El fantasma de Molière

¿Por qué no se conservan obras autógrafas del escritor, uno de los nombres cimeros de la literatura? ¿Cómo murió realmente? El misterio sigue rodeando hoy al autor francés

¿Por qué no se conservan obras autógrafas del escritor, uno de los nombres cimeros de la literatura? ¿Cómo murió realmente? El misterio sigue rodeando hoy al autor francés

Pese a que Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), conocido literariamente como Molière, sigue siendo hoy uno de los autores franceses más celebres de la historia, no se conserva ni un solo papel manuscrito suyo, ya sea en forma de obra, carta o simple billete personal; únicamente se conocen dos autógrafos de su puño y letra datados en 1650 y 1656, respectivamente, junto a varias rúbricas suyas estampadas como padrino de bautismo y en algún que otro contrato sin valor. Eso es todo. ¿Acaso no constituye este hecho insólito un misterio en sí mismo, tratándose del hombre que ha pasado a la historia por ser el poeta y dramaturgo más representado de Francia con obras tan inmortales como «Tartufo» o «El enfermo imaginario»? ¿Tal vez se encargase una «mano negra» de borrar cualquier vestigio significativo de su paso por la vida, convirtiendo a este personaje en todo un enigma incluso para el agudo observador de hoy? Y si en verdad existió esa «mano negra», ¿qué asunto tan comprometedor se propuso ocultar a los ojos de la posteridad?

La desaparición de los papeles privados del poeta ha dado rienda suelta a la detectivesca imaginación de no pocos investigadores, como el novelista Pierre Louys, que en 1919 desafió a la opinión pública mundial con un escandaloso artículo publicado en la revista Comedia. ¿Qué «herejía literaria» proclamaba el autor de «Afrodita» sobre nuestro protagonista, que tanto revuelo armó en su día? Respaldado en un extenso dosier que jamás apareció, ni siquiera tras su muerte, Louys aseguraba que Molière jamás existió como tal Molière, sino que fue en realidad el también dramaturgo y poeta Pierre Corneille (1606-1684), miembro de la Academia francesa, quien redactó hasta la última coma de la magna obra de su celebérrimo compatriota. ¿Corneille en persona pudo ser entonces el «negro» de Molière?

Por si fuera poco, el erudito Henry Poulaille recogió luego esa misma teoría en sus dos controvertidos libros sobre Pierre Corneille: «Tartuffe ou la Comèdie de L’Hypocrite» (1951) y «Corneille sous la masque de Molière» (1957). Y no acabó ahí la cosa pues más recientemente, en 2004, el filólogo francés Denis Boissier rescató la acusación original de Pierre Louys en su libro «El caso Molière», según el cual el dramaturgo fue un claro impostor que pagó dinero a Cornielle para que le redactase en secreto todas y cada una de sus exitosas obras teatrales.

Parapetado en el análisis comparativo de más de trescientos textos y libros de ambos autores, Boissier llegó al pleno convencimiento del fraude histórico de Molière, quien no fue así, en su opinión, más que un falso engendro literario debido a la pluma escondida de Corneille.

Sin embargo, no existen pruebas fehacientes de semejante acusación. El profesor universitario Alain Niderst, experto también en Molière, ha sido incapaz de encontrarlas, desde luego; igual que otros prestigiosos sabuesos literarios.

Nadie puede negar, en cambio, que el hijo del tapicero del rey Luis XIV, es decir, el propio Molière, carente de tradición literaria, mal estudiante de Derecho y para colmo mediocre comediante dedicado a recorrer durante doce años enteros los pueblos más remotos de las provincias francesas con burdas representaciones, llegara a metamorfosearse de repente y con sólo 32 años en el mayor autor dramático de su época.

Demasiados enemigos

Pero el fantasma de Molière se extiende incluso hasta su propia muerte. Algunos contemporáneos suyos sostuvieron ya la posibilidad de que hubiese sido incluso envenenado. De hecho, nuestro protagonista tenía demasiados enemigos como para fallecer de modo tan súbito, escasas horas después de que en pleno estreno de «El enfermo imaginario» –paradojas de la Historia– se sintiese repentinamente indispuesto, cuando corría el 17 de febrero de 1673.

Otra teoría sostiene también de forma novelesca que Molière no murió aquella noche en su domicilio, sino que fue secuestrado en el mismo y encarcelado a continuación. Esta descabellada versión se sustenta en la participación del dramaturgo en el juego de intrigas que rodearon a Luis XIV, y en concreto al turbio entramado de los placeres regios. De esta forma, en el ataúd se introdujo en realidad un simple tronco de árbol, poniéndose así de manifiesto que el entierro del poeta no fue más que un simulacro. La teoría se apoyó, sobre todo, en las extrañas circunstancias del entierro de Molière y en el desconocimiento del lugar exacto donde lo sepultaron. Su presunta fosa fue hallada vacía en 1792 por los patriotas revolucionarios, que trataron de recuperar también los restos mortales del fabulista La Fontaine.

Molière seguirá siendo así para siempre un enigma, al menos de momento...

@JMZavalaOficial