Una de las adquisiciones más importantes en 50 años

Presentación de «La Virgen de la Granada» en el Prado
Presentación de «La Virgen de la Granada» en el Prado

El Museo del Prado presentó «La Virgen de la granada» y una tabla de la muerte de San Antonio Abad, ambas de Fra Angélico, sus últimas incorporaciones.

La historia también es desmemoria, olvido. En la omisión, intencionada o voluntaria, recae la sugestión que arrastra siempre lo que permanece desconocido, lo que ya nadie recuerda. De «La Virgen de la granada» se sabe quién es el autor que la compuso, pero no la identidad de quién mandó pintarla. Su nombre se ha perdido y se mueve alrededor de la obra como una sombra. El examen de la tabla, del oro y los ricos materiales que se usaron en la ejecución, permite deducir que fue un hombre con suficientes recursos para costear un encargo de esta naturaleza. Esta obra, que ayer presentó el Museo del Prado junto a la tabla con la imagen «Funeral de San Antonio Abad», está vinculada al paso de Fra Angélico por el monasterio de Santo Domenico en Fiesole, donde ingresó en un año sin especificar entre 1148 y 1422. El artista había comenzado como iluminador bajo el tutelaje de Lorenzo Monaco, pero en esta pieza incorporó ya algunas innovaciones destacadas, como fueron el volumen y la perspectiva que trajo Masaccio. «Es una de las obras más importantes que ha adquirido El Prado en las últimas cinco décadas», comentó ayer Miguel Falomir, director adjunto y de conservación del Museo del Prado. Durante la presentación, Miguel Zugaza, director de la pinacoteca madrileña, reconoció que estas obras son «un sueño» y José Pedro Pérez-Llorca, presidente del patronato de la institución, apuntó que se ha adquirido a «un precio de mecenas».

Los 18 millones de euros que se pagarán por ella a lo largo de los próximos cuatro años se han dividido en tres partes. La pinacoteca pagará cuatro, igual que la Fundación de Amigos del Museo del Prado, mientras el Estado respaldará esta compra con un crédito extraordinario de diez millones. «Lo más sobresaliente de esta obra es el trabajo tan delicado en el labrado del oro, en la delicadeza con la que se han tratado los adornos, toda la excepcionalidad, en general, que rodea el acabado de esta Virgen», comenta Rafael Alonso. Él fue la persona que se encargó de su conservación cuando esta pintura pertenecía a la Casa de Alba y asegura que «pocas obras del artista presentan tan buen estado como esta Madonna. Incluso está mejor que “La Anunciación”. Y hay que tener en cuenta que han transcurrido seiscientos años, que las tablas son muy sensibles a los movimientos. Todo esto la hace excepcional. Además, hay que tener en cuenta que, aunque tengas mucho dinero, no lo puedes comprar porque no salen al mercado esta clase de obras».

Un conjunto único

Con la incorporación a sus colecciones de este juego de tablas, el Museo del Prado, como recalcó Miguel Falomir durante el acto de ayer, se ha convertido en una referencia internacional para estudiar a Fra Angélico en la década de 1420, una de las más importantes de su trayectoria. «La Anunciación», «La Virgen de la granada» y «Funeral de San Antonio Abad», que ahora forman una indisociable tríada, fueron realizadas en este mismo periodo de años. Su presentación conjunta, aparte de fortalecer la pintura del Quattrocento del museo, permitirá examinar con atención el arte de este creador durante este periodo. La razón esencial de que estas obras salieran de Italia se debe a que, en 1817, cuando Carlos Miguel Fitz-James Stuart Silva, XIV duque de Alba, los compró en Florencia, los artistas anteriores a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Rafael no estaban suficientemente apreciados por la crítica y los coleccionistas. «La Anunciación», que llegó a España en 1611 como un regalo de Mario Farnese al duque de Lerma, se debió a la devoción a la Annunziata, vigente, en esa temporada, en Madrid.