
Cambio climático
Agricultura: el mapa más preciso revela dónde se emite un tercio de los gases de efecto invernadero
La precisión crea un conflicto: las regiones que más emiten son las que sostienen la alimentación a escala global.

La agricultura es, al mismo tiempo, uno de los pilares de la civilización y una de las grandes fuentes de gases de efecto invernadero. Se estima que el conjunto del sistema agroalimentario (todo el conjunto “del campo al plato”) genera cerca de un tercio de las emisiones globales, y dentro de ese total, los cultivos representan una fracción clave. Sin embargo, hasta ahora no sabíamos con precisión dónde, cómo y por qué se producen esas emisiones.
Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change cambia ese panorama al presentar el mapa global más detallado hasta la fecha de las emisiones agrícolas asociadas a los cultivos. Con una resolución de unos 10 kilómetros, una escala inédita a nivel mundial, el estudio desglosa las emisiones por tipo de cultivo, fuente y región, abriendo la puerta a estrategias de mitigación mucho más precisas.
Las tierras de cultivo ocupan aproximadamente el 12% de la superficie terrestre global. Dentro del sector agrícola, representan el 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero (solo la parte de cultivos, sin tener en cuenta el transporte, por ejemplo). Según el nuevo estudio, en 2020 los cultivos emitieron el equivalente a 2,5 gigatoneladas de dióxido de carbono, más de lo que emite Europa.
La mitad de esas emisiones procedieron de Asia Oriental y el Pacífico. A continuación, se situaron Asia Meridional, Europa y Asia Central, que en conjunto aportaron un 30% adicional. Es decir, las regiones más productivas desde el punto de vista alimentario suelen ser también grandes emisoras.
El estudio analiza 46 tipos de cultivos, pero cuatro concentran casi tres cuartas partes de las emisiones totales: arroz, maíz, palma aceitera y trigo. El arroz, por sí solo, representa el 43% de las emisiones asociadas a tierras de cultivo.
Como resume Mario Herrero, profesor de desarrollo global en la Universidad de Cornell y líder del estudio: “es una síntesis global absoluta de toda la información que se necesita, por país y por sistema productivo, para calcular las emisiones de gases de efecto invernadero. Ha sido un esfuerzo enorme. Todo gira en torno al arroz. Ahí están las mayores fuentes y oportunidades”.
Y esto es fundamental si tenemos en cuenta que el arroz constituye un alimento básico para más de la mitad de la población mundial, cubre más del 20 % de la superficie total mundial de cereales cosechados y aporta aproximadamente el 17,3 % del total de calorías consumidas a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Alimentación y la Agricultura (FAO)
Uno de los grandes avances del estudio es que no solo localiza las emisiones, sino que identifica su origen específico. Las principales fuentes detectadas son los drenajes de turberas para la producción de aceite de palma (el 35%) y los arrozales inundados (también un 35%), donde la descomposición en condiciones anóxicas genera metano.
Herrero reconoce que algunos resultados fueron inesperados: “Me sorprendió la importancia de las áreas de turberas, mucho mayor de lo esperado”. Estas zonas, cuando se drenan para agricultura, liberan enormes cantidades de carbono acumulado durante miles de años.
El estudio sugiere que medidas como la rehumidificación controlada de turberas, cambios en la gestión del riego del arroz o la optimización del uso de fertilizantes podrían reducir significativamente las emisiones en contextos específicos.
Un hallazgo clave es la fuerte correlación entre producción de alimentos y emisiones. Las regiones que más producen suelen emitir más. Esto plantea un dilema: ¿es justo señalar como “puntos críticos” a zonas que alimentan a millones de personas?
“Muchos estudios identifican regiones y dicen que hay que dirigir allí la mitigación –explica el coautor Peiyu Cao–, pero creemos que eso puede ser injusto si no se considera el lado productivo. Una de las innovaciones del trabajo es precisamente vincular producción y emisiones para evaluar la eficiencia del sistema. Enlazamos la producción de alimentos con las emisiones para mostrar cuán eficiente es el sistema productivo”.
Este enfoque permite distinguir entre sistemas altamente emisores, pero también muy productivos, y otros menos eficientes en términos climáticos. Y eso es lo que hace que este estudio sea importante. El nuevo mapa integra datos históricos, modelos complejos, sensores remotos, inventarios agrícolas e información hidrológica, creando una base de datos sin precedentes.
“Lo realmente inédito es que estos mapas proporcionan un análisis subnacional crucial sobre dónde existen oportunidades de mitigación – añade Herrero -. Los fondos para mitigación son escasos y necesitamos priorizar”.
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