Entre dioses y soldados moribundos

José María Luzón, académico de Bellas Artes y ex director de El Prado, explica la gran importancia de los Museos Capitolinos, los más antiguos que existen en el mundo

El Galo Moribundo es una de las esculturas que se pueden ver en los Museos Capitolinos
El Galo Moribundo es una de las esculturas que se pueden ver en los Museos Capitolinos

José María Luzón, académico de Bellas Artes y ex director de El Prado, explica la gran importancia de los Museos Capitolinos, los más antiguos que existen en el mundo

Es el museo más antiguo del mundo, el museo de Roma del que uno no sabe qué pieza resaltar de la cantidad de obras impresionantes que posee», arranca la conversación sobre los Museos Capitolinos José María Luzón. La sede histórica está formada por el Palacio de los Conservadores y el Palacio Nuevo, en el monte Capitolio, el monte de la ciudad. «Encima de él se levanta el templo dedicado al Zeus, la divinidad principal del mundo romano.Un templo, con cimientos de finales del siglo VI que se ha excavado y se puede ver en el recorrido por el museo», añade. Para Luzón, el simple hecho de mencionar esas dos palabras nos retrotrae a lo que es y significa nuestra herencia occidental, aunque no es sólo eso, pues ahí está el Comune (equivalente a nuestro Ayuntamiento), que se convierte en museo cuando el Papa Sixto IV, en el siglo XV, regala a la ciudad obras muy emblemáticas, como algunos de los bronces que se exponían en San Juan de Letrán: hablamos del conocido comúnmente como «El espinario», la escultura de la loba capitolina (que cuando es ofrecida no tenía a los gemelos, añadidos posteriormente), o el Camilo, una figura de un joven con una túnica. Se trasladan en el momento en que emerge el gusto por la Antigüedad, por el mundo clásico», explica. Son los papas posteriores quienes comienzan a articular su colección en el Belvedere, sobre todo Julio II: el Laocoonte, el Apolo, el torso de Belvedere se convertirán en piezas únicas.

Luzón tiene un especial recuerdo para el Tabularium, el archivo del Estado, una fortaleza edificada en la Edad Media que más tarde pasaría a integrarse en los palacios capitolinos diseñados por Miguel Ángel. En el de los Conservadores se puede visitar el registro anual de todos los grandes acontecimientos que en la historia de Roma han sucedido, así como la Forma Urbis, que reproduce en mármol, a modo de inmenso plano, la ciudad y que se creó durante el reinado de Septimino Severo. Sobre el suceso que ha dado la vuelta al mundo esta semana y que ha llevado a cubrir algunas de las esculturas más bellas de la Historia, el ex director del Prado asegura que «no olvidemos que Pio V hace una transferencia de esculturas antiguas de las colección perteneciente al Vaticano porque reproducían temas paganos y no parecía correcto que estuvieran en las dependencias del Vaticano, es decir que se desposeyó de parte de los mismos por su temática», señala. El retrato ecuestre de Marco Aurelio es una pieza emblemática, lo mismo que las salas que albergan obras universales como «El galo moribundo» o la «Sacerdotisa de Isis», «nos resultan familiares de tantas ocasiones en que las hemos vista reproducidas». Albergan, asimismo, los palacios capitolinos, la mejor galería del mundo de retratos de personajes de la antigüedad, la denominada promoteca.

Los Museos Capitolinos han crecido ampliándose fuera de la muralla de Roma: «Los italianos han convertido la Central de Montemartine en una parte de ellos, un edificio del siglo XIX en el que se alternan las estatuas clásicas junto a las máquinas paradas en una composición enormemente atrevida y muy elogiada. Al entrar la sensación que se experimenta es bastante especial por el olor y por redescubrir piezas de un enorme valor artístico», concluye José María Luzón.