Julie Delpy: «Hollywood sigue viviendo en el mundo de Disney»

Julie Delpy estrena su sexto filme como directora, «Lolo, el hijo de mi novia», una comedia que ahonda en la adolescencia y las relaciones entre padres e hijos

La actriz, durante un paseo por la Plaza de España de Madrid
La actriz, durante un paseo por la Plaza de España de Madrid

Julie Delpy estrena su sexto filme como directora, «Lolo, el hijo de mi novia», una comedia que ahonda en la adolescencia y las relaciones entre padres e hijos

Julie Delpy estrena el 22 de julio «Lolo, el hijo de mi novia», una cinta que llega refrendada por su éxito en Francia y que, detrás de su apariencia de comedia veraniega, aborda temas serios, como las relaciones de las mujeres solteras cuando ya han superado los cuarenta años y las adolescencias de los hijos consentidos. La actriz, que, en esta ocasión, también es guionista y directora, ha contado con dos viejos amigos, dos conocidos de la interpretación para firmar esta película de cierto aire ligero: Dany Boon y Vincent Lacoste. El primero se mete en la piel de un hombre de provincias, nada vivo y con un gusto terrible para la ropa, que llega a París para encontrar su gran ocasión laboral y que, mientras tanto, se enamora, de Violette (Julie Delpy), una mujer urbana, muy snob, acomplejada, inmersa en el mundo de la moda. El segundo, interpreta al hijo de esta madre hipocondriaca, estresada, pesimista, pero con su propio encanto; un chaval que llega muy sobrado, con toda la prepotencia de la juventud y que no vacilará en destruir la nueva relación de su madre empleando toda clase de argucias y métodos. Es un crío mimado, consentido, manipulador y vivo. Un pequeño satán doméstico que es el eje de la cinta. «Es bueno usar la comedia para contar cosas. De hecho, me gusta el humor para contar temas sombríos. Pero, además, he recurrido a este género por otro motivo que es más serio: es mucho más fácil conseguir financiación para esta clase de propuestas que para un drama. No sé por qué, pero es así», apuntó la actriz riéndose. Por debajo de las situaciones cómicas que plantea en el guión hay cierta denuncia a diversos temas, aparte de la posible mirada crítica hacia esos adolescentes egoísta y megalómanos que va criando nuestra sociedad. Uno de ellos es el de la moda y el contraste que existe entre París y el resto de Francia que, directamente, es la provincia. Ayer, durante la presentación de «Lolo, el hijo de mi novia», Delpy, que siempre tira con bala, no se mordió la lengua al referirse a esta situación: «Los parisinos son unos auténticos snob. Y lo digo yo, que he crecido allí. Y el mundo de la moda es todavía más snob, como el del cine. El parisino, en mayor o en menor grado, es un snob siempre. No es como en España, que tiene dos ciudades importantes, Madrid y Barcelona. En mi país no sucede eso. Solamente existe París».

La juventud y el poder

Delpy, que muchos comparan con Woody Allen, algo que ella agradece, fue también crítica con Hollywood por cómo la mujet está allí considerada a partir de los cuarenta: «En una ocasión fui a una fiesta allí. Y vi a un montón de hombres de 60 o 70 años con modelos de veinte años; y, luego, vi a un montón de mujeres mayores que estaban solas. Resultaba ridículo. Es increíble en cierta forma. Parece que a partir de cierta edad, tener a alguien más joven que tú a tu lado es una manera de demostrar poder». Después, recurriendo a la ironía, apostilló: «Kathryn Bigelow dirige porque se viste como un militar. En Estados Unidos si eres mujer, demuestras fortaleza y mandas, te comparan inmediatamente con la bruja que aparece en el cuento de Blancanieves, porque en el fondo, Hollywood sigue viviendo en el mundo de Disney». La actriz, de todas maneras, se mostró amable con las grandes industrias y añadió: «el mundo del cine independiente es todavía más machista».

Entre las múltiples dificultades que tuvo que afrontar Julie Delpy para sacar adelante este trabajo, no estuvo contar con la presencia del diseñador Karl Lagerfeld, que en apariencia parece una tarea complicada: «Tengo varias amigas que trabajan para su firma de ropa y se lo comentaron. El problema no era contar con él, que se ilusionó con la idea de participar, sino que él aceptara bajar a una estación de metro, donde se desarrolla la escena. Él –explicó Delpy– tiene fobia a entrar en el metro. Tuvimos que convencerle para que lo hiciera. Pero lo conseguimos», explicó sonriendo.

La realizadora reconoció que desde hace 25 años tiene en el cajón una historia para la que todavía no ha reunido suficiente financiación. «Costaría alrededor de 4,9 millones de libras, digo libras porque se desarrolla en Reino Unido, pero resulta que me han confirmado que sólo tenemos 2,5. ¿Cómo recortan la diferencia? Entre otras cosas, implicándome a mí en la banda sonora y que participe en varios aspectos del filme –comentó con humor la actriz–. No puedo aclarar por qué, pero siempre termino rodando con la mitad del presupuesto que necesito. Es absurdo, porque mis películas funcionan cuando se estrenan, todos ganan, pero cada vez que inicio un nuevo proyecto, el contador está de nuevo a cero a la hora de buscar una buena financiación, porque, seamos claros, una película no es un libro, que escribes y publicas, y un guión no es nada, más que el mapa de un filme. Aquí se requiere una inversión considerable. El filme más pequeño necesita alrededor 250.000 euros para empezar».