Capa, caso abierto ochenta años después

Ochenta años después, la icónica fotografía del miliciano sigue dando que hablar. El profesor José Manuel Susperregui fija, con motivo de la efeméride, el lugar de la toma y cómo se hizo

Ochenta años después, la icónica fotografía del miliciano sigue dando que hablar. El profesor José Manuel Susperregui fija, con motivo de la efeméride, el lugar de la toma y cómo se hizo

La palabra «enigma» acompaña desde hace 80 años a una imagen convertida en icono y firmada por el fotógrafo Robert Capa. Hablamos de «Muerte de un miliciano», de la que estos días se cumplen precisamente ocho décadas. Un aniversario que sigue envuelto en un halo de polémica: ¿se trata de un montaje? ¿Murió realmente aquel soldado en la Guerra Civil? ¿Es una escenificación? El fotógrafo tenía enteonces poco más de 22 años y desconocía la trascendencia que tendría aquel disparo, imagen que en principio se creyó que había sido realizada en la localidad cordobesa de Cerro Muriano.

José Manuel Susperregui, profesor de la Universidad del País Vasco, sostiene, tras años dedicado a investigar la imagen, que se trata de un montaje fotográfico de quien está considerado como el padre del fotoperiodismo. Fue en 2008 cuando emprendió la investigación. Algo le decía que aquella imagen tenía algo diferente y compró el libro «This Is War. Robert Capa at Work» (2007), un catálogo publicado por Richard Whelan, biógrafo del fotógrafo, que le abrió los ojos. «Aquella imagen de un miliciano anónimo en un campo de rastrojos, con unas montañas borrosas al fondo y una enigmática mancha blanca con forma de trapecio irregular era lo que tenía frente a mis ojos y no había más», explica. ¿O sí? El primitivo emplazamiento de la imagen en la localidad de Cerro Muriano había sido desechado. El lugar de la toma se situó posteriormente en la Haza del Reloj, una de las lomas que rodean a la localidad cordobesa de Espejo. Susperregui aún precisó más la localización situando en el Cerro del Cuco la imagen y avanzó un paso más: no se trataba realmente de la muerte de un miliciano, sino de la «escenificación de la misma», una puesta en escena que ha quedado como icono de la Guerra Civil. Para ello se fijó en otras dos imágenes tomadas por el artista, «milicianos disparando al horizonte» y «El miliciano desconocido», unió sus paisajes y pudo hacerse con una idea más amplia del horizonte que le daría las claves topográficas del lugar, según él, exacto de la toma.

Whelan, hasta el momento de su muerte se alzó como voz crítica frente a las investigaciones y estudios que ponían en cuestión la autenticidad de la imagen. «Es hora de que Capa y Borrell descansen por fin en paz y de proclamar una vez más que el miliciano abatido como una incuestionable obra maestra del periodismo gráfico», asegura. Sin embargo, en un detallado estudio publicado a principios de año en «Communications & Society» (Localización de la fotografía «Muerte de un miliciano», de Robert Capa), Susperregui es contundente desde su primera aseveración: «La fotografía ‘‘Muerte de un miliciano’’ ha estado acompañada de la polémica desde que se publicó en la revista ‘‘Life’’ el 12 de julio de 1937, pero el prestigio de Robert Capa supone un acicate difícil de superar para cualquier juicio que ponga en duda la autenticidad de la instantánea».

