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Día Mundial de la Obesidad

"Iba perdida; no sabía qué me podía ir bien para mejorar mis hábitos de vida"

Juliette, paciente de la Unidad de Obesidad Infantil, que ha integrado la actividad física prescrita en el tratamiento, ha logrado cambiar sus hábitos nutricionales y de actividad física gracias al abordaje multidisciplinar que ofrece este dispositivo asistencial

Juliette, paciente de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil, junto a su madre, Rita Vall d'Hebron

"Iba perdida. No sabía qué me podía ir bien, qué alimentos debía comer ni en qué cantidad, y, pese a que estaba apuntada al gimnasio, apenas iba porque cuando llegaba allí no sabía por dónde empezar y todos los ejercicios me resultaban aburridos", asegura Juliette, de 17 años, quien ahora, tras su paso por la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil de Vall d'Hebron, dice haber perdido peso, pero sobre todo destaca que ya sabe qué puede hacer para mejorar sus hábitos.

"Ahora voy al gimnasio con frecuencia, tengo una rutina de ejercicios que me gustan y estoy motivada", comenta para a continuación indicar que en relación al aspecto nutricional, sabe "qué recetas son saludables, más allá de comer lechuga todos los días, y cuáles son las raciones adecuadas".

Su madre, Rita, comenta que desde que el pasado mes de mayo acudieron a la Unidad de Tratamiento de la Obesidad por derivación del médico de la Atención Primaria, su hija "está más feliz, más cómoda con ella misma y con mejor ánimo". Además, en cuanto a la práctica de actividad física, "le han ayudado a activarse" y al respecto Juliette añade que "si bien antes sentía ahogo cuando hacia deporte, he mejorado mucho en resistencia".

Y ese es precisamente el objetivo principal de la unidad: mejorar los hábitos de vida de los pacientes y garantizar una adherencia a los mismos y este último es el gran reto para los profesionales, porque frecuentemente estos pacientes tienen grandes dificultades para mantener las rutinas saludables tras su paso por la unidad.

Actuar desde todos los flancos

Es por ello que es clave llevar a cabo un abordaje multidisciplinar de la obesidad, que abarque el aspecto nutricional, el psicológico, el farmacológico en caso de ser necesario y el relativo al ejercicio físico. En este sentido, la unidad de Vall d'Hebron, que se puso en marcha hace dos años, ha incorporado un equipo de Medicina Física y Rehabilitación para integrar la actividad física prescrita en el tratamiento.

"Hemos observado cambios gracias a la multidisciplinariedad", asegura el doctor Eduard Mogas, jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil de Vall d'Hebron, quien al respecto indica que "la adherencia había sido siempre el gran reto y estamos observando que eso ha mejorado". Al llegar a la unidad, el 35% de los pacientes presentan una adherencia muy baja a la dieta mediterránea y "somos capaces de mejorar de forma significativa la calidad nutricional y la percepción de calidad de vida" de los mismos, explica el doctor. Aunque en relación a los parámetros antropométricos, los resultados no son flagrantes, ya que la pérdida de peso no suele superar el 10%, "estamos en el buen camino", asegura Mogas, quien al respecto recuerda que "la obesidad es una enfermedad con metabolismo alterado y gran tendencia a cronificarse", de manera que el lograr frenar la progresión de la misma, ya es un logro.

Y eso ha sido gracias a ese abordaje holístico y a que se ha trabajado para que el paciente "se sienta mejor, acompañado, no se culpabilice y continúe con el tratamiento".

Pero además, la unidad trabaja a diario para ofrecer la mejor atención a estos pacientes, razón por la cual este año ha sumado a su dispositivo asistencial, que constaba de un pediatra endocrinólogo, una psicóloga y una nutricionista, una nueva endocrinóloga, una enfermera de práctica avanzada y el equipo de Medicina Física y Rehabilitación, un pilar clave en esta intervención, ya que "detectamos altas tasas de sedentarismo y baja actividad física entre nuestros pacientes", constata Mogas.

