, ningún país puede dejar de considerar como tema grave y urgente atajar la expansión del DAESH, pero realmente el único, fuera de la zona, que ha desarrollado las operaciones militares necesarias ha sido Rusia, y sigue siéndolo en labores de desminado de la zona, plagada de explosivos dejados por los terroristas antes de su huida.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Bélgica, tras los graves y recientes atentados, han enviado cazabombarderos a Siria e Irak, pero con pobres resultados prácticos. La excusa para no emplearse con la intensidad necesaria ha sido, y sigue siendo, no hacerle el trabajo a Bashar al-Ásad en su lucha contra las milicias rebeldes.

Rusia, evidentemente, no hace nada gratis. Su intervención militar contra los terroristas yihadistas, y el apoyo en inteligencia y material al ejército sirio, le ha dado una posición estratégica en la zona que favorecerá el proyecto de gaseoducto para la exportación del gas Iraní a Europa, en lugar del Proyecto Haifa, que pretenden Arabia Saudí, Qatar y los Estados Unidos.

Además, desde el punto de vista meramente militar, estas operaciones reales de guerra le ha permitido probar con tremendo éxito su nuevo armamento: misiles KH-101 y NK-Kalibr lanzados desde submarinos y barcos de superficie o los aviones SU-34, equipado con los más modernos sistemas de designación de objetivos, bombardea en vuelo horizontal y resulta inalcanzable para las baterías antiaéreas móviles con que cuentan los terroristas, y el carro de combate Vladimir T-90A, con el que ha dotado al ejercito de al-Ásad.

Los rusos no se han ido de Palmira después de arrasar las posiciones militares del DAESH. Se han quedado limpiando la zona de minas, restableciendo los suministros de electricidad y agua, instalando hospitales de campaña en colaboración con los sirios, restaurando los valiosísimos monumentos que aún permanecen en pie y acogiendo a las más de 3.000 familias que lograron escapar con vida a la masacre de los terroristas.

Acabar con las tropas de ocupación del DAESH, liberar territorios, restablecer suministros básicos y restaurar las infraestructuras dañadas por la guerra y propiciar el regreso de los ciudadanos a sus casas. Ese es el camino, un camino que hasta el momento solo Rusia ha recorrido con éxito, mientras Europa no sabe qué hacer con millones de refugiados.

No descuidar la seguridad interna, desde luego, deteniendo y controlando a esos jóvenes europeos radicalizados, de segunda o tercera generación de emigrantes musulmanes, que han viajado a los campos de entrenamiento de los terroristas. Así se evitarán algunos atentados, desgraciadamente no todos, pero el camino para acabar definitivamente con esta pesadilla del terrorismo yihadista es el camino ruso y Occidente no se entera.

Seguirán llegando, por cientos de miles a Europa, unos refugiados que lo que quieren, como los de Palmira, es regresar a sus casas y reanudar allí sus vidas.

Y ya se está preparando, entre rusos y sirios, la gran ofensiva sobre Alepo. Ese es el camino y solo los ciegos políticos occidentales no lo ven.