«Suburbicon»: humor negro y racismo descafeinado

Matt Damon encarna a un oficinista que se ha metido en serios problemas
Matt Damon encarna a un oficinista que se ha metido en serios problemas

George Clooney se pone por séptima vez detrás de las cámaras en «Suburbicon», vapuleada por la crítica y que ha logrado una exigua recaudación.

George Clooney vuelve a colocarse tras las cámaras con «Suburbicon». Su séptimo filme como director –una trayectoria que discurre paralela a su carrera como actor y donde ha conseguido éxitos notables como «Buenas noches, y buena suerte» y «Los idus de marzo», dos trabajos de marcado acento político– está ambientado en la década de los cincuenta, una época de la historia de Estados Unidos marcada por la prosperidad económica, el consumismo de masas y las urbanizaciones. Un modelo de vida social, la mencionada «American Way of Life», que en el fondo servía para cubrir, como si se tratara de una alfombra de lujo, las docenas de prejuicios y miserias latentes en la conciencia de los buenos ciudadanos, como ya ha retratado el cine en varias ocasiones. Para esta cinta, el actor y director ha contado con dos actores habituales de la gran pantalla y que gozan de un enorme prestigio, como es Julianne Moore y de un reconocimiento público evidente en el caso de Matt Damon. Con ellos ante las cámaras, el director se ha embarcado en una sátira localizada en un suburbio típico americano (al que hace referencia el título) con sus casas idénticas, sus coches en el garaje y su césped cortado a la perfección. Pero la tranquilidad de este vecindario de acomodadas familias y de aspiraciones modestas –encontrar un buen empleo, una novia y formar una familia– se terminará cuando se mude a él una familia de negros, lo que es considerado por los demás habitantes, todos blancos, por supuesto, como una auténtica invasión, asomando en ellos los impulsos xenófobos que ninguno, si se le preguntara, aceptaría tener. Los protagonistas de esta narración son Gardner Lodge, el característico ejecutivo de oficina (al que encarna Damon), su esposa (Moore) y su hijo Nicky (Noah Jupe), que con sus papeles pondrán en cuestión el celebrado sueño americano. «Uno ya tiene bastante con dirigir como para encima ponerse delante de la cámara. Es mejor sentarse en la sila, centrarte en la dirección y ver cómo los actores realizan un trabajo estupendo», declaraba, no sin mostrar cierto sentido del humor, George Clooney al hablar de su nuevo incursión como realizador. El proyecto, en el fondo, procede de tiempo atrás. Los Coen, que firman el guión, habían elegido al actor de «Ocean’s Eleven» para una comedia negra ambientada en los años cincuenta que pensaron en los albores del año 2000. Era un pequeño papel de investigador, pero como la idea jamás terminó de cuajar, la historia fue a parar al baúl de los recuerdos, donde quedó olvidada. Pero Clooney y su socio, el escritor Grant Heslow, lo han rescatado de ese rincón ignorado y lo adecuaron a una historia real, la de una familia de afroamericanos, los Meyers, que decidieron trasladarse a un suburbio de Pensilvania, con las calles habitadas por una alta estadística de hombres caucásicos, y donde fueron sistemáticamente acosados.

Siguiendo a «Fargo»

«Para mí resultaba esencial remarcar que eventos semejantes no son algo que pertenezcan al pasado, que hayan desaparecido en nuestra sociedad actual. Pero, que quede claro que no intento impartir una lección a nadie, más que nada era reflexionar sobre este suceso», explicaba Clooney. Los Meyer, interpretados por Leith M. Burke, Karimah Westbrook y Tony Espinosa, sufrirán desde el primer instante la rabia de unos vecinos predispuestos a montar altercados enfrente de su hogar, imperdirles comprar en los supermercados y atormentarles a diario con toda clase de argucias y artimañas. Pero mientras los vecinos andan preocupados por este asunto, Damon, en cambio, tiene entre manos algo más importante: ocultar el asesinato que ha cometido para cobrar un seguro de vida. «Cada vez que se produce un acto racista debemos pensar que es algo que se engancha en nuestra alma y que debemos exorcizar», aseguraba Clooney, quien reconoció que «nadie esperaba que Trump ganara las elecciones cuando escribimos el guión, que tiene toques humorísticos y que los Coen redactaron siguiendo la pauta que se marcaron en “Fargo”». El nuevo inquilino de la Casa Blanca obligó al actor a rebajar el sarcasmo y moderarse, algo que, parece, ha sido perjudicial y una de las causas, según se señala, de que no haya funcionado en taquilla como se esperaba en un principio. Él, para muchos todavía el eterno galán de «Urgencias» y de unos célebres anuncios de café, sugirió en el Festival de Toronto que quizá estas películas en las que se aborda el racismo deberían ser dirigidas por personas de raza negra. «Me encantaría ver esta cinta con Ava DuVernay tras la cámara, que se encargó de “Selma” o Steve McQueen, conocido por “Doce años de esclavitud”. Ellos, sin duda, tendría una visión diferente a la mía y seguramente sería mejor porque han vivido en primera persona esta clase de situaciones. Mi versión es lo que he visto: el odio y la angustia de perder tu posición ante las minorías». El director y actor ha confesado que solo ha cobrado 50.000 dólares por escribir, producir y dirigir esta cinta, que le ha ocupado dos años. «No hago estos proyectos por dinero. Tu estatus en la industria no te da carta blanca para obtener las cantidades de dinero que deseas a espuertas», afirma convencido.

