Carlos Lesmes: «Algunas resoluciones necesitan intérpretes»

Carlos Lesmes / Presidente del Tribunal Supremo

–¿Deben los jueces volver al colegio para «aprender» a redactar de nuevo?

–No tienen que volver al colegio para aprender a redactar porque saben redactar. De lo que se trata es de mejorar, no de aprender, en lo que es la labor que los jueces realizamos habitualmente. Una resolución judicial no sólo debe tener como destinatarios a los abogados y procuradores, que son los que intervienen en un proceso, sino también al ciudadano que ha acudido al tribunal, y, por lo tanto, hay que procurar que el lenguaje sea claro y sencillo para esos destinatarios; y en este campo , hay magistrados y jueces que redactan con sencillez y claridad, y otros, menos. A todos nos viene bien tener un instrumento, como es este libro, para mejorar en el uso del lenguaje, pensando en que los destinatarios últimos de nuestra labor son los ciudadanos, quienes deben entender nuestras resoluciones.

–¿Su preocupación por el uso de un lenguaje más comprensivo viene porque ha detectado un déficit en lo que se refiere a la claridad de las resoluciones?

–Sí, me preocupa la claridad del lenguaje de las resoluciones como a muchos jueces. Debemos conjugar precisión, claridad y sencillez en nuestras resoluciones, pensando siempre que los destinatarios últimos de nuestro trabajo son los ciudadanos que acuden a los tribunales, a los jueces, para que resuelvan sus conflictos. Los ciudadanos no deben necesitar un intérprete para saber qué es lo que un juez quiere decir y por qué lo dice.

–Luego las resoluciones de los jueces necesitan de «intérpretes» para que las entiendan los ciudadanos

–En algunos casos sí se puede entender la resolución, y en otros, no. Hay resoluciones que a un ciudadano medio le cuesta entender lo que dice exactamente, y los jueces debemos tender a que un ciudadano medio, razonablemente instruido, entienda lo que dice esa resolución, sin necesidad de que se lo explique su abogado, porque algunas resoluciones sí necesitan de «intérpretes».

–De la Justicia se dice que está anclada en el siglo XIX. ¿El lenguaje jurídico también?

–Los jueces son herederos de una tradición en cuanto a la forma de redactar sus resoluciones y, en este punto concreto, están anclados en el pasado. Yo soy partidario de la sencillez y la claridad, porque es la mejor forma de redactar.

–¿Por qué están anclados en el pasado en este tema?

–En buena parte, por el propio tecnicismo de este lenguaje, del que no pueden prescindir los jueces, y porque hay profesionales, jueces y no jueces, que creen, a mi juicio, que utilizar una retórica excesiva o un lenguaje incluso oscuro es un lenguaje más culto desde una perspectiva profesional. Yo no lo creo. Pienso que es mejor jurista y mejor juez aquel que escribe con claridad sus decisiones, que narra los hechos de forma inteligible, que expresa sus razones de forma convincente y clara para un ciudadano medio, no para un gran experto.

–¿Se ha llevado muchas veces las manos a la cabeza por la formaen la que están escritas algunas decisiones judiciales?

–Las manos a la cabeza, no, pero sí he constatado que era mejorable la forma de redactar, por ejemplo, una sentencia. En alguna ocasión, he necesitado leer dos veces una resolución para entender algunas cosas, y si yo, presidente del Supremo, he tenido que leer dos veces una resolución para entender algunos aspectos, un lector menos instruido en Derecho no lograría entenderla ni aunque la leyese diez veces. Por eso, debemos aspirar a que una resolución sea comprensible con una simple lectura.