El ejercicio, un pilar más

Así, en la primera visita, se valora si existe sedentarismo o baja resistencia aeróbica y en caso de detectarse una situación de estas características, se hace una derivación al equipo de Medicina Física y Rehabilitación con el objetivo no tanto de ayudarles a perder grasa, sino de "hacerles ganar fuerza, mejorar la composición corporal y ensañarles para que logren un nivel de actividad física adecuado", indica la doctora Imma Donat, quien junto a la fisioterapeuta Berta Canut forman este equipo. "La idea es instruir en pautas de ejercicio que van a poder implementar en su rutina diaria" y siempre teniendo en cuenta el caso particular de cada paciente.

"Es un programa de rehabilitación adaptado a cada persona", señala Donat, por ello, para su diseño se valora previamente la actividad física que hace el paciente. tanto en la escuela, como en casa, en el patio o las extraescolares, y se llevan a cabo pruebas funcionales para medir los parámetros de capacidad aeróbica y fuerza muscular.

En función de los resultados, se establece un plan de acción, que en la mayor parte de los casos se concreta en sesiones grupales semanales de una hora y cuarto de duración durante un periodo de tres meses. "Los grupos son muy reducidos, de unos siete niños, porque así podemos garantizar que se lleva a cabo el trabajo de forma segura e individualizada", destaca la doctora, quien indica que el "programa se desarrolla de forma híbrida, combinando las sesiones presenciales con la telerehabilitación una vez se han completado los tres primeros meses de trabajo".

La clave del éxito de esta intervención en el ámbito del sedentarismo es que "se entrena a los pacientes en el esfuerzo, se procura crear el hábito de la actividad física y se les proporcionan herramientas que pueden aplicar en su día a día", destaca Donat, quien también pone el foco en la importancia de ofrecer a los pacientes un espacio en el que se sientan seguros y libres de estigmas.

Medicación como un plus

Y es que frecuentemente estos niños y jóvenes "tienen una relación negativa con el ejercicio y han de hacer frente al estigma", por ello "les ofrecemos un espacio seguro", donde nadie les va a juzgar y en el que el foco no está puesto en el peso, sino en construir hábitos saludables, explica, por su parte, Mogas

En definitiva, el trabajo en la unidad está orientado a promover un cambio de vida en los pacientes, para lo que también es necesario involucrar a los familiares, pero además, en ocasiones, también es adecuado recurrir a una abordaje farmacológico, especialmente cuando se trata de pacientes con una obesidad de base genética. "Los fármacos ayudan cuando ya se han implementado de forma intensiva cambios en los hábitos de vida, pero por si solos no funciona", comenta el doctor, quien, en cualquier caso, advierte que "pese a que en algunos casos podrían estar indicados, nos encontramos con la limitación de que no están financiados por la Seguridad Social, de manera que la familia debe costear el tratamiento, que tiene un precio muy elevado".

Hay que tener en cuenta que la unidad desarrolla su labor en un contexto en el que la obesidad infantil va en aumento y las complicaciones de salud asociadas a la misma, como la hipertensión o las cardíacas, son cada vez más prevalentes. De hecho, según datos de la Encuesta de Salud 2024, en Cataluña, el 14% de los niños y el 18% de las niñas padecen obesidad, una enfermedad que en entre un 8% y un 10% de los casos, tiene causas genéticas claras y en un porcentaje similar se relaciona con patologías y tratamientos médicos, pero el resto responde a la combinación de una alimentación poco saludable y una vida sedentaria.

De ahí la importancia de este dispositivo asistencial, que realiza el seguimiento a más de 380 niños y adolescentes. En concreto, en el último año, la unidad, que es centro de referencia europeo por la Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad, ha realizado 200 primeras visitas y ha pasado de atender seis casos semanales a nueva.