A vueltas con la Sanidad

"La cuestión no es dar vueltas y vueltas a la noria, sino ponerse, manos a la obra, para lograr la participación y el compromiso de los profesionales y de los ciudadanos"

El doctor José Antonio Otero
El doctor José Antonio OteroWellington Dos Santos Pereira

O cambiamos el modelo de relación entre financiadores y proveedores, o la asistencia sanitaria irá de mal en peor. He aquí una de las grandes lecciones que nos deja la pandemia que estamos padeciendo y sus efectos. ¿Alguien duda, a estas alturas, de que la reforma de la Sanidad es más urgente que nunca? Pero la cuestión no es dar vueltas y vueltas a la noria, sino ponerse, manos a la obra, para lograr la participación y el compromiso de los profesionales y de los ciudadanos. De ambas contribuciones existen intentos, incluso normativa y legislación, pero, visto lo visto, ningún interés en desarrollarlas.

Dos son las causas principales: errores en su planificación, estrategia  y despliegue, por lo que se refiere a la aportación de los profesionales, a través de las unidades de gestión clínica; en el caso de la colaboración ciudadana, bien encauzada por medio de los Consejos de Salud, habría que achacarlo a una cierto escepticismo. Los ciudadanos, no acaban de creérselo. Veamos: los profesionales sanitarios, han dado muestras suficientes de estar en condiciones de hacerse cargo de la toma de decisiones, tanto para mejor organizar la prestación de la asistencia sanitaria, como para cumplir con los objetivos que se establezcan. Y, en cuanto a la ciudadanía, dispone de órganos de representación vecinal, con amplia experiencia participativa como para, a semejanza de los Consejos de Administración de Empresas, conocer el funcionamiento del hospital o centro de salud, apuntar puntos de vista, vigilar que se cumplan los objetivos marcados, e incluso utilizar su influencia para conseguir más recursos.  

Este, y no otro, es el punto de partida para avanzar en las medidas necesarias hacia la consolidación y modernización de nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS). Sin estas dos medidas, ninguna otra será efectiva. Las Comisiones de Expertos y Asimilados, por más valiosas que sean, que lo son; como lo fue la Comisión Abril o el Informe Nera, seguirán dando vueltas y vueltas a lo mismo y mareando la perdiz. Pero ahí no nos movemos. Lo repito: el desafío sanitario sigue, desde el año 1991, donde estaba: en el desarrollo de un nuevo modelo de relación entre financiadores y proveedores de asistencia sanitaria.

No nos engañemos: estamos encallados; no avanzamos. Las propuestas que otra vez se ponen encima de la mesa, son más de lo mismo: las que ya ofrecía la subcomisión parlamentaria para el estudio de las medidas necesarias para la consolidación y modernización del SNS, o el excelente informe del Consejo Económico y Social de esta Comunidad, titulado Análisis del Sistema sanitario de Castilla y León, publicado en 1998; que, por cierto, a la vista de cómo estamos, parecería que fue escasamente tenido en cuenta, e incluso leído por los responsables políticos.

No está en mi ánimo abundar en pesimismo alguno o queja estéril, pero si reconozco que mantengo un indisimulado escepticismo realista. Hace ya algún tiempo escribí esto, refiriéndome a la Sanidad Pública: “todo el mundo la quiere curar pero ella sola se está muriendo”. Lo sorprendente es que no nos demos cuenta y entendamos que, existiendo, como existe, un acuerdo -con algunos matices-, aunque mayoritario, para mejorar y dar holgura a nuestro Sistema Nacional de Salud, estamos obligados a compartir y sentar, entre todos, las bases para asegurar la necesaria financiación y deseable gestión pública de nuestra Sanidad. Sólo así apuntalaremos una amplia cartera de servicios, que cubra a todas las personas residentes en España, con altos niveles de calidad. Este es el reto. De nosotros depende auparlo y sacarlo adelante.