Abramovic se muere por Callas

La artista serbia prepara para 2015 «Siete muertes», un proyecto cinematográfico basado en las heroínas que interpretó en el escenario «La Divina»

Marina Abramovic en una pose que imita a la de la soprano. La Callas, tan bella como la retrató Cecil Beaton en una imagen icónica

Cuando Marina Abramovic sale a escena, el público no puede dejar de mirar. Unos aplauden, otros baten las palmas, simplemente, se dejan llevar. Otros tragan saliva. O hacen una mueca incómoda. Alabada, querida, y criticada casi a partes iaguales, la autodenominada «abuela de la performance» se reinventa a cada segundo. Tiene siete vidas. Pero no, no se equivoquen: de lo que desea ser dueña la artista es de siete muertes. Su fascinación por el mundo de la ópera es conocida, sobre todo, su amor incondicional a la más grande, la diva Callas. Simplemente María. Ciertamente la trayectoria vital de ambas no está exenta de coincidencias que arrancan de sus nombres, iguales salvo en una letra. Cosas de la vida. Y la muerte. Las dos padecieron en su niñez la falta de cariño materno. De la madre de Callas se llegó a decir incluso que había inducido a su hija a relacionarse con hombres siendo apenas una cría para ayudar económicamente a la familia. Se burlaba de ella y criticaba sin compasión su gordura, comparándola con su otra hija. Marina, por su parte, siempre sintió la falta del amor materno, una bofetada que le marcó de por vida, una herida que ella ha confesado que no ha conseguido cerrar. Su progenitora, Danica, fue comandante en la Armada, y a mediados de los sesenta fue directora del Museo de la Revolución y Arte en Belgrado. El padre las abandonó en 1964. Su tormentosa relación con los hombres también las ha unido, para desgracia de las dos María no tuvo suerte: amó con pasión pero no fue correspondida. Deseaba la maternidad y fue obligada a deshacerse del hijo que llevaba en las entrañas.

Tocar la fibra sensible

Onassis fue su cara y su cruz, su amante vital y mortal. Abramovic vivió una historia inmensamente complicada con Ulay. Trabajaron juntos mientras se amaban. Su relación fue tan tensa como intensa. En 1988 decidieron separarse tras recorrer la Muralla China. Se encontraron en un punto y decidieron despedirse. Para siempre. La leyenda de «La Divina» no ha hecho sino agigantarse tras su muerte. «Cuando leía aquellas palabras de María me quedé impresionada. Ela decía que una parte de tu cerebro debe de ser muy consciente de lo que haces, mientras que la otra ha de ser extremadamente libre. Me tocó la fibra sensible y abrió un universo para mí. En ese momento me dí cuenta de que tenía que hacer algo en su nombre, un proyecto». Y se puso manos a la obra.

No será ésta la primera vez que la creadora serbia se enfrente a la pantalla, pues en 2012 dejó para la posteridad un documental en el que abría una pequeña rendija a su intimidad, «The Artist Is Present». El proyecto que ahora monta está basado en la muerte de siete heroínas de la ópera, siete mujeres a las que Callas dejó morir en escena: Tosca, la Cio Cio San de «Madame Butterfly», Medea, Carmen, «La traviata» redivida en la figura de Violetta Valery. Y para tamaño viaje ha querido contar con otros tantos directores internacionales. Cada muerte será dirigida por un cineasta. González Iñárritu, Roman Polanski, Yorgos Lanthimos, Marco Bambrilla y Giada Colagrande están ya en la nómina. Lars von Trier se ha tenido que apear por problemas de agenda. «La idea de la muerte y el hecho de poder llegar a morir por amor ha sido una obsesión para mí. Ésta es la historia que quiero contar y lo voy a hacer relacionándolo con ella», ha asegurado la artista. La estructura del filme la compondrán siete vídeos de diez minutos de duración centrados en el momento del adiós de cada una de estas heroínas. Las historias se irán interrelacionando a través de una narrativa compartida a modo de hilo conductor. Además, la artista quiere añadir entrevistas con los directores, así como un repaso a la vida y obra de la soprano, que falleció en 1977. La cinta empezará a rodarse el año que viene y todo apunta a que será Grecia el cuartel general donde se desarrolle la producción, un país que ha visitado la artista frecuentemente y con el que la cantante norteamericana (Callas nació en Estados Unidos, aunque sus padres eran emigrantes griegos) mantenía una importante vinculación, pues allí se traladó de pequeña, tras la separación de sus progenitores. El guión llevará la firma del director noruego Petter Skavlan («Kon-Tiki», «El mundo de Sofía»).

Todo apunta a que la persona encargada de la producción será Gerasimos Kappatos, representante de Abramovic desde hace más de veinte años en la tierra helena, donde ha expuesto alguna retrospectiva de sus trabajos.

Quiere Abramovic que se involucren fundaciones griegas e incluso picar alto y conseguir el apoyo del Ministerio de Cultura de aquel país, lo que supondría en estos complicados tiempos un revulsivo para la institución. Que los beneficios obtenidos por la venta del proyecto reviertan en la Fundación María Callas. Que ella sea alfa y omega, principio y fin de «Siete muertes». Y es que la idea del fin siempre ha estado presente en toda la producción de la serbia, casi en cada una de sus performances. ¿Se acuerdan de aquel esqueleto que descansaba sobre el cuerpo desnudo de la artista y se movía acompasadamente al tiempo que lo hacía la respiración de ésta? Prueba de ello es también la ópera basada en su trayectoria vital que se estrenó en el teatro Real en 2013, «Vida y muerte de Marina Abramovic», uno de los platos fuertes que el público pudo degustar (para algunos un punto indisgesto) durante la era Mortier. En la obra se aludía al sufrimiento que vivió en su niñez, su controvertida relación con su madre. Un montaje con la regia de Bob Wilson y que contó con un inmenso Willem Dafoe y la voz inconfundible de Anthony and the Jonhsons.

Echarse la siesta

En Art Basel Miami Beach, que ha echado el cierre hace unos días, la Fundación Beyeler, en colaboración con MAI (Marina Abramovic Institute) ha presentado una instalación pública interactiva diseñada por la artista en la que se invitaba a los visitantes a acostarse, descansar y dormir sin restricción de tiempo. Este trabajo se titula «Ejercicio dormir», y ofrece al público la oportunidad de frenar en el ajetreo y el bullicio de la feria de arte.