El tanga de Eduardo Gómez

El actor español ha fallecido a los 68 años de edad tal y como ha confirmado Alberto Caballero, creador de ‘La que se ha vecina’

El actor ha fallecido a los 68 años de edad
El actor ha fallecido a los 68 años de edad

El actor español ha fallecido a los 68 años de edad tal y como ha confirmado Alberto Caballero, creador de ‘La que se ha vecina’

En las películas del cine español siempre ha habido una corte de actores que anulan al propio rey. Pepe Isbert, Gracita Morales, esos cómicos para los que se habían pensado papeles secundarios y se quedaron con el rol principal porque de alguna manera dentro de su surrealismo utópico nos representan más que el galán. Eduardo Gómez era de esa pasta. Feo y sentimental, como un viejo rockero de los que mueren con la guitarra al hombro.

Su cara era tan improbable que diríase que era un dibujo animado, y a la vez tan real, tan neorreal, que Passolini lo habría aceptado en un casting. Es el que sin saber por qué se queda con la chica. Al menos se hizo con el público. En “Aquí no hay quien viva” y cada vez que su rostro, que sabía que estaba hecho para hacer reír, cruzaba la pantalla. Eduardo Gómez era aún ese españolazo sinvergüenza y ácrata al que todo se le permite porque las reglas en el imperio de las comedias son muy diferentes a las de los días que pasan cotidianamente en los que no somos ni guapos ni feos. El actor chistoso es al cabo un filósofo que no se hace fotos con los dedos apoyados en la frente, una pose destinada a los académicos, periodistas y letraheridos. Eduardo Gómez se ponía un tanga de leopardo, un traje brillante de mafioso desgraciado y cumplía con su labor. Siguió a esa saga de actores que nos recuerda que de alguna manera vivimos en una viñeta de “Mortadelo y Filemón”.