Con esta apuesta, ha vuelto a demostrar su debilidad por proyectos independientes, que se salen de las normas y de las reglas impuestas en los estudios de Hollywood, donde se miran con recelo las propuestas diferentes, que se saltan lo establecido. Los «majors» no están dispuestas a financiar diversas ideas, y menos con filmes cuyo recorrido puede extenderse o, incluso, alargarse, fuera de la gran pantalla. Pero, parece que los productores, en este caso puntual, no deben haber errado en sus previsiones, porque a pesar de las buenas intenciones de George Clooney, el título no ha acabado de arrancar y los resultados han quedado lejos de las expectativas marcadas. Los críticos han sido bastante severos con la cinta. Uno de los principales problemas que han subrayado es que las dos líneas argumentales no acaban de funcionar de manera conjunta, lo que redunda en un ritmo deficiente. Rooten Tomatoes, una de las webs referenciales para las reseñas cinematográficas, le otoró un 29 por ciento, un ratio bajo para esta clase de trabajos, y en «The Washington Post» se apuntó, de manera explícita y sin dar más rodeos, que ya basta de emocionarse con las películas de Clooney. Lo que todavía no está claro y quizá haya que dilucidar en el futuro son los motivos reales del fracaso de su nuevo trabajo, que aún no están demasiado claras: si se debe realmente a una cinta malograda, que no convence o la relación de Matt Damon y George Clooney con Harvey Weinstein.

George Clooney vuelve a colocarse tras las cámaras con «Suburbicon». Su séptimo filme como director –una trayectoria que discurre paralela a su carrera como actor y donde ha conseguido éxitos notables como «Buenas noches, y buena suerte» y «Los idus de marzo», dos trabajos de marcado acento político– está ambientado en la década de los cincuenta, una época de la historia de Estados Unidos marcada por la prosperidad económica, el consumismo de masas y las urbanizaciones. Un modelo de vida social, la mencionada «American Way of Life», que en el fondo servía para cubrir, como si se tratara de una alfombra de lujo, las docenas de prejuicios y miserias latentes en la conciencia de los buenos ciudadanos, como ya ha retratado el cine en varias ocasiones. Para esta cinta, el actor y director ha contado con dos actores habituales de la gran pantalla y que gozan de un enorme prestigio, como es Julianne Moore y de un reconocimiento público evidente en el caso de Matt Damon. Con ellos ante las cámaras, el director se ha embarcado en una sátira localizada en un suburbio típico americano (al que hace referencia el título) con sus casas idénticas, sus coches en el garaje y su césped cortado a la perfección. Pero la tranquilidad de este vecindario de acomodadas familias y de aspiraciones modestas –encontrar un buen empleo, una novia y formar una familia– se terminará cuando se mude a él una familia de negros, lo que es considerado por los demás habitantes, todos blancos, por supuesto, como una auténtica invasión, asomando en ellos los impulsos xenófobos que ninguno, si se le preguntara, aceptaría tener. Los protagonistas de esta narración son Gardner Lodge, el característico ejecutivo de oficina (al que encarna Damon), su esposa (Moore) y su hijo Nicky (Noah Jupe), que con sus papeles pondrán en cuestión el celebrado sueño americano. «Uno ya tiene bastante con dirigir como para encima ponerse delante de la cámara. Es mejor sentarse en la sila, centrarte en la dirección y ver cómo los actores realizan un trabajo estupendo», declaraba, no sin mostrar cierto sentido del humor, George Clooney al hablar de su nuevo incursión como realizador. El proyecto, en el fondo, procede de tiempo atrás. Los Coen, que firman el guión, habían elegido al actor de «Ocean’s Eleven» para una comedia negra ambientada en los años cincuenta que pensaron en los albores del año 2000. Era un pequeño papel de investigador, pero como la idea jamás terminó de cuajar, la historia fue a parar al baúl de los recuerdos, donde quedó olvidada. Pero Clooney y su socio, el escritor Grant Heslow, lo han rescatado de ese rincón ignorado y lo adecuaron a una historia real, la de una familia de afroamericanos, los Meyers, que decidieron trasladarse a un suburbio de Pensilvania, con las calles habitadas por una alta estadística de hombres caucásicos, y donde fueron sistemáticamente acosados.

