
El tiempo
¿Por qué hace tanto calor de repente en Valencia en pleno febrero?
Las mínimas rozan los 20 grados de temperatura y tenemos un tiempo de Fallas un mes antes

Si saliste ayer a la calle en cualquier lugar de la Comunitat Valenciana, notarías que te sobraba algo de la chaqueta. Dependiendo de la calle que cogieras, notarías más o menos viento de cara, pero ese viento no era frío, sino lo que se conoce en la jerga popular como una "ponentà". De repente, hemos pasado de un plumazo de invierno total con chaquetones a tener que quitarnos capas y llevar la melena al viento, nunca mejor dicho.
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La borrasca Nils que azota a la Península no ha traído lluvia significativa a la Comunitat Valenciana, pero sí unas fuertes rachas de viento que están detrás de este tiempo primaveral.
Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha soplado con rachas muy fuertes esta madrugada del martes al miércoles, y además de los 104 kilómetros por hora de Atzeneta del Maestrat ha alcanzado los 82 en el aeropuerto de Valencia y los 72 en Fredes (Castellón), Morella (Castellón) y Bicorp (Valencia). En Benidorm (Alicante) el viento ha llegado a los 71 kilómetros por hora, en Llíria (Valencia) a los 69, en la caoital valenciana a los 67, en Alcoy (Alicante) a los 60, y en Carcaixent (Valencia) y en Villena (Alicante) a los 59 kilómetros por hora.
La sensación es casi primaveral, más propia de Magdalena en Castellón o Fallas en Valencia, pero el calendario no engaña: estamos a 11 de febrero. El responsable de este repunte térmico en la Comunitat Valenciana tiene nombre y apellidos meteorológicos: viento de poniente.
El poniente es un viento de componente oeste que llega a la Comunitat Valenciana tras atravesar la Península Ibérica desde el Atlántico. En ese viaje cruza la Meseta Central y, antes de alcanzar la fachada mediterránea, desciende por el relieve interior hacia la costa. Ese descenso es clave para entender el aumento brusco de temperaturas.
El efecto foehn: aire que se recalienta al bajar
Cuando el aire desciende desde zonas más elevadas hacia el nivel del mar, se comprime. Y al comprimirse, se calienta. Es un proceso físico conocido como efecto foehn.
En el caso valenciano, el aire que llega desde el oeste puede perder parte de su humedad al cruzar la península y, al bajar hacia el litoral, se recalienta de forma notable. El resultado es un viento seco y cálido que puede disparar los termómetros varios grados por encima de lo habitual para estas fechas.
No es raro que, bajo situaciones de poniente persistente, las máximas superen los 22 o incluso los 25 grados en pleno invierno.
El poniente suele asociarse también a estabilidad atmosférica. Al tratarse de un viento seco, dificulta la formación de nubes y favorece cielos despejados. Más insolación significa más calentamiento diurno.
Además, este flujo de oeste frena la típica brisa marina que, en condiciones normales, modera las temperaturas en la costa valenciana. Sin ese “aire acondicionado” natural del Mediterráneo, el calor se deja sentir con más intensidad.
Temperaturas mínimas por encima de 20 grados
Según la Associació Valenciana de Meteorologia (Avamet) el fuerte viento de poniente y la masa de aire cálido ha dejado esta madrugada temperaturas superiores a los 20 grados (noche tropical) en buena parte del litoral y prelitoral de la Comunitat Valenciana.
Sobre la una de la madrugada de este 11 de febrero, el termómetro marcaba 23 grados en varias localidades, como Gandia, Dénia, Borriana, Benicàssim, Nules y la Vilavella.
No es excepcional
Aunque pueda resultar chocante, estos episodios no son excepcionales en febrero. El invierno mediterráneo alterna fases frías con irrupciones templadas asociadas a cambios en la circulación atmosférica.
En la Comunitat Valenciana en 2020 se alcanzaron casi 30°C en puntos como Elche o Alicante a comienzos de febrero, llegando incluso a 29,6 °C en Valencia aeropuerto, según registros históricos.
No solo aquí: a nivel global febrero de 2024 fue probablemente el febrero más cálido registrado en superficie terrestre y oceánica, con temperaturas muy por encima de las medias de referencia del siglo XX.
El poniente, por tanto, no es una anomalía en sí mismo. Lo llamativo es el contraste: pasar de temperaturas propias del invierno a valores casi primaverales en cuestión de días amplifica la percepción de “calor fuera de temporada”.
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