El hombre del péndulo

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Lars von Trier trabaja según la ley del péndulo. A una película polémica y provocativa le sigue otra que busca el consenso. ¿Que no se creen tan peregrina teoría? A «Los idiotas», grabada en vídeo doméstico y con alguna escena porno, le siguió «Bailar en la oscuridad», Palma de Oro en Cannes. A «Anticristo», famosa por sus castraciones, sus zorros parlantes y lo que según sus detractores (que son legión) era una feroz misoginia, le siguió «Melancolía», cuya belleza puso de acuerdo incluso a los que aplaudieron que le declararan persona non grata en Cannes. Ahora toca provocación clasificada.

Lo cierto es que Von Trier nos tima, nos engaña, nos hace creer que se amansa cuando lo que hace es repetirse mientras hace el pino-puente. ¿Acaso «Anticristo» y «Melancolía» no son la misma película? No sólo porque ambas tratan sobre la depresión sino porque relatan el enfrentamiento de los dos ejes vertebradores de su cine: la emoción pura y la razón pura. Siempre gana la emoción, por supuesto, porque es la única que puede morder la corteza de la verdad y profundizar en ella, por mucho que ésta sea terrible. Y la emoción pura es femenina. ¿Cómo reducir al que tal vez sea el cineasta más femenino de los últimos veinte años, junto con Woody Allen, a las cenizas de la misoginia? Puede ser que haya actrices que no entiendan sus métodos, pero a Kidman, a Björk, a Kirsten Dunst y a Emily Watson les ha regalado personajes tan hermosos que ninguna de ellas se atrevería a decir que el viaje no ha valido la pena. Mártires adictas al sacrificio o ángeles exterminadores, son las únicas capaces de quitarle la máscara a lo real y mostrarnos el simulacro de lo que llamamos lógica, sistema o civilización.

Creador de formas en estado de gracia, experto publicista de sí mismo (la campaña viral de «Nymphomaniac» está siendo especialmente agresiva), tímido exhibicionista, Lars von Trier reinventa el cine como si a cada película empezara de nuevo. Sus rarezas son las de un hombre que no sabe qué hacer con sus emociones, y que busca en sus heroínas un reflejo de lo que le gustaría llegar a ser: un artista que se ha liberado de las ataduras de la razón.