Un «cáncer criminal» amenaza Boston

Scott Cooper lleva a la pantalla el mayor escándalo del FBI: la colaboración entre un agente y el criminal «Whitey» Bulger, interpretado por Johnny Depp.

A Scott Cooper no le gusta que a «Black Mass» se la etiquete como «cine de gángsters»: «Casi todas mis peliculas favoritas y de las que yo considero entre las mejores de la historia son de este género, pero no he hecho una película de gángster; es decir, ésta no es una cinta de criminales que resultan ser seres humanos, sino una de seres humanos que resultan ser criminales. Y hay una diferencia muy grande». Sea como fuere, «Black Mass» entronca con filmes de Scorsese o Coppola y nos hunde, minuto a minuto, en una atmósfera de corrupción que recuerda a la de este tipo de cineastas.

Lo primero que habría que decir respecto a la cinta dirigida por Scott Cooper es que está basada en uno de los mayores escándalos (quizás el mayor) de la historia del FBI: la relación interesada entre el agente federal John Connolly (interpretado por Joel Edgerton) y el mafioso James «Whitey» Bulger (Johnny Depp), quien pasó del crimen de barrio en las comunidades católicas del sur de Boston, a ser confidente del FBI y, gracias a la inmunidad que ello le proporcionaba, acabó convirtiéndose en el gángster más importante de la ciudad, logrando desbancar a la mafia italiana y ampliando sus redes de extorsión, crimen y negocios sucios a localidades como Las Vegas. A finales de los años 80, dos periodistas del «Boston Globe» destaparon el caso y el escándalo afectó seriamente a la credibilidad del FBI. Bulger y Connolly dieron con sus huesos en la cárcel.

«No es un documental»

Copper sabe que su historia se va a mirar (se mira ya) con lupa en Estados Unidos. Y aunque varios mafiosos implicados y el FBI han mostrado su disconformidad con algunos puntos, considera que «Black Mass» es lo más cercano a la realidad de los hechos que podía contarse en sólo dos horas. «Esta historia, la verdad, es muy complicada de narrar. La versión de Bulger es muy distinta a la del FBI y la de John Connolly. Pero no estábamos haciendo un documental. La gente no viene a buscar hechos, sino una verdad psicológica, humanidad y emoción. De todos modos, trabajé de cerca con los autores del libro en el que está basada la película, que son los dos reporteros del ‘‘Boston Globe’’ que cubrieron la historia durante muchos años; también trabajé con el FBI y con la acusación del caso... Todos aprobaron el guión y desde su punto de vista era una visión bastante realista de lo ocurrido. Pero esto es así. Yo tengo dos hijas pequeñas y si una tira del pelo a la otra y ésta le pega una patada, para cuando yo llego ya hay dos versiones de la historia».

Si el material de «Black Mass» es potente se debe, en buena medida, a la complejidad de sus personajes, una serie de tipos más o menos recomendables nacidos y criados en el sur de Boston, dentro de unas esferas familiares creyentes y unos vínculos sociales que tenían la lealtad como gran modo de expresión comunitaria. «Hay mucha gente que entrevisté para esta película que admira a Connolly por su lealtad con Bulger», señala Cooper. Esa lealtad del agente federal, que nunca confesó ante el juez y cumple por ello cárcel a día de hoy, hacia un gángster que utilizó al FBI como trampolín. Ambos crecidos en las mismas calles. Al igual que el tercero en discordia: el hermano senador del criminal Bulger. Su figura es más opaca: «Me habría encantado explorar más esa relación, pero hay muy poca información y, además, si hubiera intentado contar eso me habrían criticado y hasta llevado a juicio por especular».

En cualquier caso, si alguien reina sobre la galería de tipos de «Black Mass» es Bulger, un despiadado criminal que muestra de puertas para adentro el reverso humano. A eso se refiere Cooper con su preferencia por las historias de «seres humanos que resultan ser criminales».

En la tarea de «animar» un personaje tan poliédrico, tan salvaje y al mismo tiempo capaz de embaucar a su entorno y derretirse ante su madre, el director ha contado con un intérprete de excepción en un rol que ya muchos consideran de Oscar: Johnny Depp. A pesar de llevar sólo tres filmes como director, Copper ya ha trabajado con Jeff Bridges («Corazón rebelde») y Christian Bale («Out of the Furnace») en papeles protagonistas.

Interpretar al opuesto

Ahora se muestra totalmente rendido ante las dotes de Depp: «Trabajar con él es increíble, extraordinario. Todos ellos (Bridges, Bale, Depp) tienen formas diferentes de entrar en el personaje y quedarse en él. Johnny siempre se transforma físicamente para sus papeles (pensemos en Eduardo Manostijeras, Ed Wood o Sparow) y al final acabas viendo de verdad a Bulger. Pero la transformación emocional y psicológica es la que de verdad te encandila. Él es una persona muy gentil, muy suave, muy del alma y muy profundo y el personaje que ves en la pantalla es completamente lo opuesto».

Asegura Cooper que «no hemos dado glamour ni romantizado a Bulger. He intentado ser imparcial y que mi cámara no se mueva demasiado ni la violencia parezca un ballet. Cuando veo películas con la violencia coregrafiada, deja de emocionarme en ese momento». Pero, a pesar de la pretendida imparcialidad, la película ha levantado suspicacias en algunos sectores al mismo tiempo en que era saludada por otros: «Creo que la ciudad de Boston ha acogido la cinta con los brazos abiertos, aunque conocí a gente que me dijo que lo que hizo Bulger fue bueno para la comunidad. Lo cierto es que las heridas emocionales todavía están abiertas y me preocupan las víctimas. Hay gente que dijo –y me refiero a críticos y no a víctimas– que era demasiado pronto para contar esta historia. Pero, ¿cuando es demasiado pronto y cuándo no? Si dejas que los demas influyan en ti, entonces tu trabajo siempre será demasiado «seguro», siguiendo la línea central para no molestar a nadie y yo no tengo interés en hacer cine así».

Lo suyo, está claro, es escocer. Y quizás por ello, por su retrato de una Boston y un FBI «envueltos en una masa cancerígena» (como él mismo dice), los nombres de Martin Scorsese y Francis Ford Coppola saltan a la palestra. Copper venera a ambos: «No imagino ni siquiera tener mi nombre en la misma frase que ellos. No niego sus influencias, pero somos directores con estilos diferentes, tanto en la actuación que pedimos como en el vocabulario cinematografico. La única comparación es el género, aunque repito que yo he hecho un drama humanista, no una película de gángsters». Aunque la etiqueta le moleste, ya hay quien considera «Black Mass» una de las más notables cintas de este género del año.