Blanca Marsillach: «Estamos más globalizados pero también más dormidos»

La actriz estrena en Madrid una obra de teatro sobre el cambio climático para concienciar a los niños
La actriz estrena en Madrid una obra de teatro sobre el cambio climático para concienciar a los niños

Estrena en Madrid una obra de teatro sobre el cambio climático para concienciar a los niños

Actriz, productora, traductora, empresaria... Esta mujer, de míticos apellidos y belleza de otro reino, estrena en la sala Casa de Vacas: «El toro y el banquero». Una fábula que intenta concienciar a los más pequeños sobre el cambio climático y la necesidad de apostar por las energías renovables. «O abanderas movimientos y pronuncias discursos políticos... O educas en valores medioambientales a los futuros gestores del planeta, que son los niños», sentencia la actriz. Guapa, segura, serena y con un texto en el que cree entre las manos, tomamos el primer café de la mañana, el día del estreno en la capital.

–A pocas horas del estreno, ¿agobiada?

–¿A estas alturas? Nooooo. ¿Para qué? Será lo que el público quiera.

–Parece que en esta obra, coge al toro y al banquero por los cuernos...

–(risas) Llevo tratando de hacerlo muchos años. Parece que uno de los cuernecillos lo he agarrado.

–Para colmo, ¿tenía que ser en el madrileño escenario de Casa de Vacas?

–(risas) Ya se sabe que un buen toro necesita una buena vaca. ¿Dónde mejor que en un sitio con ese nombre, que tiene que ver con el medio ambiente, en el Retiro Madrileño...?

–Los dos últimos años los ha pasado recorriendo España con lo que no sé si llamar fábula: ¿duro o reconfortante?

–Reconfortante. Hacemos una campaña escolar de la mano de Bosch y Junkers con la idea de que cale el mensaje en los chavales de que con la menor cantidad de energía podemos cuidar el medio ambiente.

¿Qué le pasa con los jóvenes, discapacitados, la violencia de genero...?

–Gracias a Dios, no he sufrido nada, pero en mis entrañas se mueve la necesidad de que hay que hacer algo por quienes lo necesitan, porque lo he visto en mi padre y en mi madre. Eso, unido a un momento determinado de mi vida en que me ayudaron unas mujeres (silencio).

–¿Me lo explica mejor?

–Fueron el vehículo para devolver cuanto la vida pudo ofrecerme. No quiero mencionarlas , pero todos pasamos por claroscuros y me rescataron cuando lo necesitaba y marcaron un antes y un después. Son las responsables de que yo convierta el teatro en una tabla de salvación. Recuperar la estima perdida, canalizar de forma altruista mi profesión de actriz.

–Escrita por Elise Varela y bajo la dirección de Pape Pérez, cuentan las peripecias del toro Cortés, bravo y cobarde, que no ha pensado nunca en el medio ambiente. ¿Somos así?

–La gente que se cree muy liberal, no lo es. Sólo tenemos conciencia de lo que ni sabemos ver, porque la cobardía es así: temor político, económico.... Espiritual

–La forma de entender el mundo del protagonista, cambia cuando conoce a una ardilla, una pingüina, un árbol y un niño ¿Los pequeños no están «atufados» de tanto «recadito»?

–Todo es como lo cuentes, porque empalizamos al salir fuera de la obra y romper la cuarta pared

–Y si su Toro es el nuevo Al Gore...

–(risas) Sí, ¿por qué no?

Usted que quería ser madre... ¿en esta obra se pone en clave de tía, docente?

–(Risas) No lo sé. Buena pregunta para quien no es madre. De lo que estoy segura es de desear que se lo pasen bien, desde mi perspectiva de productora y mujer comprometida con el medio ambiente

–Los gobernante remolonean para invertir en energías renovables, algo que lleva tiempo e inversión .

–Pero desde la cultura, sí podemos aprovechar la plataforma que nos ofrece el público. Donde no han querido entrar las administraciones, lo hacen empresas privadas como Bosch y Junkers,

–Monta compañía y productora pero en esta obra, no pisa tablas, ¿dónde ha dejado el ego?

–¡Descansando, que me tenía muy harta! Especialmente ahora que me reciclo y me conciencio.

–Cayetana Guillén ha puesto sobre las tablas una obra dirigida por su padre, «El malentendido» –de Camus–, que representaron los suyos. ¡Vaya generación!

–Qué narices tenían, ¿verdad? La gente de esa época tuvo otro glamur, otra consistencia, y ahora estamos más «globalizados» pero más dormidos. Sus padres, los míos y tantos otros, fueron la caña.

–Con tanto ajetreo antes del estreno, ¿se apoya en el ginseng, el guaraná, la cafeína...?

–Lo que hago es meditar, hacer bikram yoga, beber agua, respirar, dormir bien y no tomarme nada tan en serio.

–¿Se adaptará esta obra en Cataluña?

–Pues, tengo que decirte que sí. El 21 la estrenamos allí y en Castellano..

–¿La lucha de Mandela le da para un próximo proyecto?

–Habrá que coger perspectiva, observar y reflexionar.Pero, ¿por qué no?

–De usted dijo Umbral: «Es la hermana maldita de "Cumbres borrascosas"».

–(risas) ¡Es que Umbral era mucho Umbral! No sé si he cambiado, pero sólo por el cariño que le tenía, me gustaría seguir siendo esa hermana maldita... Además, ¿suena mejor, verdad?

–Y de cine. ¿Para cuando? Almodóvar le prometió un papel que no cuajó.

–Sólo colaboro con la tele, en la dos, pero de cine, no. Nada de nada.

–Penélope Cruz, Paz Vega, Elsa Pataky... Aunque usted ya hizo su periplo americano, ¿repetiría?

–¡No! Voy a EE.UU, pero no me siento con ganas. Sí lo haría empresarialmente y sólo en teatro. Ni en cine ni como actriz Hay gente más capacitada y con más ganas. Lo mío sería poder llevar obras de exclusión social, discapacidad...

–Dijo que no prepararía un libro de memorias pero que nos daría una sorpresa en la música.

–Hice una cosa pequeña que no trascendió. Sí me han ofrecido que escriba un libro pero no creo que lo haga. Lo tengo que pensar. No soy ni escritora ni periodista.

–El amor más raro que ha tenido ¿sigue siendo una orca?

–He variado de especie.