
Libros
Juan Gómez-Jurado: «Vivo constantemente muerto de miedo; me da miedo todo»
Deja el universo de la «Reina roja» y cambia de registro en «Mentira», una novela sobre la manipulación y una protagonista que ha convertido el engaño en su profesión

Ha vendido doce millones de libros en todo el mundo, pero ese éxito de ventas no lo ha convertido en un escritor seguro, ni confiado, ni remotamente complacido o acomodado, y asegura, con una expresión de resignación, que «todos esos ejemplares vendidos no me van a escribir una sola línea de mi próxima obra». Es cierto que ahora tengo cierto músculo, pero al final esto es una Champions y todas las veces que te enfrentas a un texto tienes que aprender cómo escribir».
Después de quince años, Juan Gómez-Jurado ha abandonado la serie de «La reina roja», universo del que ha vendido cuatro millones y medio de ejemplares y que le ha procurado enormes gratificaciones, y ahora regresa con una propuesta distinta, radicalmente nueva, «Mentira» (Ediciones B), una novela que toma distancia de todos los parámetros que ha tocado hasta hoy y que se ha internado por senderos por los que no ha transitado jamás. «Por un lado, cuesta salir de una saga, pero, por otro lado, no, porque se plantean retos y oportunidades que resultan estimulantes. El desafío fundamental es afrontar el vértigo que te produce el salto. Llevo quince años inmerso en mi anterior proyecto y, aunque cada una de esas novelas es diferente, es cierto que ya contaba con el cariño y la fidelidad del público. En cada narración que abordo siempre trato de poner algo que sea distinto a lo que ya he hecho. Procuro no dejarme arrastrar por nada de lo que he abordado con anterioridad».
El "scroll" es el enemigo de la humanidad y de cualquier persona»
El escritor presenta en esta obra a un personaje con muchos claroscuros, abundantes secretos y los habituales rencores propios que cada uno de nosotros arrastramos. Eva Ramos es una mujer de aristas duras y vértices peligrosos que ha convertido la mentira en su profesión o que ha profesionalizado la mentira. Pero su trabajo la conducirá a un lugar imprevisto que nunca hubiera podido imaginar y que la va a poner delante del espejo, para que se mida por su propia horma. Por culpa de una tormenta de nieve, quedará atrapada en una aldea del norte de España, en el valle de Somiedo, una localidad poblada por habitantes particulares y que, de manera imprevista, se convertirá en una inquietante trama digna de Agatha Christie.
¿Cómo se siente con este título nuevo?
Con miedo. Yo vivo muerto de miedo constantemente. Tengo miedo de todo. Me despierto, pienso que me voy a morir y tardo una hora en volver a dormirme. Me da miedo la oscuridad, los ascensores, el tráfico de la ciudad, que mis hijos salgan por las noches... El miedo es algo con lo que he aprendido a convivir. En mi entorno ya me conocen, claro...
¿De dónde ha salido esta protagonista?
Hay dos maneras de afrontar una historia y la escritura de un libro. La primera opción parte de una historia potente. Entonces me pregunto a qué personaje le podría ocurrir esta trama. La segunda opción sería lo opuesto. Tienes un personaje muy fuerte y te preguntas cuál es la historia que podría vivir este personaje. Son caminos antagónicos. En este caso, me he inclinado por la última posibilidad. Surgió al preguntarme qué pasaría si una persona se dedicara a la mentira, cómo sería su historia. Lo abordé desde el estilo del narrador no confiable, algo que hemos visto en «Perdida». La primera norma de este tipo de tramas es que el lector no debe saber nunca que el narrador no es confiable, pero esa es una regla que yo reviento en la primera línea de la historia al revelarlo.
«El escritor es alguien a quien se paga por engañar. A mí me pagan por eso»
¿Le gusta romper las normas?
Como estímulo. Pero la cuestión no es únicamente ese estímulo, sino cómo se cuenta una historia. Es uno de los puntos que me interesan para empezar un reto. He leído muchos libros de misterio, algo obligatorio cuando te dedicas a esto. Pero recuerdo lo que dijo una vez Stephen King: lo interesante no es la historia, sino la manera de contarla y de que resuene a día de hoy. Eso te obliga a perseguir perspectivas, a buscar la manera de que sean interesantes. Todos amamos «Los diez negritos». Es una narración que se ha contado mil veces. Reconocemos el libro en «Los odiosos ocho». Es Agatha Christie y un western. Es hacer eso.
Abandona los escenarios urbanos y viaja a una aldea aislada.
Y es una enorme ventaja, porque los escritores de misterio siempre pensamos en quitarnos de en medio los móviles (risas). Con esto, he logrado que mi protagonista retroceda un siglo. Y no tuve que hacer trampas ni usar trucos porque el lugar que he escogido todos los años queda aislado por la nieve.
Por cierto, ¿el escritor no es un mentiroso?
El escritor es alguien a quien se paga por engañar. Me pagan por eso. Un lector compra este libro, que cuesta 23,90 euros. De ese precio, dos euros son para mí y uno para el Estado español. Ese euro que aparece en mi bolsillo es porque alguien lo pone ahí para que mienta. Una de las cosas más importantes que hago es manipular a la gente. Es consustancial al creador. Es el arte. El arte manipula. Lo bonito de la literatura es que, a través de ella, se pueden alcanzar verdades diciendo mentiras. Es la única manera en que puede tolerarse mentir. En ningún caso más, como en la política.
Pues ahí mienten...
Sí, pero hemos normalizado algo que no debería ser cierto. Mi mujer me hablaba del neuromarketing, que es el mal absoluto, porque consiste en explotar las vulnerabilidades del ser humano en su propio beneficio. La neurociencia ha evolucionado y hemos comprendido mejor los sesgos del ser humano. Pero la sociedad no ha evolucionado tanto. Ahora se dicen mentiras y está, además, esa herramienta de manipulación y control social que son las redes.
Las redes...
Los millonarios controlan el destino de sus hijos. Ellos los llevan a colegios sin pantallas y donde los móviles están prohibidos. Muchos millonarios de Silicon Valley prohíben a sus hijos, por lo menos hasta los 16 o 17 años, que lleven móviles. Ya sabes cuál es la primera norma de un traficante: no consumir tu producto. En mi opinión, un videojuego o una película son saludables, pero las redes sociales no lo son. Nos hacen daño a mayores y a pequeños. El «scroll» es el enemigo de la humanidad y de cualquier persona. Hace 19 años que existen y lo que desean es que les dediquemos nuestra atención durante el mayor tiempo posible para colarnos anuncios. No puedes ganar. Hay gente invirtiendo millones de dólares en eso. Es inevitable preguntarte si esta gente te quiere hacer daño. Deberíamos ser más conscientes.
✕
Accede a tu cuenta para comentar


