“Garbancito de La Mancha”, el niño modelo del franquismo recupera todo su esplendor

La Filmoteca Nacional recupera la primera película europea de animación a color. Una cinta de 85 minutos con la que sus productores bailaron el agua al Régimen para hacer negocios con Estados Unidos

Hubo un tiempo en el que las cintas de animación no se producían como churros. Años en los que había que remover cielo y tierra para conseguir los materiales necesarios que permitieran meterse en faena, más todavía, si hablamos de una época en la que en Europa se estaba librando la Segunda Guerra Mundial. Al sur de los Pirineos, España se salvaba de sufrir la contienda en sus carnes (suficiente tenía con su propia posguerra), y algunos de sus pobladores mataban el tiempo con empresas como la de realizar el primer largometraje de dibujos animados a color de Europa, “Garbancito de La Mancha”. Una especie de Don Quijote en versión infantil en la que su protagonista recorre la ahora España vaciada en busca de Kiriqui y Chirili, dos amigos a los que el gigante Caramanca ha secuestrado. Para lograr su meta, este niño huérfano se armará con una espada mágica y contará con la ayuda de su cabra Peregrina. Fue la historia que Julián Pemartín había publicado en 1943 y que dos años más tarde Ramón Balet y José María Blay elegirían para llevar a la pantalla.

El porqué de la elección de esta historia se ha explicado como una jugada maestra de los productores, que utilizaron el proyecto como primera herramienta para poder importar cine norteamericano. Eran conocedores de que el Régimen concedía las licencias a aquellas distribuidoras que producían un determinado tipo de filmes, digamos, afín a las ideas de El Pardo. Por lo que la elección del cuento de Pemartín se debió, entre otras, a la cercanía de este a las altas esferas (fue procurador de las Cortes franquistas). A más propaganda, menos problemas y mayor número de títulos se podrían traer.

La película no disimuló su afecto por el Régimen en ningún momento, lo que le valió el reconocimiento como Interés Nacional y el premio del Sindicato Español del Espectáculo por exaltar las bondades del niño español para el franquismo. Importante, el valor. Porque Garbancito solo temía una cosa: “A Dios únicamente –dice el dibujo animado–, que da causa al victorioso y en la lucha refugio. Confiad en la Altísima Providencia, señora, confiad ciegamente. Secad vuestras lágrimas y dad reposo a vuestro corazón, y la alegría no tardará en renacer en vuestro hogar”.

Material importado de Suiza

Aquella edición de 1943 fue adornada por el ilustrador Artur Moreno, un viejo conocido de la productora de Balet y Blay, pues ya había acudido a ellos para vender su corto “El capitán tormentoso” (1942) y ahora pasaría a encabezar el proyecto barcelonés al que pondría música Jacinto Guerrero. Así comenzó a forjarse un estudio de animación que tuvo todo listo en apenas un año y que se movió como buenamente pudo para hacerse con los materiales oportunos para su desarrollo. Fue necesario importar celuloide desde Suiza y la posterior exportación para el revelado, pues en España aún no existían laboratorios de color.

Comparando la empresa con otra similar, pero de los grandes estudios americanos, da muestras de la precariedad con la que se tuvo que trabajar, pero, a su vez, fija la grandeza del hito: recordemos, la primera cinta de animación a color de Europa. Si en “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) Disney había dispuesto a casi un millar de trabajadores, en “Garbancito” apenas se llegó a cien empleados inexpertos que contaron con un cuarto del presupuesto que se utilizó en Estados Unidos. Deficiencias que, como es evidente, se notaron en el resultado final, lejos de la fluidez o la sincronización de Hollywood.

