Teatro

Millán Salcedo: «Hay monologuistas buenos, pero los humoristas de antes se han acabado»

Millán Salcedo / Actor. El humor es su sello de identidad. Lo cultivó en Martes y Trece, donde obtuvo la fama. Casi veinte años después de la separación del grupo, sigue haciendo reír con su nuevo espectáculo, «En mis trece»

Millán Salcedo
Millán Salcedo

El humor es su sello de identidad. Lo cultivó en Martes y Trece, donde obtuvo la fama. Casi veinte años después de la separación del grupo, sigue haciendo reír con su nuevo espectáculo, «En mis trece»

A estas alturas, Millán Salcedo, ex componente del mítico Martes y Trece, necesita poca presentación. Tras su separación, Millán prosiguió en solitario su carrera como humorista. Ahora se presenta en el teatro Nuevo Apolo con «En mis trece», un nuevo espectáculo que firma, dirige y protagoniza con la ayuda de su inseparable pianista Marcos Cruz. Lo define como un collage, una mezcla de sketches, canciones, monólogos, parodias, juegos de palabras... Un repaso a los mejores gags de su carrera, desde Martes y Trece a la actualidad, con el humor como protagonista. «Con los horrores que vivimos –dice–, el humor debería de estar subvencionado. Hay que enarbolar su bandera y hacer “de reír” a la gente».

–Se sigue manteniendo en sus trece.

–Sí, pese a quien pese, a lo que pase y pese al peso que soportan las tablas –que hay que ver cómo me estoy poniendo–, porque si algo tengo, son tablas. Tengo mi personalidad y sigo ahí en el escenario, que es donde me gusta estar.

–¿Qué hay de nuevo en este espectáculo?

–Parto de «Yo me subí a un piano verde», pero quito y añado cosas constantemente. La sola actualidad de los periódicos ya da para «ello». Yo soy un hilván. Con el circo que hay montado y el mal gusto ya es suficiente. No puedo creerme que la ordinariez y el mal gusto sean lo cotidiano en televisión.

–Millán en estado puro.

–Exactamente, una ensalada muy bien surtida y salpimentada con un poco de sal y pimienta y con «aceite» de reír.

–Y juegos de palabras...

–Jugar con el idioma me encanta, me sale solo desde pequeño. Pero esto ya lo hacían nuestros mayores. Todo está inventado, lo importante es aportar algo novedoso y Martes y Trece lo hicimos. Luego hay un mundo pirata que no está en el Caribe, sino en televisión, que te roba las ideas y no dice nada.

–¿Se considera un clásico?

–Pues sí, aunque sólo sea por la edad. También lo llaman referente, pero no me gusta, significa que nos toman muy en serio. ¡Por favor, que no nos tengan tanto respeto! Que tenemos el pelo cano, pero seguimos estando ahí.

–¿Cuáles son sus referentes?

–Los grandes de España, Tip y Coll, Gila, Mari Carmen y sus muñecos, con la que me reía mucho, el gran Tony Leblanc... Con los hermanos Marx, el Gordo y el Flaco y Charlot. Una vez mi hermano y yo nos caímos de la cama de la risa con ellos y colecciono pingüinos por Chaplin, que andaba así.

–¿Qué humor se hace ahora?

–Monólogos, que es lo más barato. La tecnología se ha apoderado de todo. Hay monologuistas muy buenos, pero los humoristas de antes se han acabado.

–¿Por qué se prodiga tan poco en televisión?

–Porque acabé muy harto. Llegué a estar cuarenta días ingresado. No me gusta que impere lo soez y lo chabacano. A ver si el rey da un «coronazo» encima de la mesa y quita el mal gusto. La parrilla parece el palo de un gallinero donde se asa una carnaza «infesta» que «infesta» nuestro hogar. Es como el riego por aspersión por lo que escupe. Lo que nos ofrecen es para reírse de nosotros. Antes nos reíamos «con» y ahora se ríen «de».

–Prefiere el escenario.

–He hecho cine, doblaje, pero lo mío es el directo, actuar como los titiriteros, de un lado a otro. El escenario es mi recreo, donde me solazo, mi terapia, el diván del psiquiatra donde me libero de fantasmas, el sitio donde ir, de soltar, de desnudarme. Una experiencia religiosa, una catarsis. Es lo que me hace feliz. Lo de antes y después apenas me interesa.

–Lo de artista le viene desde pequeño, ¿no?

–Desde el internado de los Salesianos de Ciudad Real, donde estuve diez años. Allí descubrí mi vocación haciendo teatro con los curas. Con seis añitos cantaba en el coro, era como Joselito. Hace cuarenta años le dije a mi madre: «Mamá, quiero ser artista», y aquí sigo, en mis trece.

–Me dijo Fernando Conde que haciendo la mili la liaban en el cuartel.

–Nos conocíamos de la RESAD y cuando llego asustado al cuartel oigo: «A éste no me lo toca nadie». Fue una alegría. La gente no salía de paseo por vernos actuar. Siempre estábamos arrestados. Él cantaba y tocaba la guitarra y yo hacía parodias.

–¿Ése fue el germen de Martes y Trece?

–Exactamente. Al licenciarme, venía con la idea, pero Fernando y Josema estaban contratados. Andaba algo perdido cuando ocurrió que sus espectáculos fracasaron. Quería ser actor, pero como era un «campanillas», les propuse hacer lo del cuartel. Mi madre me decía «el figuritas». La vis cómica me viene de ella –que quiso ser artista– y de mi padre, la bondad.

–¿Qué sketch considera el «top» de su carrera?

–Me gustaba todo, pero «¡Encanna! y las empanadillas» es nuestra vitola, nuestro buque insignia y eso que salió en directo y de casualidad, improvisado. Éramos distintos y complementarios, pero completos. Fernando Conde era el catalizador, el que nos guiaba.

–¿Borraría algo?

–Nada. Sólo tengo recuerdos de un pasado feliz.

–¿Cuántas veces le han preguntado si volverán a unirse?

–Muchas. Supimos triunfar, pero también separarnos a tiempo. Yo fui el detonante de esa ruptura.

–¿Y está harto?

–No, porque es normal, significa que la gente nos añora. Es una manera de recibir cariño y recoger frutos.

–¿Sintió miedo escénico al recomenzar solo?

–Sí, me faltaba la apoyatura, el báculo. Me apoyé en un piano –yo soy un pianista frustrado–. No sé ni cómo he sido capaz de seguir.

–¿Quién es Millán fuera del escenario?

–Depende del estado de ánimo. Cuando me bajo soy una persona normal; no puedo estar todo el día interpretando un personaje, como un torero no está todo el día toreando.

El lector

«Soy lector de Prensa, pero no por internet. Eso te aboca a la soledad, a no ducharte, ni afeitarte. Me gusta bajar al bar y leerla mientras desayuno opíparamente. Leo todo: LA RAZÓN, la sinrazón, los deportivos, los nacionales... y me gusta contrastar noticias en distintos periódicos, así veo lo partidistas que somos. Parecerá una tontería, pero me gusta leer los obituarios y echar un vistazo a los horoscopillos. Soy Aries».