La doble vida de Wahlberg

Profesor universitario de día. Amante, demasiado, de la ruleta, cuando cae el sol. El actor, transformado y más delgado, apuesta todo en «El jugador», en la que participa como protagonista y productor.

Ha sido un infiltrado, el tirador, el luchador y ahora «El jugador». Mark Wahlberg, uno de los actores más taquilleros de Hollywood, estrena su nueva película con una interpretación que le enfrenta a la apuesta más importante de su vida: encontrarse a sí mismo. Bajo la piel de Jim Bennet, un profesor de Literatura de situación económica preferente y familia acomodada, se esconde un ludópata nihilista que juega con el azar a la autodestrucción. Un protagonista de doble vida con tres ases en la manga para su salvación: su alumna Amy, que interpreta Brie Larson («Las vidas de Grace»), su madre Roberta, interpretada por la oscarizada Jessica Lange («King Kong» y «Blue Sky»), y Frank, un gángster al que da vida John Goodman («Los Picapiedra»). Siete días cruciales en la vida de Bennet se relatan en «El jugador», dirigida por Rupert Wyatt («El origen del planeta de los simios») y que ha recaudado 5 millones de dólares en la taquilla estadounidense desde su estreno el 25 de diciembre. «Mostramos un personaje de una sociedad moderna que es un poco autodestructivo pero increíblemente astuto, inteligente y poético», afirma Wyatt.

Doble transformación

Resulta complicado sabotear la buena suerte con la socarronería con que lo hace Wahlberg o desprender con tal veracidad el cinismo con que revuelve los complejos de sus alumnos. La carga interpretativa del papel, además de la apariencia física que exigía, ha sido todo un reto para el actor estadounidense, cuyo pasado podría encajar en la semilla del inconformista Bennet, un hombre que desprecia la educación recibida y la posición de su familia. «A nivel intelectual, fue un papel sumamente difícil por tener que interpretar a un catedrático de la universidad y ser yo alguien que no acabó el instituto», admite Walhberg, que se reunió con el director del departamento de literatura de la Universidad de Michigan, asistió a conferencias en universidades y se leyó el guión de William Monahan («Infiltrados») un par de veces al día, con el empeño de conseguir una auténtica transformación en sí mismo. Criado en Boston, católico, hijo de familia numerosa, con un pasado turbio de adicciones y delincuencia juvenil, el actor pasó de ser un rapero a uno de los rostros más cotizados de la factoría del cine americano, en la que empezó su carrera con un papel en «Boogie Nights» y otras producciones como «Infiltrados», «Shooter», «The Fighter» y «Ted», de la que prepara la segunda parte.

Un actor de desafíos

Ser «El jugador» supuso un esfuerzo para Wahlberg, pero al mismo tiempo le hacía ilusión. «No soy alguien que se arrugue ante un desafío. Aprovecho las oportunidades para hacer algo diferente e inesperado, pero me aseguro de estar preparado», dice el estadounidense, que además de una vasta documentación sobre el personaje tuvo que «desinflar» la musculatura que siempre le ha caracterizado y que fue exigencia para «Transformers: la era de la extinción», el filme del año, que ha recaudado más de 1.000 millones de dólares, una saga en la que ya se ha comprometido para rodar una quinta cinta. El resultado en la gran pantalla tras el intenso trabajo ha sido el mismo atractivo con 27 kilos menos. El actor cuenta que cambió completamente su dieta, porque «Jim es de la clase de personas a las que no les preocupa mucho su apariencia. No hace ejercicio y come bien, por lo que encajaba con el papel». Se trata de un hombre acomodado, brillante y apático. Más que poseído por la avaricia o por el ansia de riqueza, desea sentirse ganador, en la ruleta, ante la mafia, enfrente de su madre y con él mismo. «En la adaptación –afirma Monahan–, el juego es solamente una manifestación de una tendencia más general hacia la autodestrucción. Es un hombre que quiere desembarazarse de todo y volver a empezar».

El filme es un «remake» de un clásico homónimo de los setenta, que se inspiró en el protagonista de la novela de Dostoievsky, del mismo nombre, en la que el propio autor contaba su adicción al juego de la ruleta. La de 1974, dirigida por Karel Reisz, estuvo protagonizada por James Caan, a quien Wahlberg se mide e incluso supera, según las críticas, en esta nueva versión. «Una desinhibida historia acerca de un hombre en busca de su propia identidad y al que se le ocurre un plan para sacar a la luz quién es él en realidad. Un auténtico marginado enfrentándose al sistema y buscando su individualidad», afirma Wyatt. Que además incluye en el reparto al legendario George Kennedy, con más de 90 años a sus espaldas, en el papel de Ed, el abuelo de Jim Bennet, pieza clave en el cambio de mentalidad del protagonista y a quien Wahlberg admira desde que tenía siete años.

La fuerte personalidad de Bennet y su comportamiento, a veces inexplicable, necesitaban de la dimensión simpática que sólo Wahlberg podía darle para hacer un protagonista carismático que, a pesar de su deriva, conquistara la pantalla. Tanto Rupert como el propio actor –que también participa en la producción por lo mucho que le enganchó el guión– trabajaron por conseguir ese efecto con el personaje. «Hicimos una pareja estupenda –comenta Wahlberg–, veíamos la obra de la misma manera. Tenía que tener mucho color, mucha energía». Como añadido a la fuerza del guión y la exigencia interpretativa, el escenario pone el toque final descubriendo rincones diferentes de Los Ángeles, desconocidos y ocultos, más allá de las luces de casinos. El protagonista cuenta que «la ciudad es ciertamente un personaje más de la película. Rodar allí, estar en casa con mi familia, fue algo muy importante para mí durante todo el rodaje». Mark Wahlberg, que ha demostrado su potencial interpretativo tanto en blockbusters como en películas de autor, confiesa que le ha encantado interpretar este papel. «No siente absolutamente ningún remordimiento. No le importa si vive o no hasta que conoce a Amy, que le da una razón para salir de esa situación. Finalmente encuentra un objetivo en algo que le motiva a volver a empezar su vida desde cero»... y se lo juega todo para conseguirlo.