Y es precisamente “Blancanieves” la producción que pone de nuevo en la pista a la producción española, cuando el coleccionista David Bull se topó con unos viejos rollos de “Garbancito”: “Sé que “Blancanieves” es la primera película animada de Estados Unidos y lo importante que es para nosotros, así que imaginé que “Garbancito de la Mancha” sería igual de relevante para España. Sentí el peso de su importancia y significado, tanto cultural como histórico”. El especialista americano en cine de animación descolgó el teléfono y se puso en contacto con la Filmoteca Española. Antes de aquello, Bull no conocía la película, pero su debilidad por el cine le llevó a investigar sobre la misma y descubrir que apenas se conservaban copias y que, además, estas eran de mala calidad. ¿Qué hacían ahí? Se cree que cuando la película se estrenó en Estados Unidos, ya en la década de los 50, el distribuidor americano solicitó el material para doblarla al inglés y allí se quedaron.

Por eso la llamada fue celebrada en Madrid por Marián del Egido, directora del Centro de Conservación y Restauración de la institución: “Contribuyen a completar la historia de la película muchos años después de su estreno, a ilustrar el interés que suscitó, su vida y evolución”, reconoce después de hacerse con esos rollos originales y de recuperar otros materiales posteriores como versiones en blanco y negro o en color de diferentes técnicas y formatos. Comenzó el periplo de Bull para localizar alguna institución estadounidense que se hiciese cargo de la buena conservación del material, aunque sin éxito.

No fue hasta 2019 cuando este coleccionista de Estados Unidos diese con el Centro de Conservación y Restauración de Filmoteca Española, que le puso en contacto con Cineric, un centro de preservación y restauración de películas de Nueva York. Así, tras comprobar la buena conservación de los materiales en sus primeros reconocimientos y su digitalización a 4K, la Filmoteca Española “plantea una restauración que pueda recuperar unos colores y unas texturas que llevaban 60 años perdidos”, afirma la institución.

Hasta la fecha, en España solo se conservaba un fotograma en el sistema original, en la Filmoteca de Cataluña, y el British Film Institute (Londres) conserva dos rollos en 35 mm de los diez que compusieron originalmente la película. Con esta adquisición, por la que se pagaron 5.200 euros al señor Bull, la Filmoteca se hace con ocho rollos a los que, además, dotará del color original después de adquirir un nitrato con el que se rodó, el británico Dufay Chrome: “La característica más significativa de este título es que sus creadores emplearon el sistema de color Dufay Chrome, desarrollado por Louis Dufay en 1908, con el que se obtenían imágenes en color incorporando los filtros de los colores fundamentales, rojo, azul y verde, a la propia película”.

Al servicio de la animación

Para del Egido, “esta película es testimonio del desarrollo del conocimiento científico y técnico puesto al servicio de la cinematografía para alcanzar sistemas de color y de animación con mayor calidad, del incremento del valor cultural inmaterial del cine como hábito que crece en todos los sectores sociales a lo largo del siglo XX y que aborda temáticas diversas que se adaptan al interés de todos los públicos. Todo ello desde la fragilidad de un soporte material que dificulta su correcta preservación y que, con más razón, necesita de un apoyo jurídico prioritario en el marco de la Ley de Patrimonio histórico español”. A pesar de la práctica desaparición de la película original de 85 minutos, que empleó este sistema de color, desde la Institución aseguran que “en la década de 1960 se volvieron a tirar unas copias en nitrato en la que se difuminó la imagen para que no se viese la trama original, perdiendo con ello la calidad y viveza de los colores originales”.

Para vender todo ello, Blay se dejó llevar por su habilidad a la hora de moverse en los negocios y copió el modelo “yankee” para promocionar el largometraje. Invitó a la Prensa a pases previos y envió material gráfico a los medios. Pero el plato fuerte lo tenía reservado en la mercadotecnia; muñecos del protagonista y también de Peregrina, láminas, álbumes de cromos... Lo necesario para hacer de “Garbancito de La Mancha” un éxito desde su estreno el 23 de noviembre del 45. La popularidad del niño obligó a hacer incluso una segunda, “Alegres vacaciones” (1948), y una tercera, “Los sueños de Tay-Pi” (1952); sin embargo, esta última versión terminó por hundir a los estudios.