En sus conclusiones, el profesor de la Universidad del País Vasco señala un día concreto para al toma de la imagen, el 3 de septiembre de 1936. Llegó a zona republicana desde Francia y tras atravesar Barcelona, Aragón, Madrid y Toledo arribó a la provincia de Córdoba. «El día 5 sabemos que estuvo en Cerro Muriano y debió emplear el día 4 para para rodear Córdoba y de ahí podemos concluir que fue el día 3 cuando estuvo en Espejo, aunque ese día no se disparó un solo tiro en la zona, lo que refuerza la versión de que se trata de una fotografía preparada», concluye, a lo que añade en el artículo publicado en «Communication & Society»: «La batalla de Espejo comenzó el 22 de septiembre y finalizó tres días más tarde, coincidiendo con la publicación de la foto «Muerte de un miliciano» el 23 de septiembre, lo que también descarta totalmente la posibilidad de que Robert Capa hiciera esta fotografía durante la batalla de Espejo». Susperregui continuó con su investigación y se desplazó hasta el Cerro del Cuco para medir literalmente palmo a palmo la orografía del lugar: «Me di cuenta de que coincidían las montañas que se ve ven al fondo de la imagen y la mancha que aparece en la zona de la derecha. No me cabía duda alguna. Añadí, además, que la fotografía no se tomó con una cámara Leica sino con una Reflex Korelle y que Capa utilizó un trípode. Lo sigo manteniendo», añade. Para ello se trasladó hasta la zona y se dedicó a estudiar sobre el terreno: planos, mapas, fotografías, una visita y otra y otra más e incluso hizo un envío de copias a diferentes ayuntamientos de la zona para que le ayudasen a situar definitivamente el paisaje. Obtuvo respuesta cuando menos lo esperaba. Fue en una clase, un alumno reconoció el lugar», comenta. El horizonte y la orografía del lugar le iban a dar las claves «in situ», de ahí que mediante una pértiga fabricada por él, «una jirafa de estudio con un trípode a la que añadí una serie de tubos», colocó la cámara y en pleno campo disparó. Lo que le devolvió a imagen fue una imagen del terreno como al original de Capa con tres alturas posibles, lo que le dio la clave de que era el Cerro del Cuco el lugar sonde se tomó. «Me coloqué en el mismo sitio y vi que la foto era la misma», señala. El investigador también llegó a la conclusión de que Capa había inclinado la cámara 10 grados a la izquierda: «Yo tomé la imagen sin esa inclinación. ¿Qué sucede entonces? Que lo que en la imagen del miliciano es una diagonal en la que tomo yo es una línea horizontal. No hay barrancos, ni cuestas. Además, la postura, presenta un escorzo extraño en el momento de caer, porque se gira. Al eliminar la inclinación de la imagen que había dado Capa se aprecia que simplemente se tira hacia atrás. Estamos ante una orografía horizontal», explica. Y deja para el final una cuestión importante: «Me di cuenta de que el miliciano no miraba a sus enemigos, sino hacia Espejo, ¿le mataron los propios republicanos?. Concluí, entonces, que se trata de una farsa, lo vi desde el primer momento».

No fueron muchas las ocasiones en las que Robert Capa habló sobre la icónica imagen. Sin embargo, en septiembre de 1937 realizó unas declaraciones en «The New York World-Telegram» que fueron reproducidas por Kershaw en 20014: «Capa y el hombre fotografiado, el miliciano, estaban inmovilizados en el frente de Córdoba, Capa con su valiosa cámara y el miliciano con el fusil. El miliciano estaba impaciente por volver a las líneas republicadas. De vez en cuando se encaramaba para mirar por encima de los sacos de arena. Y cada vez se tiraba al suelo en cuanto oía el traqueteo de advertencia de la ametralladora. Al final el miliciano murmuró algo sobre que iba a correr un gran riesgo y salió de la trinchera seguido de Capa. Se oyó la ametralladora y Capa apretó mecánicamente el disparador y cayó de espaldas junto al cuerpo de su compañero. Horas después, cuando se hizo de noche y cesó el fuego el fotógrafo cruzó a rastras el terreno desigual hasta ponerse a salvo. Más tarde se enteró de que había sacado una de las mejores fotos de la guerra española».

Se define como «un David frente a Goliath» y tiene una pretensión: «Que la Agencia Magnum, que tiene el copyright, elimine de su catálogo la imagen de Capa. Ellos saben que se trata de una puesta en escena, pero son incapaces de admitirlo. Deberían hacer algo similar a lo que sucedió con Steve McCurry cuando le retiraron varias fotografías manipuladas».

El 23 de septiembre de 1936 se publica en el número 445 de la revista «Vu» la imagen del miliciano cayendo abatido por un balazo. Es la primera vez que la imagen aparece impresa. Entre el 22 y el 25 del mismo mes, Capa y su compañera, Gerda Taro, ambos con poco más de veinte años cumplidos, no están en la batalla de Espejo, en Córdoba, sino que cubren el frente desde otros destinos. Las fechas, pues, no concuerdan, lo que ha hecho que las sospechas se cernieran sobre la manera en que se tomó la fotografía. Por otra parte, en su libro «Death in The Making», que está dedicado a su compañera y que se publicó en 1938 no se incluye en su interior si la imagen de «El miliciano» ni una segunda en la que se aprecia a otro soldado ya en el suelo abatido por el fuego enemigo (ambas, aparecen junto a estas líneas), ni tampoco otras que tomó en Cerro Muriano. Sólo en la sobrecubierta se hallaba impresa la imagen icónica, de la que en el interior no se facilitaba información. Quedan, pues, incógnitas, aún por despejar.