Política

Illa se reincorpora en el peor momento de la legislatura en Cataluña: "No es momento de fatalismos"

Rodalies, sanidad, educación y campo ponen a prueba la promesa de buena gestión

El president de la Generalitat, Salvador Illa, se ha reincorporado este lunes a sus funciones tras un mes de baja médica en uno de los momentos más delicados desde que asumió el cargo. Su regreso al Palau llega después de un inicio de año que había sido celebrado por el Govern como la confirmación de una legislatura encarrilada, pero que ha derivado rápidamente en una sucesión de crisis que han puesto en entredicho el principal activo político del Ejecutivo socialista: su promesa de buena gestión.

Illa arrancó 2026 con un relato claramente triunfalista. En apenas unas semanas, el Govern cerró con ERC el acuerdo para una financiación singular para Cataluña y presentó la empresa mixta de Rodalies, símbolo del traspaso del servicio ferroviario a la Generalitat y una de las principales exigencias de los republicanos. Dos hitos que el president exhibió como prueba de estabilidad política, capacidad de pacto y cumplimiento de compromisos.

Inicio de la tormenta

Ese clima de optimismo se mantuvo hasta que Illa cayó enfermo y delegó sus funciones. Durante su ausencia, el Govern tuvo que afrontar un mes de alto voltaje político y social que ha cambiado por completo el escenario. El accidente ferroviario de Gelida y el cúmulo de incidencias en Rodalies reabrieron con fuerza el debate sobre el estado de las infraestructuras y el funcionamiento de los servicios públicos, situando al ejecutivo contra las cuerdas y erosionando su imagen de solvencia.

La crisis ferroviaria se convirtió en el principal foco de desgaste para el Govern y, en especial, para la macroconselleria que dirige Sílvia Paneque, responsable de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica. Todos los grupos de la oposición cargaron contra su gestión y el Parlament volvió a pedir su destitución, mientras se acumulaban las críticas por las deficiencias estructurales de la red, la falta de inversión histórica y las negligencias de Renfe y Adif.

Cataluña, en pie de guerra

Pero Rodalies no ha sido el único frente abierto. En paralelo, el Govern se ha encontrado con el malestar creciente de los docentes, en huelga para reclamar mejoras salariales, reducción de ratios, más recursos para la escuela inclusiva y estabilidad laboral. A ello se ha sumado la protesta del sector sanitario, con facultativos convocando movilizaciones para exigir mejores condiciones de trabajo y un convenio propio, en un contexto de sobrecarga asistencial y agotamiento profesional.

La tensión social se extiende también al campo. Los agricultores han vuelto a salir a la calle para denunciar el incumplimiento de acuerdos y reclamar respuestas del Departament d’Agricultura, tras varias crisis sanitarias y en plena polémica por el acuerdo del Mercosur. Las movilizaciones, visibles en carreteras y en el centro de Barcelona, han reforzado la sensación de un país en ebullición.

Este clima de conflictividad ha tenido traducción política. Junts ha llegado a pedir una cuestión de confianza al president, mientras el Govern rechaza el relato “apocalíptico” de la oposición, encabezada por el entorno de Carles Puigdemont. Al mismo tiempo, ERC, los Comuns y la CUP han puesto el foco en la consellera de Interior, Núria Parlon, por la actuación policial durante algunas protestas y por la gestión de episodios como las fuertes ventadas.

Illa vuelve prometiendo más recursos

En este contexto, Illa ha reaparecido con un discurso de serenidad y determinación. En su declaración institucional desde el Palau, ha reconocido que han sido “días difíciles” para Cataluña, pero ha rechazado cualquier lectura derrotista: "No es tiempo de fatalismos". Ha asegurado que el Govern está plenamente comprometido a reforzar los servicios públicos y las infraestructuras, con especial atención a Rodalies, y ha prometido destinar “todos los recursos que hagan falta”, con exigencia y ambición. Además, ha dicho que es momento de ofrecer soluciones y de demostrar que Cataluña está preparada.

El president ha subrayado que su reincorporación será progresiva, siguiendo las indicaciones médicas, tras superar una osteomielitis púbica que requirió ingreso hospitalario en el Hospital Vall d'Hebron. Ha agradecido al sistema de salud pública catalana, a los profesionales que lo han atendido y a su entorno familiar, y ha reivindicado la excelencia del sistema sanitario, aunque reconociendo que aún tiene margen de mejora.

Más allá del balance político, Illa ha querido dotar su mensaje de un tono humano. Ha insistido en la necesidad de cuidarse y de cuidar a los demás, de no deshumanizar el debate político y de ejercer una “política noble”, especialmente en momentos de tensión. Y ha advertido de que los próximos meses serán decisivos para el futuro de Cataluña, un periodo en el que, ha dicho, habrá que convertir los buenos deseos en compromisos reales.