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Antonio Garrido: «Las migraciones son fruto de la gran lacra de la intolerancia»

Estudió ingeniería, pero ha tenido más éxito con las letras que con los números.

Publicó su primer libro, «La escriba», en 2008, con 45 años, pero Antonio Garrido mantiene la ilusión de un niño en su carrera en el escarpado mundo de la literatura. Sobre todo porque, aunque no lo ha tenido fácil, se ha ganado la confianza de las editoriales. Planeta publicó su tercera novela, «El último paraíso», con la que Garrido se alzó con el Premio Fernando Lara 2015.

–Su nueva novela se ambienta en los años posteriores al crack del 29. Hay demasiadas similitudes con la actualidad.

–Nos ha tocado vivir una repetición de la historia. Afortunadamente, ahora disponemos de algunos sistemas de cobertura social que han ayudado a las personas que han tenido la mala suerte de perder su trabajo o su domicilio. Antes esto no existía y sólo les quedaba robar o mendigar y acudir con esperanza a las casas de la caridad para tomar un plato de sopa. También se notan las semejanzas con la corrupción en el poder, y cómo éste mira por sus intereses y olvida a los ciudadanos.

–En su libro un grupo de americanos emigra a Rusia, pues se les anuncia como un paraíso, sin embargo, hoy en día la imagen que poseemos de aquel país no es tan idílica.

–Cuando los americanos aterrizaron en Rusia se encontraron situaciones asombrosas desde el punto de vista positivo. En EE UU las mujeres eran amas de casa y secretarias, pero en Rusia podían ser doctoras, ingenieras o pilotos de avión. Además, en el país soviético ya propugnaban la igualdad de derechos, sobre todo laboral, o el amor libre, que no llegó a EE UU hasta los 60. La parte negativa la empezaron a vivir después, cuando la Policía secreta de Stalin comenzó a culparles de los atentados que sucedían en las factorías. Sabía que eran provocados por los propios soviéticos descontentos, pero las autoridades, maestras de la propaganda, aprovecharon para culpar a los inmigrantes que estaban allí para convertirlos en chivos espiatorios. Entonces es cuando los americanos tienen que ingeniárselas para huir de una cárcel gigantesca que es un páramo helado a 50º bajo cero.

–Hay una realidad capitalista y otra comunista y ninguna parece favorable para la población. ¿Habrá que caminar hacia un nuevo modelo?

–Al final lo que importa son las personas y no tanto las ideas, una puede ser mejor y otra un poco peor, pero todas son bastante confluentes. Lo que de verdad cambia es la manera en que los dirigentes las interpretan y cómo hacen lo que quieren porque... ¿cuántas veces han prometido cosas que luego no han cumplido? Yo lo veo desde que tengo uso de razón. A los políticos se les debe exigir que cumplan lo que prometen. Si pagaran con responsabilidad penal real las cosas serían de otra manera. Yo creo que situaciones como la actual nos tienen que permitir aprender y ser más independientes y más libres para admitir aquello que nos perjudica.

–En sus obras el mundo es una lucha de opuestos.

–El mundo funciona por conceptos contrarios, que son los que equilibran la balanza. A veces estamos en un polo y al poco podemos estar en el otro. La mejor persona puede, en un momento determinado, convertirse en la peor, y viceversa. Esto demuestra la volubilidad del ser humano. Lo que sucede es que, afortunadamente, nuestra vida es bastante legalista, muy controlada, y poseemos un sistema judicial garante de libertades y una policía que nos protege de malhechores. Nuestra sociedad es respetuosa y tolerante, por lo que no hay circunstancias que de repente nos descoloquen, pero si se dieran se mostraría la verdadera naturaleza de cada uno. Si estuviéramos en Nepal y sufriéramos un terremoto se vería quién es un héroe y quién un cobarde.

–¿Cree que esta crisis era inevitable por el hecho de que son cíclicas?

–Puede que lo sean porque las personas en general no aprenden. Cuando hubo la burbuja inmobiliaria uno podría haber sido precavido y pensar si realmente necesitaba adquirir una vivienda por encima de sus posibilidades, si el momento es bueno, si el precio es alto, si te están ofreciendo un dinero con intereses salvajes... Pero ves a tus compañeros y amigos comprando, y a ti te facilitan el dinero. Así es complicado mantener el criterio suficiente y abstraerte de ese entorno. Con lo cual, si se vuelven a dar circunstancias parecidas en la historia puede volver a suceder. Lo que está claro es que los medios capitalistas, los bancos, siempre van a intentar sacar el máximo una y otra vez, entonces se pueden producir especulaciones y otras situaciones similares.

–¿La inmigración es algo tan viejo como los estados?

–Las migraciones son una cuestión de necesidad del que abandona y del que recibe. Los trabajadores son los que más aportan a la economía pagando impuestos. Por eso, si el país tiene demasiados empleos vacantes se requieren trabajadores foráneos. Cuando los suramericanos vivieron en masa con sus familias fue por necesidad suya pero también nuestra. Sin embargo,después esa fuerza de trabajo extranjera se convierte en un estorbo cuando las cosas se ponen peor, y al que primero culpas es al más débil. Sucedió antes, sucede ahora y sucederá siempre.

–Si el ser humano es inteligente, ¿cómo comete siempre los mismos errores?

–Es triste. Es importante que veamos venir las cosas para ser capaces de prevenirlas. A veces nos sentimos ajenos a lo que pasó, y lo observamos una y otra vez. La IIGM tuvo lugar hace 70 años y murieron millones de personas. Ahora se producen movimientos que van avanzando y que provocan también migraciones gigantescas, refugiados, gente que pierde su familia... Todo esto es fruto de una de las grandes lacras del mundo, la intolerancia.