Da Vinci: atlas completo de un artista poliédrico

Doscientas obras de un centenar de museos se dan cita en Milán en una exposición multidisciplinar, la más vasta sobre el artista en su país natal desde 1939

Leonardo da Vinci vuelve a Milán, donde trabajó bajo el mecenazgo de Ludovico Sforza hasta que los franceses tomaron la ciudad en 1499 y le tocó buscar fortuna en otras ciudades italianas. El genio del Renacimiento retorna en un año muy señalado para la capital lombarda, cuando intenta volver a situarse a la vanguardia europea al acoger la Exposición Universal que abrirá sus puertas el próximo 1 de mayo. El polifacético artista regresa a Milán con una sustantiva exposición que, según sus organizadores, cumple tres primados: es la muestra del año en Italia; la más importante sobre su vida y su obra realizada en su país desde 1939; y la propuesta cultural más importante durante los seis meses que durará la Exposición Universal. Estará abierta hasta el próximo 19 de julio y puede visitarse en el Palacio Real de la capital económica del país transalpino.

«Leonardo da Vinci, 1452-1519», como se titula la exposición, es fruto de cinco años de trabajo y de la colaboración de algunas de las mejores colecciones del mundo. Acoge 200 obras provenientes de un centenar de museos, bibliotecas e institutos de todo el orbe. Entre ellos destaca el Louvre y la colección de la Reina de Inglaterra. Excepto la «Mona Lisa» y la «Virgen de las Rocas», que se quedan en París para no defraudar a sus miles de visitantes, han viajado a Milán sus otras grandes obras maestras pictóricas, como la inquietante «Bella Ferroniere», la «Pequeña Anunciación» o el «San Juan Bautista». En este último cuadro el maestro utilizó los rasgos de Gian Giacomo Caprotti, alias Salai, el atractivo joven con el que convivió durante 25 años y que fue su alumno y su amante. Salai tenía uno de esos rostros enigmáticos, con rasgos andróginos, en los que Leonardo se inspiraba para algunas de sus creaciones. Según la Prensa italiana, los responsables del Louvre no eran partidarios de hacer estos préstamos a Milán e incluso tuvo que presionar el Gobierno de François Hollande para que finalmente viajaran a Italia las citadas obras. También ha sido generosa con la exposición la Reina Isabel II, que ha cedido 30 dibujos de su colección realizados por Leonardo, así como varias instituciones culturales y eclesiásticas italianas, donde se custodia una parte significativa de sus creaciones.

En sus doce secciones, la muestra recorre la obra del genio renacentista de forma transversal, deteniéndose tanto en su faceta artística como en la de científico o inventor. También refleja su ambición por ir más allá, por conseguir proyectos utópicos con los que siempre soñó el hombre, como volar o caminar sobre las aguas. Hay incluso un apartado de la exposición dedicado precisamente a esta fascinante faceta de la mentalidad del artista. Aunque lo devuelve a Milán, la ciudad en la que trabajó en dos períodos diferentes, «Leonardo da Vinci, 1452-1519» recorre toda su carrera: desde su formación en Florencia hasta el periodo en Francia, pasando, por supuesto, por su estancia en la capital lombarda. Según los organizadores, el visitante percibe así «su vocación hacia la interdisciplinariedad y a la continua mezcla de intereses, a través del enfoque analógico, al estudio de fenómenos y a su representación gráfica, resumidos y culminados más tarde en sus pinturas».

Diálogo entre obras y épocas

La comisaria de la exposición, Maria Teresa Fiorio, destacó ayer durante la presentación de la muestra a la Prensa el «factor de originalidad» que significa el recorrido por todos los temas en los que Leonardo trabajó o por los que se interesó. «La exposición ha sido muy meditada y creo que puedo afirmar que cuenta con un aspecto de originalidad. Aunque se han hecho muchas muestras temáticas sobre el artista, en esta exposición hemos querido aunar múltiples temáticas que configuran la mentalidad de Leonardo», señaló Fiorio en declaraciones a la agencia Efe. Otras citas culturales dedicadas a este polifacético artista, destacó, sólo estaban dedicadas a alguno de sus aspectos artísticos o cronológicos.

El visitante que contemple las maravillas de «Leonardo da Vinci, 1452-1519» descubrirá un diálogo entre las obras de este artista y las de otros creadores de su época. Un ejemplo es la contraposición entre la «Virgen Dreyfus», custodiada habitualmente en la National Gallery of Art de Washington, y la «Virgen y el niño», del pintor renacentista italiano Lorenzo di Credi. Otra conversación interesante es la que mantiene la «Bella Ferroniere» con la «Dama del ramillete» de Verrocchio, destacado artista del «Quattrocento» italiano. La propuesta leonardesca del Palacio Real se detiene en su genio para proyectar y construir máquinas de guerra, un arte al que tuvo que dedicarse cuando le tocó ponerse al servicio del último Papa español, Alejandro VI, pues uno de sus hijos, César Borgia, guerreó en media península italiana para ampliar los dominios de los Estados Pontificios. Leonardo tuvo un gran maestro en la construcción de este tipo de máquinas, el arquitecto Filippo Brunelleschi, a quien frecuentó cuando éste construía la cúpula de la catedral de Santa María del Fiore, en Florencia, uno de los mayores logros arquitectónicos del Renacimiento. Lo que aprendió el artista de Vinci de las máquinas que Brunelleschi utilizaba para conseguir sacar las piedras de las canteras y levantarlas hasta su cúpula le sirvió para crear distintas máquinas para levantar cargas o facilitar asaltos durante enfrentamientos bélicos.

Como una muestra de la influencia que Leonardo ha ejercido durante siglos en distintas generaciones de artistas, la exposición ofrece en su parte final una sección dedicada precisamente al mito que sigue rodeando hoy a todo lo que tiene que ver con la obra y la vida de este genio del Renacimiento. Este apartado conclusivo de la muestra permite al visitante hacerse una idea de la inspiración que creadores contemporáneos como Andy Warhol o Marcel Duchamp han seguido hallando en él hasta nuestros días.

- Dónde: Palacio Real de Milán.

- Cuándo: hasta el 19 de julio.

- Cuánto: 12 euros.