Siguiendo a «Fargo»

«Para mí resultaba esencial remarcar que eventos semejantes no son algo que pertenezcan al pasado, que hayan desaparecido en nuestra sociedad actual. Pero, que quede claro que no intento impartir una lección a nadie, más que nada era reflexionar sobre este suceso», explicaba Clooney. Los Meyer, interpretados por Leith M. Burke, Karimah Westbrook y Tony Espinosa, sufrirán desde el primer instante la rabia de unos vecinos predispuestos a montar altercados enfrente de su hogar, imperdirles comprar en los supermercados y atormentarles a diario con toda clase de argucias y artimañas. Pero mientras los vecinos andan preocupados por este asunto, Damon, en cambio, tiene entre manos algo más importante: ocultar el asesinato que ha cometido para cobrar un seguro de vida. «Cada vez que se produce un acto racista debemos pensar que es algo que se engancha en nuestra alma y que debemos exorcizar», aseguraba Clooney, quien reconoció que «nadie esperaba que Trump ganara las elecciones cuando escribimos el guión, que tiene toques humorísticos y que los Coen redactaron siguiendo la pauta que se marcaron en “Fargo”». El nuevo inquilino de la Casa Blanca obligó al actor a rebajar el sarcasmo y moderarse, algo que, parece, ha sido perjudicial y una de las causas, según se señala, de que no haya funcionado en taquilla como se esperaba en un principio. Él, para muchos todavía el eterno galán de «Urgencias» y de unos célebres anuncios de café, sugirió en el Festival de Toronto que quizá estas películas en las que se aborda el racismo deberían ser dirigidas por personas de raza negra. «Me encantaría ver esta cinta con Ava DuVernay tras la cámara, que se encargó de “Selma” o Steve McQueen, conocido por “Doce años de esclavitud”. Ellos, sin duda, tendría una visión diferente a la mía y seguramente sería mejor porque han vivido en primera persona esta clase de situaciones. Mi versión es lo que he visto: el odio y la angustia de perder tu posición ante las minorías». El director y actor ha confesado que solo ha cobrado 50.000 dólares por escribir, producir y dirigir esta cinta, que le ha ocupado dos años. «No hago estos proyectos por dinero. Tu estatus en la industria no te da carta blanca para obtener las cantidades de dinero que deseas a espuertas», afirma convencido.

Con esta apuesta, ha vuelto a demostrar su debilidad por proyectos independientes, que se salen de las normas y de las reglas impuestas en los estudios de Hollywood, donde se miran con recelo las propuestas diferentes, que se saltan lo establecido. Los «majors» no están dispuestas a financiar diversas ideas, y menos con filmes cuyo recorrido puede extenderse o, incluso, alargarse, fuera de la gran pantalla. Pero, parece que los productores, en este caso puntual, no deben haber errado en sus previsiones, porque a pesar de las buenas intenciones de George Clooney, el título no ha acabado de arrancar y los resultados han quedado lejos de las expectativas marcadas. Los críticos han sido bastante severos con la cinta. Uno de los principales problemas que han subrayado es que las dos líneas argumentales no acaban de funcionar de manera conjunta, lo que redunda en un ritmo deficiente. Rooten Tomatoes, una de las webs referenciales para las reseñas cinematográficas, le otoró un 29 por ciento, un ratio bajo para esta clase de trabajos, y en «The Washington Post» se apuntó, de manera explícita y sin dar más rodeos, que ya basta de emocionarse con las películas de Clooney. Lo que todavía no está claro y quizá haya que dilucidar en el futuro son los motivos reales del fracaso de su nuevo trabajo, que aún no están demasiado claras: si se debe realmente a una cinta malograda, que no convence o la relación de Matt Damon y George Clooney con Harvey Weinstein.