«No es mi tipo»: La filosofía en el tocador

Dirección y guión: Lucas Belvaux (novela de Philippe Vilain). Intérpretes: Émilie Dequenne, Loïc Corbery, S. Nkake. Francia, 2014. Duración: 111 minutos. Comedia romántica.

¿Puede el trabajo de una actriz redimir las flaquezas de una película? ¿O, lo que es más curioso, hacerte olvidar que estás viendo una película fallida hasta que llega el momento, lejos de los créditos finales, de la verdad? Lucas Belvaux intenta trascender las obvias limitaciones del esquema argumental de «No es mi tipo» –la improbable historia de amor entre un profesor de filosofía recién llegado a provincias y una peluquera– tomándosela en serio de cabo a rabo. La tentación no es la comedia romántica sino el melodrama. Por un lado, es de agradecer que Belvaux no caricaturice los tópicos que sustentan la relación, a saber, las diferencias socioculturales entre dos personajes que están en extremos opuestos del espectro amoroso. Por otro, acaba por desecarlas, por encerrarlas en una burbuja que se contagia de la frialdad del filósofo, que tiene tanto encanto como un trozo de tiza. Algunas situaciones se repiten hasta la saciedad mientras otras que habrían necesitado más desarrollo se cortan abruptamente. Si el conflicto está escrito en los genes de los dos estereotipos que encarnan Loïc Corbery y Émilie Dequenne (a saber: el intelectual con miedo al compromiso y la chica vulgar con el corazón en la mano), la Rosetta de los Dardenne consigue, ella solita, dotar de alma a una trama inconsistente. Dequenne cree en su personaje, nunca lo trata con condescendencia, no lo hierve en una dependencia pigmalionesca, no lo banaliza a pesar del karaoke y Jennifer Anniston, hay en ella una inteligencia, una autenticidad, de la que carece su contraplano masculino, del que nadie en su sano juicio llegaría a enamorarse. En cierto modo, Dequenne es la culpable de que el filme no aborde realmente la vida de una pareja con diferencias irreconciliables, sino la historia del despertar de una mujer que, un buen día, se da cuenta de que la única manera de vencer al amor (o a su contrario) es decir no.