David Trueba : «Lo viejo se rechaza estéticamente»

David Trueba regresa a la novela con «Blitz», una historia de amor intergeneracional

Trueba asegura que el papel de la ficción es «ayudarnos a meternos en la piel de otros»
Trueba asegura que el papel de la ficción es «ayudarnos a meternos en la piel de otros»

Todos cometemos errores, unos más que otros, pero no hay quien se escape. Lo importante, como se suele decir, es lo que hace uno después. David Trueba tenía 21 años y paseaba junto a una mujer que superaba los 60, una de esas amigas, consejeras, cómplices que uno admira y aprecia y siempre es una delicia hablar con ella. Durante el paseo, la mujer le cogió del brazo y apoyó en un gesto cariñoso su cabeza en su hombro, mientras hablaba de esto y aquello y más allá. Entonces, un coche apareció por la calle, en el que reconoció a un compañero de facultad. El joven David Trueba, sin poder controlarlo, se soltó de la mujer y se apartó a un lado. «Sí, sí, apártate, no vaya a ser que piense que estás liado con una vieja como yo», dijo la mujer. «Intenté negarlo, pero está claro por que hice aquello, me preocupó lo que los otros podrían pensar de mí. Desde ese día, ese insulto me ha perseguido. Al menos sirvió para que no lo volviese a repetir», comenta el escritor y cineasta.

Más de 20 años después, y con aquella pequeña anécdota en la cabeza, Trueba regresa a la novela con «Blitz», (Anagrama), una «tragicomedia romántica» en que explica la relación de un arquitecto paisajista de 30 años en horas bajas y una alemana que supera los 60. «Más que una historia de amor, es una historia de orfandad. El protagonista conoce a Helga en un momento de crisis absoluta en que ha perdido todas sus certezas. La relación con una persona mayor conseguirá quitarle prejuicios, sacarle de la zona de confort y devolverle un nuevo refugio donde volver a empezar», señala Trueba.

La historia funciona como una forma de ridiculizar la impostura de ningunear la vida pasado cierta edad. «El viejo está apartado de nuestra sociedad estéticamente. Nos obligan a pensar que la vejez violenta, no interesa y se ignora desde todas las fuentes, sobre todo la sexualidad», dice. Después de siete años alejado de la novela (la última fue «Saber perder»), Trueba regresa con una historia corta, que funciona como un rayo, en la que el escritor hace una reivindicación por la unión de contrarios. «Lo que más detesto son los departamentos estanco. Las personas han de mezclarse, en la vida, en la cama, en el trabajo... hay que intentar integrar todas las variantes que existen. En realidad, ese es el papel de la ficción, ayudarnos a meternos en la piel de otros», comenta el cineasta.

El paso del tiempo es otro de los motores de la narración, tanto en la estructura misma de la historia como en su contenido. «Observar tres minutos a ver cómo mi hijo se lava los dientes se hace insoportablemente largo. Imagina si nos dedicáramos a observar toda una vida. No creo en eso de la rapidez de la existencia. En realidad, una vida nunca es una historia coherentes, sino una serie de relámpagos sucesivos que se recuerdan. El problema es que no nos paramos a observar. Por ejemplo, parece que todos tengamos una opinión incluso antes de saber exactamente lo que ha pasado», señala

El último ejemplo de la crueldad del paso del tiempo se ha visto con las operaciones estéticas de Rene Zellweger y Uma Thurman: «No entiendo tanta crueldad. Los mismos que las empujan a realizar estos cambios extremos son los que luego cargan contra ellas por hacerlos. A partir de cierta edad, las actrices son como mujeres expulsadas del paraíso y viven con una enorme presión y a veces se equivocan», afirma Trueba, que asegura que no renuncia a la idea de adaptar sus novelas al cine: «Al principio me negaba para que se viera que era un escritor serio, pero ahora me lo estoy pensando», señala.

«Blitz»

David Trueba

Anagrama

168 páginas,

16,90 euros (e book, 10,99)