Bienvenido seas

A ti, juez de la promoción 69ª que en breves semanas tomarás posesión del primer destino:

A ti van dedicadas estas palabras de una compañera que hace ya algunos años, no muchos, fue destinada a un pequeño pueblo de la provincia de Girona.

Has recorrido un larguísimo y duro camino para llegar a tu sueño: la carrera de derecho, seguramente el Máster de acceso a la abogacía, los intensos años de oposiciones, los exámenes en el Tribunal Supremo, las caídas, las tentaciones de tirar la toalla, las remontadas y finalmente el aprobado. Tras ello, el deseado año de Escuela Judicial, las prácticas tuteladas y la espera hasta el primer destino.

Y por fin, hoy, te encuentras cerca de la meta, a punto de experimentar la función jurisdiccional en su máxima esencia. Enhorabuena.

Te adelanto, como imaginarás, que habrá momentos hermosos en que tu vocación se sentirá plenamente colmada, pero también habrá momentos duros, por supuesto y situaciones de tanto estrés que resultará casi imposible concentrarse; habrá momentos de agotamiento y evidentemente momentos de duda, de muchas dudas y de soledad, de una inmensa y abrumadora soledad que viene de la mano de la responsabilidad y el poder de decisión que ejercerás.

Y en todo este proceso, que te acompañará durante toda tu vida profesional es importante no olvidar algunas cuestiones esenciales, así que permíteme que te hable de alguna de ellas.

Para empezar, recuerda que estamos siempre en proceso de continuo aprendizaje y que los profesionales que nos rodean, desde funcionarios a procuradores, abogados, graduados sociales, nuestros compañeros fiscales, forenses o policía, son siempre la mejor base de datos que pudieras encontrar. Aprende de ellos.

Si no sabes algo, estudia e indaga, tienes herramientas suficientes para encontrar la solución que estimes conveniente y en la difícil tarea de juzgar, confía en la sólida formación que te has labrado.

Por otra parte, sé consciente que para la mayoría de los ciudadanos que acudan al juzgado –seguramente, no por gusto- tú serás el único juez que se cruzará en sus vidas. Esta inmensa responsabilidad, inherente al cargo, comporta la necesidad de ser siempre respetuoso y educado, de ser puntual en todo aquello que dependa de ti, de mantener las formas en Sala, de tener paciencia, toda la paciencia que sea posible y de redactar las resoluciones en un lenguaje entendible para el no profesional. Estas y otras cualidades, que seguro que ya las reúnes, deberás ir perfeccionando día tras día.

Y por fin entiende, que en realidad no has llegado a la meta, sino que estás en el punto de partida de un largo y bonito aprendizaje y de una conversión hacia el mejor juez que puedas ser, no sólo para ti mismo y para el resto de compañeros, sino para cualquier ciudadano, porque como te dije antes, para muchos, tú, juez de la 69ª promoción, serás el juez de sus vidas.

Así que disfruta, aprende y enaltece siempre al poder judicial que representas.

Bienvenido seas.